El bateador designado toca las puertas de la Nacional

Después de 40 años de estar vigente la norma en la Liga Americana, todo parece indicar que el Viejo Circuito está a punto de ingresar al mismo sistema.

Chicago White Sox. /AFP
Chicago White Sox. /AFP

¿Será Reggie Jackson el mejor bateador designado, hasta el 2012, en el béisbol de las Grandes Ligas? ¿O quizás lo sea Édgar Martínez? ¿Se le puede atribuir esa etiqueta a David Ortiz? ¿Tal vez sea Víctor Martínez el llamado a discutir tan alto honor? O qué decir de Hidecki Matsui, el japonés que hizo de las suyas con su bate, en los momentos estelares de su carrera en las Grandes Ligas. Y que tal las actuaciones de Frank Thomas, el formidable bateador de largo metraje que sentó las bases para constituirse en uno de los mejores como designado, en cualquiera novena, aun cuando las delicias de sus batazos las disfrutara, y de qué manera, con el uniforme de los Medias Blancas de Chicago, en casi toda su brillante carrera en la Gran Carpa. Y qué decir de Jim Thome, todo un personaje con el uso del bate en la Liga Americana, como designado.

Es que nadie puede pensar en Sammy Sosa, en Mark McGwire, ni en Barry Bonds, estos tres últimos, toleteros de tanto poder que 'pulverizaron' muchas marcas con sus "vuelacercas", actuación manchada por la "trampa" en los momentos culminantes de sus carreras, al haber utilizado a sustancias prohibidas en la pelota de las mayores. Pero ellos, desde luego, no pueden ser considerados porque además, jugaban en la Liga Nacional y allí, hasta el día de hoy, no existe la figura del bateador designado.

Empero, jamás le han preguntado a nadie, especialmente a los estrategas, cuál es la gran diferencia entre contar con bateador designado en la alineación o jugársela siempre con el uso del lanzador en la posición ofensiva.
Fue en el año de 1973 cuando la Liga Americana decidió implantar como norma el uso del bateador designado, para mejorar el aspecto ofensivo y para intentar darle al juego de béisbol en ese circuito, un interés inusitado, dado que con la aplicación de esa estrategia dentro del juego, era y fue, finalmente cierto, contar con una artillería mejor diseñada frente a los rivales de turno, aun cuando, la igualdad no es ventaja para nadie. De modo que si todos utilizan la regla, nadie tiene por qué sentirse por debajo o por encima de la norma.

Una cosa diferente es que el pelotero que ocupa esa posición dentro de la novena del Joven Circuito no rinda como lo hacen sus compañeros que son contratados para de manera similar, hacer parte de cualquiera de los equipos de la Americana, en procura de que el espectáculo del béisbol, sea más atractivo, y una de esas consideraciones, es que ese jugador rinda ofensivamente y de manera categórica a como lo hace de manera normal, un lanzador a la hora de ocupar su puesto en el orden de bateo, en la Nacional, de acuerdo con sus capacidades y con la forma en que se debe encarar, en un momento determinado, qué debe ejecutar a la ofensiva ese bateador-lanzador que regularmente cuenta con poco poder ofensivo.

Pues bien. Ese bateador designado, que como su nombre lo indica, no hace parte de la defensiva del equipo pero que siempre está ocupando una posición cualquiera que el estratega le asigne para batear en el puesto del lanzador, adueñándose de un puesto de privilegio con el uso del bate, por obvias razones dentro de la artillería, fue tema de discusión durante estos últimos 40 años, pues muchos, incluyéndonos nosotros, hemos considerado que esa figura se ha constituido, sin la menor duda, en la opción más apetecida para que los bateadores de largo metraje, esos que con un batazo pueden definir un juego, en la sombrilla para darle quizás tres o cuatro años "más de vida", a los peloteros que por buenos años de trajín dentro de los parques de pelota, ya no tienen como ser defensivamente apetecibles, pero suculentamente contratables para hacer uso del bate en un equipo cualquiera.

