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El béisbol, el béisbol, el béisbol

Los Cardenales de San Luis y los Nacionales de Washington disputarán desde este viernes la serie por el Campeonato de la Liga Nacional del béisbol de los Estados Unidos, mientras que los Bravos de Atlanta y los inmensos favoritos del circuito, los Dodgers de Los Ángeles, tendrán que esperar otro año para pelear un nuevo título. Análisis.

Yadier Molina, una de las figuras de los Cardenales de San Luis, finalista de la Liga Nacional.
Yadier Molina, una de las figuras de los Cardenales de San Luis, finalista de la Liga Nacional.AFP

Todo el mundo sabía que Yadier Molina, en cualquier momento, iba a sacar su casta, su experiencia y su calidad, para producir lo que los Cardenales necesitaba.

Todo el mundo sabía que Clayton Kershaw, el estelar lanzador zurdo de los Dodgers, no es el más afortunado desde la lomita de los suspiros, cuando se trata de entrar en plan de relevista.

Todo el mundo sabía que Anthony Rendón y el dominicano Juan Soto eran piezas claves en la ofensiva de los Nacionales y había que trabajarlos con cuidado.

Todo el mundo sabía que Joe Kelly, de los Dodgers, era  relevista de una entrada, y fuera.

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Todo el mundo sabía que Howie Kendrick, quien había estado apagado en todos los sentidos para los Nacionales, tanto a la defensiva como a la ofensiva, le iba a dar un tablazo de circuito completo con las bases llenas a Kelly en ese décimo episodio, cuando la pizarra estaba igualada a tres carreras.

Todo el mundo sabía, ¿qué más sabía?

El béisbol es un deporte enigmático, impredecible; pero predecible y nada de controvertido cuando se trata de analizar las jugadas después de producidas. Así es fácil hablar sobre el béisbol, pero ¡ah! difícil que es aceptarlo tal cual es. Yadier es Yadier.

Y ahora no nos vengan con el cuento de que hay que exaltarlo porque se trata de un pelotero latinoamericano. Nada de eso: es que a Yadier Molina hay que respetarlo, por su calidad como pelotero, por su gran experiencia, por su liderazgo, porque conoce el juego como muy pocos y porque ha demostrado a través de tantos años que tiene la clase y las energías que muy pocos peloteros ofrecen en las Grandes Ligas.

Fue él, Yadier, el hombre grande en el cuarto juego en San Luis, primero para empatarlo, con un indiscutible que estaba siendo pedido a gritos por la inmensa afición de los Cardenales, hacia el bosque derecho, cuando el primera base, Freddie Freeman, lo perdió, batazo que eventualmente pudo capturar, y lo desvió. Y más adelante, el encargado de producir el elevado de sacrificio para dejar con las manillas puestas sobre el terreno a los Bravos de Atlanta, sobre un lanzamiento del colombiano Julio Teherán, cuando había un corredor en la antesala, para remolcar la quinta y última carrera en las piernas de Kolten Wong, quien se embasó por doblete; base por bolas intencional a Paul Goldschmidt y llegó a tercera, por batazo dentro del campo interior de Marcel Ozuna, luego de producirse el primer out del episodio en la intermedia de Paul, cuando no se alcanzó a fabricar un doble out.

En ese momento del partido era preferible llevar a Yadier a la inicial con una base por bolas intencional, para llenar las almohadillas, y que Teherán se enfrentara a Matt Carpenter, para buscar una jugada de doble out, o que Matt produjera sacrificio o un inatrapable, pues de todas maneras, se perdía con una carrera. Pero Brian Snitker, el estratega de los Bravos, prefirió enfrentarse con Teherán a Yadier, y se produjo la rayita del triunfo.

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Y después, el inesperado y sorpresivo toque de bola de Kolten Wong después de que Dexter Fowler recibiera una base por bolas, en el primer episodio del quinto y decisivo partido, fue una soberana debacle ya en Atlanta, para que todo se le viniera al suelo a los Bravos, pues los Cardenales fabricaron racimo de 10 carreras en ese capítulo, nueva marca para un juego de postemporada, para dejar desde ese momento, el juego a su favor, y llevarse el triunfo en el desafío de ‘’vida o muerte’’ y llegar a la disputa del título de la Liga Nacional, frente a los Nacionales de Washington.

¿Quién esperaba 10 carreras en el primer episodio de los Cardenales frente a los Bravos con Mike Foltynewicz en el montículo? Nadie. Por lo menos, no estaba en las cuentas de nadie, ¿O sí?

Los Cardenales ganaron, finalmente, 13 carreras por 1, con un ataque de 11 indiscutibles, sin producir un solo cuadrangular en el juego, contra unos alicaídos Bravos, que apenas despacharon seis inatrapables, incluyendo un tablazo de vuelta completa de Josh Donaldson, y cometieron 2 errores.

¡Qué bueno es decir …!

Todo el mundo lo sabía. ¿Sabía qué? Es que es muy fácil decirlo, después de que se producen los hechos, sobre todo en el béisbol.

Walker Buehler desarrolló una estupenda labor desde el montículo en su tarea de seis episodios y dos tercios. Y los Dodgers de Los Ángeles ganaban en su casa, con cuadrangular de Max Muncy con un compañero en la ruta en el primer episodio y de otro, en el segundo, de Kike Hernández, ambos ‘’bambinazos’’ frente al estelar lanzador derecho de los Nacionales de Washington, Stephen Strasburg.

