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El beisbolista con una sola pierna: La historia de José Mosquera

Este chocoano de 18 años fue apoyado por Jed Lowrie, jugador de Grandes Ligas, quien pagó por su prótesis en el hospital Prosthetic and Orthotic Associates, en Orlando (Estados Unidos).

Róbinson Cano, José Mosquera y Jed Lowrie. / Cortesía

Era un día claro, de nubes dispersas, con la humedad alborotada más de lo habitual en Managrú (Chocó). Eso se sentía en la respiración, en cada centímetro del cuerpo, por eso caminar era una tarea difícil, agotadora, que acababa con la energía hasta de los niños, quienes buscaban insistentemente en diferentes sectores del pueblo una actividad para distraerse y hacer volar el tiempo.

José Mosquera, quien tenía 11 años en el 2012, en esa búsqueda de entretenimiento, decidió ir con su hermano Járinson a una mina de oro, a las afueras del pueblo. Pero para no caminar hasta allá le pidieron el favor a un señor que se trasladaba en volqueta de que los acercara. La respuesta fue positiva, pero para ganarse el recorrido tenían que ayudarle a subir unas canecas de ACPM. No lo pensaron mucho, lo hicieron y se montaron. El trayecto fue intenso por lo agreste del camino, por las trochas que hacían incómodo el andar, pero lo superaron sin problemas

Hasta que un presentimiento alarmó a José. Él quería bajarse, pero su hermano le dijo que todo iba a salir bien. Se equivocó. En un descenso el señor que manejaba perdió el control y antes de volcarse, todos alcanzaron a saltar, menos el joven de 11 años, a quien le cayó encima de la pierna derecha parte de ese pesado vehículo. De inmediato una ambulancia, la llegada a la clínica y el veredicto desalentador de los médicos: hay que operar. Pasó seis meses internado en una clínica en Medellín, en el que le amputaron la pierna: primero se la cortaron por debajo de la rodilla para ver si el resto respondía, pero después fue necesario hacer una nueva incisión a la altura del muslo.

Fueron momentos difíciles para su mamá, María Albarina, quien hasta ese año había sufrido mucho para sacar a sus hijos adelante. Su pareja, con la que vivía en El Dos, población del Chocó, los abandonó, por lo que se vio obligada a regresar a Managrú. Tuvo que batallar contra el hambre y el desempleo. Y se vio obligada a ser una nómada más en el día, de casa en casa pidiendo cualquier moneda para sobrevivir. El accidente de José parecía que la iba a hundir más. Eran momentos de incertidumbre.

Sin embargo, como suele pasar en esta región del país, la comunidad se unió. Entre los vecinos del sector le fabricaron una pequeña casa. Se la entregaron en obra gris y de a poco, con los años, ya ha tomado la forma de un hogar. Con un techo bajo el cual meter la cabeza, la familia se estableció. José volvió al pueblo para adaptarse a su nuevo estilo de vida, que parecía difícil, pero que tomó con mucha calma. Aceptó, sin tanto drama, perder su pierna derecha y comenzó a realizar una serie de ejercicios para ganar equilibrio.

Nunca perdió la sonrisa y gracias al trabajo constante que realizó con su profesor de educación física en el colegio José Manuel Palacios empezó a practicar fútbol, baloncesto y tenis de mesa. Nada fue un obstáculo para José Mosquera y, gracias a la facilidad que tuvo para aprender, se distinguió en esos deportes: se le vio saltando de lado a lado en la cancha del pueblo, que está más llena de arena y piedras que de grama para practicar el balompié. Dominar el balón fue una tarea complicada, patearlo aún más. Pero apoyado sobre sus muletas, se las ingenió para hacer ambas cosas a la vez.

“Gracias a los ejercicios con mi profesor saqué una masa muscular importante en mi pierna izquierda”, dice mientras muestra los músculos que se le marcan en el cuádriceps. “Me ponía a subir y bajar la montaña varias veces para ganar velocidad y fuerza. Eso me sirvió para jugar fútbol”, añadió.

Y cuando el fútbol parecía ser el camino, en 2018 conoció el béisbol. Fue un deporte que lo enamoró de inmediato. “Es muy fácil, tengo que practicarlo”, se dijo al verlo. Le pareció curiosa la forma como se jugaba y como muchos erraban bateando y lanzando. “Vi a varios que no podían pegarle a la pelota, pero a mí se me hizo fácil. No la golpeaba con fuerza debido a la falta de estabilidad al momento de batear, pero poco a poco fui mejorando”.

El béisbol llegó a Managrú gracias a Project Béisbol, una organización dedicada a llevar el deporte a niños de comunidades vulnerables. Justin Halladay, su fundador y presidente, tiene más de seis años en el país y ha llegado a departamentos como Cundinamarca, Boyacá, Chocó, Valle del Cauca, Antioquia, Magdalena, Sucre y Bolívar, entre otros. De igual manera está establecido en países como Nicaragua, Puerto Rico y este año espera llegar a Brasil.

Aunque José solo había jugado durante un mes, había demostrado mucho talento y pasión. “Es un niño responsable y decidido a competir con otros en el campo y para ser un líder en su comunidad”, resalta Halladay, quien inspirado por su historia buscó una manera de ayudarlo a desarrollar todo su potencial. Así que se acercó a Prosthetic and Orthotic Associates, en Orlando (Estados Unidos), ONG que ofreció un precio bajo por una prótesis de alta calidad, con una rodilla mecánica avanzada y pie de fibra de carbono.

Jed Lowrie, jugador de los Mets de Nueva York y quien ha apoyado a la organización desde 2015, conoció la historia del joven y decidió cubrir los costos de la prótesis de pierna y ajuste del procedimiento. “Milessa (esposa del beisbolista) y yo nos sentimos verdaderamente inspirados por el video de José practicando béisbol en una pierna. Habla mucho de lo que el juego significa para muchos. Le deseamos lo mejor con el proceso de adaptación”.

Gracias a Project Béisbol, que fue seleccionada en 2018 por la Universidad de Montana y el Departamento de Estado de los Estados Unidos para diseñar y gestionar un programa de intercambio internacional llamado “Deporte para cambio social: USA-Colombia”, José pudo viajar a norteamérica, donde asistió a talleres de igualdad de género, liderazgo y resolución de conflictos, además de jugar unos partidos en Florida, Pensilvania, Nueva Jersey y Nueva York.

Fue una experiencia inolvidable para este joven de 18 años, que a punta de entrega, sonrisas y empeño busca salir adelante, por medio del béisbol, en un lugar en el que la miseria es tan común como el olvido del Estado. Dice que quiere ser jugador profesional, pero Justin Halladay lo proyecta más como un futuro entrenador, como un líder social que pueda inspirar a los niños de la comunidad mediante su historia, para salir adelante por medio del deporte.

Si tiene historias de deportistas puede escribir al correo: [email protected]

@J_Delahoz

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Jesús Miguel De La Hoz

Béisbol

El beisbolista con una sola pierna: La historia de José Mosquera

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