Manu Ginóbili y el adiós de un grande

El mejor basquetbolista latinoamericano de todos los tiempos anunció su retiro después de 23 años de carrera, 16 de ellos con los Spurs de San Antonio. Ganó el oro olímpico y cuatro títulos de la NBA.

El argentino también jugó tres años en la liga de su país y cuatro en Italia. / AFP

Nadie en Argentina ni en San Antonio quería que se acabara. De hecho, los aficionados presionaron para prolongar el idilio y mantener viva la ilusión de lo que fue y de lo que querían que siguiera siendo. Pero luego de varias temporadas de dar el sí, para alegría de los demás, el 2018 fue el año del no, de decir adiós antes de que el baloncesto lo hiciera con él. Emanuel Ginóbili anunció ayer su retiro tras 16 años en la NBA, luego de convertirse en un ícono de los Spurs, después de consagrarse en los Estados Unidos y de lograr lo que parecía imposible con su país: el oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Con 41 años y un liderazgo intacto, el argentino, el mismo que aprendió a driblar a los dos años cuando su padre lo hacía moverse entre las sillas del comedor, da un paso al costado con un recorrido envidiable: cuatro títulos en la liga más importante del mundo y el referente de una generación de argentinos que puede que no vuelva a aparecer nunca más.

No hubo apuro para comunicar su decisión. Incluso la dialogó con Gregg Popovich, el hombre que hizo las veces de padre, con el que planeó cientos de partidos, el que le enseñó a entender el juego de otra manera, como una cuestión de lealtad y respeto. Y eso es lo que él mismo trató de transmitir durante su exitosa carrera en una de las franquicias más exitosas de Texas. Aunque no era el más alto, sí fue el más ágil y demostró que no todo en el baloncesto era lujo, que también había espacio para la regularidad, para la marca férrea, para correr más y ser más que los que tenían mejores condiciones. Y así se fue formando, así fue creciendo, al punto de ser infalible desde el perímetro, de atacar el aro así tuviera dos torres por delante y de volcar la pelota por encima de jugadores hasta diez centímetros más altos que él. No en vano leyendas como Magic Johnson y Larry Bird pidieron en repetidas ocasiones que fuera incluido en el Salón de la Fama del Baloncesto, o que estrellas actuales como LeBron James, Stephen Curry y Kevin Durant siempre destacaran su entrega en la cancha y su capacidad de conocer el juego y las dinámicas, hasta de hacer daño sin necesidad de tener el balón de sus manos.

El placer de seguir viendo jugadores veteranos en los Playoffs de la NBA poco a poco se va terminando, sobre todo de uno, como Ginóbili, que siempre fue tan contemporáneo en su forma de jugar, mutando, adaptándose a los momentos. “Tipos con la inteligencia de él en el maderamen, pocos, contados con los dedos de las manos. Y como Manu nadie”, dijo Popovich, conmovido hace algunos días cuando le preguntaron por algo que ya se veía venir, por la sensación de que su poderoso equipo, los imbatibles Spurs, se van quedando sin sus referentes. Ahora, con el retiro de Ginóbili, los argentinos, los latinoamericanos y todos los aficionados a este deporte deberán vivir pendientes y rememorando las hazañas pasadas, las que fueron famosas gracias al nacido en Bahía Blanca.