Una nueva era

Pero después de 40 años, dígase lo que se diga, la norma que se implantó en la Liga Americana, está en camino a convertirse, por esas cosas del béisbol, como parte general de la regla en la Liga Nacional, discusión que está en furor por estos días, cuando se conoce a voz en cuello, que los técnicos y jugadores del Viejo Circuito consideran que las representaciones de la nueva liga, tienen ventaja en las confrontaciones que se venían dando en los partidos interligas, algo que, como ya lo habíamos señalado en nota pasada, a partir de este año, y mientras el número de equipos en ambas ligas sea de 15 franquicias, de manera continua en ambos circuitos, como obligadamente se tiene que confeccionar el calendario de juegos, deben efectuarse partidos con el sello de interligas, convirtiendo en regular lo que antes era excepcional y como un número de partidos definidos dentro de cada temporada.

A menos que surja de aquí a un par de años, la posibilidad de que aparezcan dos nuevos equipos, uno para cada liga, la verdad es que no hay posibilidad alguna de que los encuentros de interligas dejen de hacer parte de manera obligada en ambos circuitos.

Y es sobre eso que se está hablando con mucha insistencia en los últimos días. La gente que maneja estratégicamente a los equipos de la Nacional, sostienen, a los cuatro vientos, que los de la Americana tienen ventaja utilizando al bateador designado, cuando juegan en sus estadios, puesto que los equipos de la Nacional no tienen, como efectivamente lo es, a un jugador específicamente contratado para ocupar la posición de bateador designado en reemplazo a la ofensiva por el lanzador de turno.

Por eso es que se cree inminente que la regla del bateador designado haga parte de la Liga Nacional en un par de años. Cuesta creerlo pero eso es más que cierto. O por lo menos, eso lo están esgrimiendo tanto los capataces de los equipos del Viejo Circuito, frente a la ventaja, bastante considerable por cierto, en cuanto a los resultados de los encuentros, que se está presentando en los juegos de calendario a favor de la Liga Americana y en contra de las novenas de la Nacional.

¿Con menos estrategia?

No nos atrevemos asegurar nosotros por el momento, que el bateador designado es ventaja para los equipos de la Americana, siendo que cuando juegan en los estadios de la Nacional, desaparece la norma y por lo tanto, están mano a mano, por lo que no entendemos por qué se habla de ventaja. Empero, en gracias de discusión, aceptemos que la inquietud se ha puesto en boga, para que en el Viejo Circuito se aplique esa norma, quizás a partir del año 2015.

Para nosotros, la estrategia de juego que deben utilizar los estrategas de la Nacional se vendría a reducir, porque es muy distinto contar con el uso ofensivo del lanzador, a la utilización del bateador designado. Con la ofensiva del serpentinero, las cosas hay que analizarlas fríamente y a fondo en cada jugada de la novena; mientras que con el designado, las cosas serían a otro precio. Un toque de bola para hacer avanzar a un corredor, cuando el juego está cerrado, es quizás más béisbol puro, con la ofensiva del lanzador; pero con un solo tablazo, de cuatro esquinas, las posibilidades crecen con el designado.

Un robo de base se ordena cuando el corredor que está en circulación tiene los suficientes elementos técnicos, físicos y beisboleros, para que, dependiendo del lanzador que está en la lomita de los sustos, y de las condiciones del receptor de la novena contraria, desarrolle su accionar sin esperar el batazo de nadie. Pero si ese corredor está apoyado a la ofensiva con un designado que con facilidad mete la pelota entre primera y segunda bases, camino al bosque derecho, las cosas salen mejor, pues en vez de llegar a la intermedia, suele alcanzar la ‘’esquina caliente’’ y colocarse en plan de anotar una carrera que puede definir el desafío.

Por eso, y nada más que por eso, es que el bateador designado tiene tanto de ancho como de largo, tanto en la Liga Americana, en donde se usa desde hace cuatro décadas, como lo tendría en la Liga Nacional, si es que se adopta la norma en un futuro inmediato. Y la diferencia se vería sobre el diamante de juego, en cada oportunidad de consumir un turno al bate por parte del designado y no del lanzador. Obviamente, y hay que decirlo sin pelos en la lengua, que esta última opción le daría unos "años más de vida" dentro del béisbol a los bateadores de poder, pero definitivamente se aniquilaría las opciones para que los lanzadores, de una vez por todas, se olviden del uso al bate.

Nosotros nunca hemos estado de acuerdo con el uso del bateador designado. Pero en aras de la calidad del espectáculo, sobre el cual, no hay duda de ello, es más espectacular esperar un "bambinazo" para producir carreras para su novena por parte del designado, que un buen toque de bola con el uso del madero, a manos del lanzador.

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