Kobe Bryant, la leyenda

Perfil de una de las grandes estrellas del deporte mundial en todos los tiempos. Murió este domingo, a los 41 años. Su hija, Gianna, y siete personas más también fallecieron en un accidente aéreo cerca a Los Ángeles.

Kobe Bryant es una leyenda de la NBA y de los Lakers de Los Ángeles.
Kobe Bryant es una leyenda de la NBA y de los Lakers de Los Ángeles.AFP

Magic Johnson y Michael Jordan eran los ídolos de Kobe Bryant, quien de niño nunca imaginó que se uniría a ellos como una leyenda del deporte. Pero en 20 temporadas con los Lakers de Los Ángeles se ganó un sitio entre los grandes. Ganó cinco títulos de la NBA y dos medallas de oro olímpicas con la selección de Estados Unidos, los éxitos que más lo enorgullecían, porque eran colectivos. Sin embargo, individualmente lo ganó todo.

El legado de Kobe va más allá de títulos, las 18 veces que fue elegido para el Juego de las Estrellas, sus premios como Jugador Más Valioso, sus 30 récords y otras marcas que lo ubican en un escalón habitado solo por las leyendas del baloncesto. Dejó huella por sus jugadas increíbles y esa sangre fría a la hora de definir un partido con un tiro ganador, pero sobre todo por su disciplina, dedicación, competitividad y su obsesión por ganar.

Tanto, que incluso después de su retiro, en 2016, ganó un premio Óscar al Mejor corto de animación, Dear Basketball, un cortometraje de agradecimiento al deporte que lo convirtió en un ícono. Lo que nadie esperaba es que la muerte lo sorprendiera tan pronto. Con 41 años, apenas comenzaba a disfrutar de lo que sembró durante su carrera. Más trágico aún es que entre las víctimas está una de sus cuatro hijas, Gianna, con la que más compartía y mejor se llevaba.

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Para Bryant ganar era una obsesión que sus compañeros de equipo, sus entrenadores y el público no siempre entendieron. Fue una megaestrella del deporte mundial. Sin embargo, de niño, se creía “la vergüenza de su familia”. Como muchos “hijos de”, sufrió la comparación con su padre, Joe Bryant, quien jugó ocho temporadas en la NBA entre 1975 y 1983, antes de ganarse la vida en el campeonato italiano. Cuenta la leyenda que le puso a su hijo Kobe porque le pareció que sonaba curioso cuando un mesero de un restaurante japonés le leyó el menú.

Como pasó ocho años en Italia, Bryant júnior se enamoró perdidamente del fútbol, aprendió italiano y adquirió bases técnicas y fundamentos tácticos del balompié que eran poco comunes en la NBA. A su regreso a Estados Unidos, en 1992, el flaco adolescente, vestido con la camiseta de su ídolo Magic Johnson, luchó por jugar incluso unos minutos por partido en el equipo del colegio de Lower Merion, en Filadelfia.

Después de cuatro años de arduo trabajo era la estrella de su escuela secundaria. En lugar de unirse a una de las prestigiosas universidades que lo cortejaban, saltó directamente a la NBA: en el Draft de 1996, a los 17 años, fue elegido en el puesto 13 por Charlotte, que lo vendió inmediatamente a los Lakers.

Adicto al trabajo

De niño, Kobe idolatraba a Magic Johnson, la gran estrella de Los Ángeles, pero llegó a la NBA cuando estaba contagiada por la Jordanmanía. Y muy pronto adoptó sus expresiones faciales y muchas características de su juego. “Su obsesión con Michael era obvia”, dijo Phil Jackson, el entrenador que ganó seis títulos de la NBA con Jordan en Chicago y luego cinco con Bryant a la cabeza de los Lakers.

Mientras Jordan vivió los últimos años de su reinado, Bryant comenzó a hacerse un nombre y se presentó, por su estilo espectacular, su aplomo, incluso su insolencia, como su sucesor natural. Jackson organizó en 1999 una reunión entre los dos jugadores con la esperanza de que Bryant, quien a veces era incontrolable, se inspirara en la sabiduría y el altruismo de Jordan. “Pero lo primero que le dijo fue: ‘Si hacemos un uno contra uno, te pateo el trasero’”, recordó Jackson en su autobiografía.

La era de Kobe Bryant comenzó: asociado con Shaquille O’Neal, dominaron la NBA durante tres temporadas consecutivas, de 2000 a 2002. Bryant era un adicto al trabajo inigualable: largas sesiones de tiro hasta altas horas de la noche después del entrenamiento oficial, análisis de los apuntes de los entrenadores estadounidenses y europeos, y largas sesiones de preparación física eran su rutina. Ganar era su obsesión, lo que le valió peleas con ciertos compañeros de equipo, incluido O’Neal, quien optó por irse a Miami en 2004.

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Conocido como la Mamba Negra, en 2003 Kobe vivió el período más oscuro de su carrera, lo que empañaría su imagen para siempre: una empleada de un lujoso complejo hotelero de Edwards (Colorado), donde se alojaba para recuperarse después de una artroscopia de rodilla, lo acusó de violación. Ante los tribunales, admitió haber tenido relaciones sexuales con la joven de 19 años que, según él, le había dado su consentimiento. El juicio finalmente se canceló después de la negativa de la presunta víctima a testificar y con quien llegó a un acuerdo extrajudicial.

Se convirtió en el jugador de baloncesto más conocido y mejor pagado del planeta. Pero desde 2010 comenzó a cederle su trono a LeBron James. El final de su reinado fue doloroso, con repetidas lesiones graves y los Lakers en rachas negativas. Poco a poco sus estadísticas personales también comenzaron a rozar con las de otros jugadores, y eso lo preocupó. Hasta que anunció su retiro y fue despedido con honores en todos los coliseos de la NBA. Entonces ideó “Querido baloncesto”, un poema visual sobre su vida y su amor al deporte que hoy lo llora. “Te di todo porque es lo que hacemos cuando algo te hace sentir tan vivo”, decía. Ahora la fiesta del baloncesto tiene que seguir en honor a él.

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Redacción deportes

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