¡A 'cero' el error humano!

Los acelerados cambios a través de la tecnología, van a arrinconar al béisbol a que "todo sea perfecto"’. Pero desaparecerá, en detrimento de la afición, el verdadero sabor de la pelota caliente’.

Rick Renteria, manager de los Medias Blancas de Chicago, discute con el umpire Gerry Davis, en el duelo ante los Blue Jays de Toronto.
Rick Renteria, manager de los Medias Blancas de Chicago, discute con el umpire Gerry Davis, en el duelo ante los Blue Jays de Toronto.AFP

Mientras avanza la temporada del béisbol de las Grandes Ligas, que ya llegó a sus primeros 40 desafíos para todas las novenas en competencia, es decir, a la cuarta parte del calendario, se está pensando seria y casi que inmediatamente, que el 'Rey de los Deportes' sea objeto de la utilización de formatos tecnológicos, para que los "errores humanos" no se presenten en los juegos del mejor béisbol del mundo.

Cierto es que la tecnología, hoy día, es un buen punto de apoyo para muchas cosas en el deporte, pero en el caso del béisbol, si bien es cierto que está presente en las decisiones de si un batazo salió de jonrón o no; si el árbitro se equivocó en una jugada sobre la almohadilla; si la pelota golpeó o tropezó en alguna parte al bateador de turno; también es cierto que, sin olvidar las cosas esenciales del béisbol, las pataletas o discusiones que arman los estrategas de las novenas, cuando consideran que el árbitro principal se ha equivocado, hacen parte del espectáculo, de eso que muchos llaman ‘’la esencia del béisbol’’.

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Quienes hemos estado en la cobertura de este deporte desde hace más de medio siglo, podemos decir que los aficionados gozaban hasta más no poder, por la forma en que Billy Martin, el inolvidable jugador y después estratega de los Yanquis de Nueva York, ofrecía su 'espectáculo' frente a una decisión del árbitro principal, que deleitaba a los asistentes al Yankee Stadium.

Ni qué decir, en los últimos años, de las reclamaciones airadas que armaba Lou Piniella, con el uniforme de las novenas que dirigió; ó los berrinches del inmortal Bobby Cox, con el bombacho de los Bravos de Atlanta. Eso, sin duda alguna, hace parte del tradicional espectáculo del béisbol: la controversia, la discusión, el dime y direte, al rededor de una decisión arbitral.

Lo que viene

Dentro del modernismo y la tecnología, que nos acosa día a día, el béisbol parece que no va a escaparse de tener que enfrentar la era computarizada, inclusive, para el conteo de las bolas buenas y malas, que decide o decreta el árbitro principal.

La cajita mágica está camino en convertirse en el arma decisiva para evitar que los árbitros se equivoquen en el conteo de los lanzamientos, porque su implementación, dicen los que saben, será de gran ayuda en esta era moderna, evitando las controversias y ‘’eventualmente’’ la demora con algunos minutos adicionales los juegos.

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Eso ya está en práctica en la Liga del Atlántico, que es, en cierta manera, el laboratorio experimental de las propuestas que se analizan antes de llegar a la Gran Carpa. El árbitro recibirá por audio, en vivo y en directo, como suele decirse tan a menudo, la indicación de si el lanzamiento fue bueno o malo, de tal manera que los dirigentes en el terreno, no tendrán opción de controvertir o discutir las decisiones del principal.

Los timoneles de los clubes no podrán retar el conteo de bolas buenas o malas, como ocurre ahora, cuando consideran que el árbitro se equivocó en una jugada en cualquiera de las almohadillas, incluyendo el pentágono, en donde se decide finalmente si una carrera es anotada válidamente o no. Las decisiones para el conteo de los lanzamientos será 'decidido' de manera computarizada, tecnológica e inmediata, sin temor a error, y transmitida al árbitro automáticamente. En otras palabras, no ‘’habrá’’ error humano posible en el conteo de los lanzamientos, apenas ingrese esa parte de la tecnología a la Gran Carpa.

Eso es bueno desde el punto estrictamente deportivo, pero no desde en ángulo de los aficionados, que con éxtasis viven y controvierten sí el árbitro se equivocó o no en una apreciación en el conteo de los lanzamientos buenos o malos, como sucede hoy día.

"Tatequieto" a las tácticas

Pero como si fuese poco de lo ya comentado, también está en estudio, como conejillo de indias, en la Liga del Atlántico para más tarde intentar entronizarlo en las Grandes Ligas, la posibilidad de que se aplique un 'tatequieto' a las innovaciones tácticas, en consideración a las estrategias que se vienen poniendo en práctica sobre los diamantes, cuando un determinado bateador, luego del estudio igualmente tecnológico, indica que, siendo zurdo, un alto porcentaje de sus batazos, son conectados hacia la zona derecha del campo de juego.

