Harold Ramírez: la sangre nueva del béisbol colombiano

El jardinero derecho de la selección Colombia, que busca un cupo en el Clásico Mundial de Béisbol, tuvo una notable actuación en los entrenamientos de primavera con el equipo grande de Pittsburgh.

La coordinación que tiene con los ojos y las muñecas es espectacular. Sabe en qué momento hacer swing y por lo general el batazo que conecta termina siendo hit. En los entrenamientos primaverales de las Grandes Ligas, allí donde los jóvenes tienen su primer contacto con las estrellas del béisbol en Estados Unidos, Harold Ramírez brilló. Bateó para promedio de .579 y fue una de las figuras de los Piratas de Pittsburgh antes de unirse a la selección de Colombia, que busca en Panamá su clasificación por primera vez al Clásico Mundial de Béisbol.

Desde que era pequeño lo tenía claro: su anhelo era ser beisbolista. Tenía apenas tres años cuando Celina Lemus, su madre, le vio el gusto por la pelota caliente. Un bate y una bola eran su compañía. No había carritos, ni videojuegos que superaran esa pareja. En el barrio Canapote de Cartagena, Ramírez comenzó a dar sus primeros batazos.

La pelota en aquel tiempo no volaba como lo hace ahora cuando la conecta. No. Apenas recorría unos cuantos metros, pero se le veía una coordinación importante. Algo fundamental para ser un gran bateador.

Tras los pasos de sus ídolos

Como la mayoría de los jugadores colombianos en la actualidad, creció viendo a Édgar Rentería y a Orlando Cabrera en el béisbol de las Grandes Ligas, por lo que empezó a practicar el deporte en el campocorto.

Harold Ramírez quería seguir los pasos de sus ídolos. Pero había un problema. Su habilidad con las manos al momento de soltar la bola lamentablemente no era la mejor. “Tenía la mano dura”, recordó entre sonrisas.

Pero gracias a la práctica de otros deportes comenzó a ser más delicado al momento de soltar la pelota. En el colegio José de la Vega, de la Heroica, el baloncesto y el voleibol se convirtieron en sus hobbies. Uno le dio la fuerza en el brazo al momento de lanzar, el otro le enseñó a ser sutil y preciso. Por esta razón, cuando volvió a practicar béisbol se dio cuenta de que su posición se encontraba en los jardines. Reunía los requisitos tanto con el guante como con el bate.

Su mentor

Las cualidades que tenía Harold Ramírez no pasaron desapercibidas para Yimmi Díaz. Él fue la persona que comenzó a entrenarlo, el que le decía cómo pararse en el plato, cómo atacar la bola. Fue su primer mentor. Le hizo mejorar algunos defectos y potenció sus virtudes. Con el tiempo aprendió que la clave está en buscar un solo lanzamiento, y es algo que practica hasta el día de hoy.

Esa habilidad que mostraba dentro de los diamantes de béisbol hizo que los Piratas se fijaran en él. En el año 2012 firmó y debutó con el equipo rookie. Fue un año formidable. Bateó para promedio de .259, y aunque apenas impulsó 12 carreras fue esencial para que su novena se coronara campeona en la Liga del Golfo por primera vez en 50 años.

Era su primera experiencia en Estados Unidos como profesional y levantaba un título. Nada lo complicaba, incluso le encontró la salida al problema del idioma. “Un compañero que se llama Isaac Sánchez era quien me traducía todo”, le dijo a El Espectador tras una carcajada.

Su ascenso va acelerado. Nada lo detiene. De seguir el paso que lleva, en un año o dos será el jardinero titular de los Piratas de Pittsburgh. Ya demostró que batea bien en donde lo ubiquen. Nada lo amilana. Su sueño es claro: jugar en la MLB. En eso está mentalizado. “Tengo que hacer mi juego, demostrar que puedo responder cuando me necesiten”, afirmó. En estos entrenamientos de primavera bateó para todas las direcciones y abrió muchos ojos. “Los mánagers me aconsejaron que debo mantener mi bateo y el corrido de bases. Que mantenga el enfoque y que trate de ser consistente, porque esa es la clave para ser un buen jugador”, recordó.

Pero antes de brillar en Grandes Ligas, este joven de 21 años al que Pittsburgh lo tiene ranqueado como el sexto prospecto de su organización, quiere destacarse con la selección de Colombia y ayudar para que clasifique a su primer Clásico Mundial de Béisbol. “Tenemos un grupo muy unido, hemos trabajado mucho y creo que, si hacemos las cosas bien, tendremos la oportunidad de llegar a este evento internacional tan importante. Queremos darle una alegría a Colombia”, concluyó el jardinero derecho y una de las estrellas del combinado nacional en Panamá.

Temas relacionados