El difícil camino hacia los 3.000 imparables en las Grandes Ligas

Albert Pujols puede convertirse en el jugador 32 en la historia de la MLB en llegar a esta cifra.

Albert Pujols, primera base de los Angeles Angels de Anaheim. AFP

Roberto Clemente fue un ícono para los latinos en las Grandes Ligas. Un pelotero sin igual, que triunfó en una época donde el camino para los nacidos fuera de Estados Unidos en el béisbol era tortuoso. Con el bate brillaba con luz propia, movía las piernas como pocos, su brazo tenía la fuerza de un cañón y su guante la capacidad de atrapar bolas que parecían tener el destino de encontrarse con la grama. Sus virtudes no solo se vieron dentro del campo, por fuera también. El 31 de diciembre de 1972 falleció en un accidente aéreo cuando se disponía a ayudar a los damnificados del terremoto de Managua (Nicaragua). Era un apasionado en defender las causas sociales.

Se convirtió en leyenda. Y cuando se habla de cruzar la puerta para entrar a los 3.000 imparables en las Grandes Ligas aparece su nombre situado exactamente con esa cifra. Inamovible, como si el destino hubiera querido inmortalizarlo. Lo logró en su último turno al bate en la temporada de 1972. Hasta la fecha, tan solo 31 jugadores en la historia de la MLB han logrado superar esta barrera de hits en sus carreras profesionales, lo que convierte a este grupo, en uno selecto. No cualquiera llega y los que lo hacen se convierten -por lo general- en integrantes del Salón de la Fama. Tan solo seis no lo han hecho y tres tendrán un asterisco en sus marcas: dos por el uso de sustancias prohibidas (Alex Rodríguez y Rafael Palmeiro) y uno por las apuestas ilegales (Pete Rose).

Llegar a los 3.000 imparables conlleva superar un camino lleno de obstáculos, de frustraciones, de llanto. Es caer mil veces y volver a levantarse, no rendirse ante las adversidades y un premio a la constancia, a la insistencia y a la perseverancia. “Cuando hablas de 3.000 hits, hablas de pasión y amor por el juego”, resaltó Tony Gwynn cuando logró la marca el 6 de agosto de 1.999 con los Padres de San Diego. Esa vía también la siguió Cal Ripken Jr. el 15 de abril de 2.000. Sus palabras fueron similares: “Estaba aliviado. Sentí que se levantaba un peso de mis hombros. Pensé en lo afortunado que soy y toda la carrera se me pasó por los ojos”.

Ahora, un jugador que ha abierto los ojos de propios y extraños desde su llegada a las Grandes Ligas está cerca de poner sus dos pies en la historia. Hace un año situó el primero al convertirse en el noveno jugador en la historia en conectar 600 cuadrangulares y este viernes, o en los próximos días, puede ubicar el segundo con solo conectar un imparable: sería el pelotero número 32 en todos los tiempos en arribar a los 3.000 y el cuarto en lograr ambas marcas. Simplemente, Albert Pujols. Un pelotero que está esculpiendo su camino para llegar a Cooperstown. Las marcas que ha sumado y ha compilado desde que se enfundó por primera vez el uniforme de los Cardenales de San Luis, en aquella primavera del 2001, son de esos que no se ven todos los días.

Desde su primer partido en las Grandes Ligas, y quizás hasta el último, cuya fecha no está por el momento definida, será uno de esos jugadores que se entregan sin titubear un instante. Que dejan cuerpo y alma en cada diamante que visita, en lo que se necesita para hacer del espectáculo del béisbol la fiesta que se disfruta en las graderías. Sus números hasta el 4 de mayo de 2018 son avasalladores. Posee un promedio de .304 de por vida, 620 cuadrangulares, 626 dobles, 1935 carreras impulsadas, 1737 carreras anotadas y 2999 imparables. Es una máquina ofensiva que está cerca de convertirlo en el quinto latino en ese grupo selecto de 3.000 hits.    

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