Hoy día, ese porcentaje es debidamente estudiado y planeado estratégicamente por los conductores de los equipos. Por lo regular, el segunda base va hacia la parte intermedia entre la primera base, el bosque derecho y la segunda almohadilla, mientras que el torpedero de la novena, cubre el segundo cojín, y el antesalista, deja desprotegida la esquina caliente para tomar la posición del campocorto.

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Pues bien. De acuerdo con la fórmula que está a prueba, de aprobarse, no se podrá aplicar dicha estrategia, porque el torpedero no podrá superar la línea de la segunda almohadilla, so pena que el bateador de turno le sea otorgado un lanzamiento a su favor o bola mala.

Y cuando sea al contrario, es decir, cuando el bateador sea derecho y estratégicamente la novena acomode a sus peloteros del campo interior todos cargados hacia la izquierda, dada su trayectoria ofensiva sobre la zona, el segunda base no podrá superar la línea del cojín, aplicándose la sanción ya comentada.

En otras palabras, la ocupación del campo interior del diamante de juego, debe estar ejercida por dos peloteros a cada lado del segundo cojín, para evitar lo que se hace hoy día, como lo es, colocar a un guardabases en procura de detener un batazo que, por lo regular, dicen la estadísticas, debe hacer su curso por ese sector del diamante por la forma en que habitualmente lo hace el bateador de turno en cada oportunidad en que choca la pelota.

Y entonces, nos preguntamos nosotros, ¿Esa norma no limita o coarta las estrategias del juego? ¿No hay evidencia de que el riesgo para el equipo que está en el campo hace parte del juego? ¿No es demeritar, de primera mano, la capacidad del bateador para descargar el batazo sobre el espacio del campo que queda descubierto, cómo tantas veces se ha visto en los últimos años en los partidos de las Grandes Ligas?¿No es válido que tanto el lanzador como el bateador de turno, enfrenten el desafío para que de una u otra manera, ambos peloteros demuestren sus calidades, cualidades y habilidades dentro del campo de juego?

Hay tantas cosas en juego en esa parte de la estrategia en un partido, que por lo regular resulta lo que nadie espera, bien sea porque el batazo sale hacia una posición totalmente contraria, bien porque el lanzamiento le facilita al bateador dirigirla hacia una parte del campo en donde nadie está ubicado para capturarla.

Y dos más

Pero además de la parte tecnológica o modernismo, como llaman ahora, hay dos cosas más que están a prueba en la Liga del Atlántico.

Una de ellas, es la ampliación del tamaño de las almohadillas de primera, segunda y tercera bases, de 15 pulgadas como lo son actualmente, a 18 pulgadas como se proyectan, en donde los beneficiados, sin duda alguna, serán los veloces corredores que tendrán más centímetros a su favor, para estafarse las bases.

Para efectos del juego, eso nos parece a nosotros innovador, y a lo mejor, eso permitirá que la jugada del robo de base se incremente, pues, ciertamente, está de capa caída esa acción desde hace algunos años.

Y la otra, y no menos importante, es alejar un poco más el montículo del pentágono. Hoy día está a 60 pies y media pulgada, y lo que está a prueba, es llevar la distancia a 62 pies y media pulgada. La norma en la actual distancia de la tabla de los lanzamientos hasta el pentágono tiene más de un siglo de vigencia.

De aprobarse, necesariamente hay que concluir que la ventaja será para los bateadores frente a los lanzadores, puesto que tendrán una mínima distancia a su favor y fracciones de milésimas de segundos adicionales para chocar con su bate el lanzamiento. Y es posible, desde luego, que con ese cambio en la distancia entre la lomita de los sustos y el plato, se disminuya el número de abanicados por juego.  

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Tanta tecnología y tanto modernismo, pueden ser bien vista por quienes consideran que el béisbol no se debe quedar atrás en materia de innovación; pero para quienes consideramos que el juego necesita su sabor, su esencia, su modo de ser percibido por los aficionados, que hace parte del propio espectáculo, no nos parece que sea lo más aconsejable para el desarrollo de los desafíos en las Grandes Ligas.

Desde luego, no desechemos por anticipado si esos cambios serán  buenos o malos para el béisbol, o qué percepción habrá entre los cientos de miles de aficionados que año tras año, llenan los parques de pelota de la Gran Carpa, porque la prudencia, en este caso, es de suma importancia.

¡Amanecerá y veremos!

 

  

 

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Antonio Andraus Burgos / Especial para El Espectador

Béisbol

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