¡Cuando los títulos adquieren nombres propios!

Rob Manfred, el Comisionado del Béisbol de las Grandes Ligas, decidió ‘’bautizar’’ los nuevos títulos de bateo tanto de la Liga Nacional como de la Liga Americana. Justa y acertada decisión en nombre de los inmortales Tony Gwynn y Rod Carew.

Premios de bateo en las Grandes Ligas. Foto: AFP

Tony Gwynn y Rod Carew representan, indiscutiblemente, esa imagen de grandeza que pocos peloteros en las Grandes Ligas han conseguido en más de un siglo del juego.

Por muchas y por sobradas razones, el Comisionado del Béisbol Organizado, Rob Manfred, acaba de decidir que de ahora en adelante, los títulos de bateo tanto de la Liga Nacional como de la Liga Americana, serán otorgados con los nombres de Tony Gwynn, el del Viejo Circuito, y de Rod Carew, el de la joven liga, respectivamente.

Y no se ha equivocado para nada. Acertó con 10 puntos y con solo un lanzamiento de más de 100 millas por hora. Hizo de la decisión, la ceremonia del ‘’bautismo’’ en esa pila no de agua sino de emociones y sensaciones, para que el béisbol le diera reconocimiento a dos extraordinarios peloteros que con el uso de bate despedazaron los cientos de lanzamientos que le hicieron en sus inolvidables carreras en la Gran Carpa.

Entre Tony Gwynn y Rod Carew, en 4.909 partidos en donde intervinieron, con 18.603 turnos oficiales al bate, despacharon 6.194 imparables, superando el promedio ofensivo de por vida de ambos por encima de los 300 puntos,  acumulando entre los dos 15 títulos de bateo. ¡Mejor para donde!

El Señor Padre

Tony Gwynn fue y sigue siendo uno de los legendarios peloteros de todos los tiempos en la divisa de los Padres de San Diego, hasta el punto de haber adquirido por méritos propios, el reconocimiento de la afición, de la prensa, de la radio y de la televisión, y del propio mundo beisbolero, el indiscutido titulo del Señor Padre, cuya grandeza sobre los diamantes ciertamente no lo reflejan sólo sus numeritos sino su don de gentes, de ser humano y de talento que derrochó a diario en todos los parques de pelota.

Nunca quizo irse de la organización de los Padres, cuando le llovieron ofertas cuantiosas en dinero. Prefirió ganarse unos cuantos miles de dólares menos antes que cambiar de uniforme y quedarse con la novena que lo vio crecer, lo forjó desde las menores, y en cuyo territorio estatal nació y murió.

Las 20 temporadas en las Grandes Ligas le valieron a Gwynn, el respeto y la admiración de propios y extraños, pese a que nunca exhibió una figura atlética, cuyo volumen de cintura no se lo permitía, pero que se hacía respetar con el uso del madero, cada vez que consumía un turno al bate. Bien lo decían los lanzadores rivales: ‘’Es que uno no sabe que lanzarle para poderlo dominar’’.

El 6 de agosto de 1993, Tony Gwynn conectó su imparable número 2.000 en la Gran Carpa. Y por esas coincidencias de la vida, el 6 de agosto de 1999, es decir, seis años exactamente más tarde, despachó el número 3.000, para inscribir su nombre entre los más grandes de todos los tiempos, como un señor bateador.

Algunas señales

En sus dos décadas dentro del béisbol, Gwynn evidencia una estela inmensa de grandeza, de amor por el juego, de respeto a la afición y a sus compañeros de equipo, y con los más jóvenes, con quienes se deleitaba todos los días enseñándoles los secretos más recónditos del juego.

El patrullero del bosque derecho de los Padres, señaló 300 o más puntos a la ofensiva en 19 campañas, es decir, que en solo una de las 20 en donde actuó no alcanzó el promedio, con lo cual deja establecida su imagen y semejanza dentro de los estadios de béisbol.

Participó en 15 Juegos de Estrellas, conquistó 5 guantes de oro y 7 bates de plata, y se acreditó nada más y nada menos que 8 títulos de bateo de la Liga Nacional, habiendo debutado el 19 de julio de 1982, habiendo participado por ultima vez con el uniforme de los Padres, el 7 de octubre de 2001.

El número 19 de su uniforme, el que siempre usó, fue retirado en un acto especial en la temporada del 2002, y en enero del 2007 fue exaltado al Salón de la Fama, un nicho que de sobra tenía adquirido al momento de abandonar la Gran Carpa.

Había nacido el 9 de mayo de 1960, en un suburbio de Los Ángeles y falleció el 16 de junio de 2014, en la localidad de Pomay, ambas ciudades del estado de California.

Sus numeritos

Para los amantes de las estadísticas, las de Tony Gwynn merecen ocupar un espacio especial en los anaqueles de la historia.

Este zurdo, con sus 225 libras de peso en promedio y 1.80 metros de estatura, repartió batazos a terrenos de nadie frente a serpentineros zurdos o derechos, sin respetar que fuera una recta, una curva, un cambio de velocidad, en fin…

En 2.440 partidos en donde participó, consumió 9.288 turnos al bate, con 3.141 imparables conectados —incluyendo 543 dobletes, 85 triples y 135 cuadrangulares—, para promedio de por vida de 338.

Remolcó 1.138 carreras y anotó 1.383. Negoció 790 bases por bolas, 203 de ellas, intencionales; se fue abanicando la brisa en apenas 434 ocasiones y estafó 319 bases.