Los Dodgers ganaban 3-1 en seis actos completos. Y Buehler aceptó una carrera en el sexto, con doblete de Anthony Rendón y otro inatrapable de dos esquinas del dominicano Juan Soto.

Pero abriendo el séptimo, Buehler golpea en la cara a Kurt Suzuki. Abandona el juego y el brasileño Yan Gomes lo reemplaza. Frente a Michael Taylor, Buehler lo domina abanicándolo. Asdrubal Cabrera, bateador emergente por el lanzador Strasburg, elevado al bosque central; pero frente a Trea Turner, Buehler le otorga la base por bolas.

En ese momento, el capataz de los ‘’Esquivadores’’ Dave Roberts, echa mano de su estelar zurdo, Clayton Kershaw, en plan de relevista. Y Clayton liquida a Adan Eaton por la vía del ponche.

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Con el juego 3-1 a favor de los Dodgers, Roberts mantiene en la lomita a Kershaw para abrir el octavo. Pero viene la debacle. Dos lanzamientos y dos cuadrangulares. Anthony Rendón y el dominicano Juan Soto le desaparecen la esférica a Clayton para igualar la pizarra a 3 carreras.

¿Era Kershaw solo relevista para dominar a Eaton o debía dejarlo? ¿Se debió tener en cuenta las malas experiencias de Kershaw como relevista en pasadas postemporadas? ¿Era necesario traer a otro relevista, ¡cualquiera otro!, para que se encargara del octavo episodio?

Fácil es decirlo ahora, pero si el relevo que utilizara Roberts hubiese fracasado en ese octavo capítulo, entonces ¿Por qué sacó a Clayton si podría trabajar un episodio más y Kenley Jansen se hubiese encargado del noveno?

Bueno. Y después, el cuadrangular con las bases llenas de Howie Kendrick frente a un lanzamiento de Joey Kelley, el relevista que había laborado en el noveno sin complicación alguna — ¿relevista para un episodio nada más? Parece que sí — entregando dos bases por bolas, una de ellas intencional, y aceptando doblete de Anthony Rendón, ¡otra vez Rendón!, para que en un abrir y cerrar de ojos, abriendo el décimo, los Dodgers, los inmensos favoritos para ganar el título de la Liga Nacional, se quedaran por fuera de la postemporada.

Howie que no había tenido una calificada participación en la Serie Divisional, puso en órbita a los Nacionales y atropelló a los ‘’Esquivadores’’ para sellar el paso de su novena a la final, que desde 1924, no aparecía en esta instancia. El tablero final en favor de los Nacionales fue de 7-3.

Así es el juego

Serán los Cardenales de San Luis y los Nacionales de Washington las novenas encargadas de discutir la corona de la Liga Nacional, y de allí saldrá el rival del campeón de la Liga Americana, para disputar la Serie Mundial.

Los Dodgers que despacharon más jonrones que ningún otro equipo en las Series Divisionales, con 9 ‘’bambinazos’’, se quedaron por fuera de la gran final, porque colectivamente batearon apenas para 220, últimos en ese departamento, y sus batazos se produjeron cuando era poco lo que se podía producir en carreras para ganar.

Los Cardenales fueron los mejores a la ofensiva con 251, conectando 44 indiscutibles en 175 turnos; luego los Nacionales, 37 inatrapables en 161 veces al bate, con 230 al bate; y después, los Bravos, con 38 imparables en 169 turnos, para promedio de 225 a la ofensiva.

Con 25 carreras remolcadas, los Cardenales fueron los líderes; los Dodgers con 21, segundos; los Nacionales con 20, en la tercera casilla y los Bravos, que no fueron bravos, apenas produjeron 16 rayitas en los cincos partidos de la Serie Divisional.

Fueron los lanzadores de los Cardenales los primeros en la tabla, con 2.60 carreras limpias por juego; seguidos por los Nacionales y los Dodgers, con 4.20 de efectividad, y cerrando la actuación desde la lomita de los sustos, los Bravos con 4.53 carreras limpias por juego.

En parte, en los numeritos se refleja de cuerpo entero la actuación de las cuatro novenas de la Liga Nacional en las Series Divisionales.

Por el título

Los dos primeros partidos por el Campeonato de la Liga Nacional, se jugarán en el ‘’Bush Stadium’’ de San Luis, cuando los Cardenales reciban a los Nacionales de Washington, jugando este viernes 11 y el sábado 12 de octubre.

El domingo, será día de descanso; y el lunes se reanuda la final, con los encuentros tres y cuatro, y si es necesario el quinto, se jugarán en el ‘’Robert Kennedy’’, el estadio de Washington.

Y si son necesarios los desafíos sexto y séptimo, volverán a la casa de los Cardenales, en San Luis, para jugarlos, después del día de descanso del próximo jueves, viernes y sábado venideros.

Con un día de reposo, y tras cinco partidos en las Series Divisionales, tanto Dave Martínez, el estratega boricua de los Nacionales; como Mike Shildt, el capataz de los Cardenales, se tomarán las próximas horas para decidir cómo van a confeccionar su rotación para la disputa del título de la Liga Nacional.

Nosotros haremos lo mismo. Esperar que ellos decidan. Ellos son los capataces, y para eso les pagan…

 

 

  

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Antonio Andraus Burgos / Especial para El Espectador

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