Bruce Bochy, a un paso de la inmortalidad

El mánager de los Gigantes de San Francisco, está a un anillo de convertirse en el décimo técnico en la historia de las Grandes Ligas con tres victorias en una Serie Mundial.

Bruce Bochy, mánager de los Gigantes de San Francisco. / AFP

El éxito de los Gigantes sin duda comienza por sus jugadores: Pablo Sandoval, Buster Posey y Madison Bumgarner han sido los pilares para que la novena haya pasado del amargo sabor de 56 años sin salir por la puerta grande de una Serie Mundial a ser uno de los equipos más difíciles de vencer en postemporada. Pero una parte del crédito de ese paso firme en octubre se debe al hombre que en los últimos ocho años se ha encargado de manejar el equipo, Bruce Bochy.

Aunque su carrera como beisbolista profesional no fue numéricamente brillante, estuvo detrás del plato en el juego histórico en el que Pete Rose conectó su imparable 4.192. En su paso por las mayores se estableció como un receptor relevista y tuvo la oportunidad de jugar un partido con los Padres de San Diego en la Serie Mundial de 1985, cuando los Tigres de Detroit ganaron el anillo del Clásico de Otoño. En nueve años conectó 26 cuadrangulares e impulsó 93 carreras en 358 partidos. El 4 de octubre de 1987, con 32 años, jugó su último partido en la gran carpa.

Joven y sin experiencia como mánager en las mayores, en 1995 tomó las riendas de los Padres, novena que sumaba una década sin llegar a postemporada. Aunque no contó con grandes jugadores, en su segundo año al frente del equipo lo regresó a la “tierra prometida”, guiándolo a ganar más de 90 partidos por segunda vez en la historia de la franquicia. Aunque perdieron en la Serie Divisional, fue el comienzo para armar el equipo, que tuvo como base a Tony Gwynn y Trevor Hoffman, para llegar a la Serie Mundial de 1998, donde se encontraron con los Yanquis de Nueva York de David Cone, Derek Jeter, Bernie Williams y compañía, que los barrió en cuatro juegos.

Cinco temporadas grises precedieron la derrota en el Clásico de Otoño. El gran emblema de la franquicia, Tony Gwynn, se retiró y las victorias no volvieron a sobrepasar las 80. Inclusive llegaron a terminar a 36 partidos de la punta en 2003, pero un año más tarde la combinación ofensiva Mark Loretta (que superó por primera vez los 200 imparables), Brian Giles y Phil Nevin, combinada con su cuerpo de lanzadores liderado por Jake Peavy y Trevor Hoffman, fue fundamental para que Bochy lograra armar un equipo que en 2005 y 2006 dominó el Oeste de la Liga Nacional y volvió a postemporada.

Pero sus fracasos en tierra prometida se mantuvieron. “Uno siempre aprende de sus experiencias del pasado, ya sea durante la temporada o la postemporada. La única cosa que aprendí es que la postemporada es algo distinto. No es la temporada regular”, dijo Bochy. “No hay margen de error. Si pierdes un juego en mayo, te quedan más de 100 juegos para revertir”.

Cambio de aire en la División

No obstante, esos años con San Diego lo convirtieron en un mánager estratégico y con visión. “Los Padres estuvieron bien preparados y afrontaron cada juego de la manera correcta. Es el hombre indicado para labrar el futuro de los Gigantes”, fueron las palabras del gerente general, Brian Sabean, el 27 de octubre de 2006, cuando San Francisco contrató al nacido en Landes de Bussac, Francia.

Su llegada se dio en la decadencia de muchos de los jugadores del equipo que disputó la Serie Mundial de 2002. Barry Bonds y Rich Aurilia, pilares de esa novena, ya habían pasado sus mejores años y fue algo que se vio reflejado en su primera temporada en San Francisco. Aunque en el segundo año no cambiaron mucho los números, en 2009, con la llegada de Édgar Rentería y el voto de confianza a Pablo Sandoval, obtuvo su primera campaña ganadora (88-74).

Ese fue el año en el que Bochy encontró la base del que sería el equipo campeón de 2010. Una de las claves fue el manejo que le dio al bullpen, que mejoró notablemente, tanto así que pasó de ser el tercero peor en la Liga Nacional en efectividad en 2008 (4.45) al segundo mejor en 2009 (3.49).

Un año después, en su primera clasificación a postemporada con los Gigantes, demostró la notable manera de dirigir a sus relevistas: en el juego uno de la serie por el Campeonato contra Filadelfia le dio un salvamento de cuatro outs a su cerrador, Brian Wilson. Mientras que en el decisivo juego seis de la serie, utilizó el bullpen desde la tercera entrada para terminar ganando el encuentro y clasificar a la Serie Mundial.

En 2012 mantuvo esas decisiones, que lo llevaron a salir nuevamente por la puerta grande: en los juegos tres y cinco de la Serie Divisional contra Cincinnati, a un partido de quedar eliminado, sus abridores no pasaron de la sexta entrada, pero los relevistas respondieron y sellaron las victorias que les daría la clasificación al campeonato por la liga, donde nuevamente en el juego siete rompería los esquemas para coronarse en el viejo circuito.

A ello se suma la confianza que el mánager tiene en los jugadores jóvenes. Lo demostró con Brandon Belt, que en sus dos temporadas en Ligas Menores impuso números sorprendentes: un promedio al bate por encima de .330, con 29 cuadrangulares y 142 carreras impulsadas, pero quien desde su llegada a la gran carpa en una temporada no ha podido batear más de .290, más de 20 jonrones y más de 100 carreras impulsadas. No obstante, es el primera base titular de la novena. Brandon Crawford, Pablo Sandoval, Buster Posey y Madison Bumgarner también son peloteros que salieron de las filiales de San Francisco y se convirtieron en pilares de la institución. Para esta temporada, su nuevo descubrimiento fue el segunda base, Joe Panik.

Esas decisiones y los aciertos tienen a Bochy ad portas de convertirse en el décimo mánager con tres anillos de Serie Mundial. Todos los entrenadores en ese grupo tienen una placa en el Salón de la Fama, un club al que recientemente fueron incorporados Tony La Russa y Joe Torre, así como los legendarios Casey Stengel y Connie Mack. El francés de 59 años no obstante da todo el crédito a sus dirigidos: “No es que esté fingiendo ser humilde. Tengo la suerte de dirigir a un gran equipo, un equipo con garra y que tiene la personalidad para ganar”.

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2014-10-26T08:27:53-05:00

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Jesús Miguel de la Hoz

Béisbol

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