A la defensiva, como jardinero derecho de los Padres, tuvo 4.738 lances, con 4.516 outs efectuados, 160 asistencias y la bajísima cifra de 62 errores, para promedio de 987 de por vida.

El Señor del Canal

Todos lo recuerdan con cariño, con respeto pero con mucha nostalgia. De él, se puede decir, sin temor a equivocación alguna, que es un Señor del Béisbol. Aún más, que es el Señor del Canal.

Rod Carew, el pelotero panameño que nació en la locomotora 902, cuando su madre iba camino de la Zonal del Canal a Ciudad de Panamá a parirlo, ese 1o. de octubre de 1945, sabía desde niño que su pasión por el juego del béisbol lo perseguiría para siempre.

Se acostumbró a batear desde cuando tuvo uso de razón, haciéndolo con palos de escoba para hacerle frente a los lanzamientos que le hacían con pelotas de golf, que abundaban en Gatún, la Zona del Canal de Panamá, en donde creció con los niños de su época.

A los 15 años, emigró con su familia a Nueva York, vinculándose a las novenas que surgían en el tradicional barrio del Bronx, y aun cuando quiso jugar con los Yanquis de Nueva York, tres años más tarde fue firmado por un ‘’cazatalentos’’ de los Mellizos de Minnesota, club con el que debutó el 11 de abril de 1967, en las Grandes Ligas.

Para no olvidar

Ganador del título de Novato del Año de la Liga Americana en 1967, 10 años más tarde, en 1977, conquistó la corona de Jugador Más Valioso del circuito, cuando bateó para 388 —239 inatrapables en 616 turnos al bate, incluyendo 38 dobletes, 16 triples y 14 ‘’bambinazos’’—, con 100 carreras impulsadas y 128 anotadas.

Los 239 imparables de Carew en 1977, fue su máximo registro en incogibles despachados, para compilar promedio de 388 puntos a la ofensiva, también lo más alto en ese departamento en su brillante carrera; pero en otras tres ocasiones, superó el registro de 200 o más indiscutibles, y en 15 campañas en la Gran Carpa, Rod contabilizó los 300 o más puntos a la ofensiva.

De 1967 a 1979, Carew defendió el uniforme de los Mellizos, mas en 1980 pasó a los Angelinos de California, en donde estuvo hasta el final de su carrera, en 1985, cuya transacción ese año pudo haberlo llevado a la organización los Yanquis, pero finalmente no se concretaron las negociaciones.

El Señor del Canal como bien lo identifican quienes conocen su procedencia panameña, cuya nacionalidad siempre ha puesto de presente, tiene un registro difícilmente de superar: en 17 ocasiones estafó el plato en vertiginosas y relampagueantes carreras que sorprendían a todo el mundo, 7 de las cuales logró concretar en la campaña de 1969. ¡Qué marca, caballeros!

Bateaba a la zurda pero defendía a la derecha, Carew fue con su manilla y su buena defensa, excelente primera base y gran jugador del segundo cojín, participando en 18 Juegos de Estrellas de la Liga Americana, coleccionando, además, 7 títulos de bateo del Joven Circuito, un registro que lo superan muy contados peloteros que han pasado por la Gran Carpa.

Fue exaltado al Salón de la Fama en 1991, y su número 29 en el uniforme, el que utilizó en sus 19 temporadas en las Grandes Ligas, fue retirado en 1987 por los Mellizos de Minnesota y en 1991 por los Angelinos de California.

Caballero a carta cabal dentro y fuera de los diamantes, Rod Carew sigue dentro del béisbol, ejercitando tareas como instructor en la escuela de su propio nombre, en campos californianos, y su acostumbrada sonrisa, sigue siendo parte de su identidad personal y deportiva.

Su compilación

Rod Carew en su paso por el Béisbol Organizado dejó para la historia, estos numeritos, que son sencillamente impresionantes.

Participó con los Mellizos y los Angelinos en 2.469 partidos de béisbol, consumiendo 9.315 turnos al bate, conectando 3.053 inatajables —incluidos 445 dobletes, 112 triples y 92 tablazos de circuito completo—, para promedio ofensivo de por vida de 328.

Impulsó 1.015 carreras; anotó en 1.424 ocasiones; fue caminando a la primera base en 1.018 veces, 144 de las cuales, fue de manera intencional; abanicó la brisa en 1.028 oportunidades y se estafó 353 bases en su prolongada permanencia en las Grandes Ligas.

A la defensiva, jugando en primera y segunda base con sus equipos —1.184 en el primer cojín y 1.130 en la intermedia—, Carew tuvo 11.810 lances, con de 10.930 outs fabricados, 774 asistencias y la raquítica cifra de 106 errores, para promedio de por vida de 991.

Tony Gwynn y Rod Carew representan para el mejor béisbol del mundo, marcas indiscutibles, pero por encima de todos esos numeritos, la calidad humana, profesional, el talento y el carisma que despertaron durante su permanencia en las Grandes Ligas dejaron la aureola de grandeza de muy pocos.

Por todo lo que hicieron, ahora los títulos de bateo del Béisbol Organizado tienen nombres propios: Tony Gwynn, el de la Liga Nacional, y Rod Carew, el de la Liga Americana.

Dos tributos de admiración más que merecidos que perdurarán en el tiempo y en espacio para dos inolvidables figuras del juego.

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