¡Los honores, ni se piden… ni se rechazan!

Acertados unos, controvertidos otros, los honores en el béisbol de las Grandes Ligas en la temporada 2018, quedaron en buenas manos.

Mookie Betts, jardinero de los Medias Rojas de Boston, ganador del premio MVP de la Liga Americana. AFP

Siempre habrá controversias. Siempre habrá discusiones. Siempre habrá contentos y descontentos. Pero en el fondo, los honores que se hacen con la entrega de los premios cada año en las temporadas del béisbol de las Grandes Ligas, nunca se rechazan… como tampoco se piden.

Todos recordamos, con nostalgia, y desde luego, con tristeza, aquella votación cerrada y controvertida para el Novato del Año en la Liga Nacional de 1996, cuando el colombiano Édgar Rentería, de los Marlins de la Florida, perdió en el conteo de las  balotas, con el norteamericano Todd Hollandsworth, de los Dodgers de Los Ángeles. Y en otras ocasiones ha ocurrido lo mismo.

Pero es el tiempo el que se encarga de darle la razón a quienes, desde otro punto de vista, miramos las sentencias que determinan los votos depositados, los cuales hay que respetar por encima de todo, aun cuando no estemos de acuerdo con los mismos.

El colombiano Rentería permaneció como estrella de la Gran Carpa por más de una década. Hollandsworth, en cambio, se apagó más temprano que tarde en el béisbol de la crema y nata. Pero los Dodgers venían conquistando los títulos con peloteros novatos, en cuatro años consecutivos, y el quinto, fue el que alcanzó Todd.

Eric Karros, en el 92; Mike Piazza, en el 93; el dominicano Raúl Mondesí, en el 94, y el lanzador japonés Hideo Nomo, en el 95. Esa cadena de triunfos la cerró Hollandsworh, con la corona del 96, quien durante 10 años en el béisbol de las Grandes Ligas, no tuvo la importancia ni el relieve de lo que eventualmente mostró en su campaña de Novato del Año en el Viejo Circuito.

Los del 2018

Pero volteamos la página, para decir que en los honores del año 2018, en cuatro de los ocho galardones otorgados, no hubo consenso, o por lo menos, no fue de buen recibo.

Nos referimos a los de Novato del Año, al Jugador Más Valioso y al Dirigente del Año, todos en la Liga Americana; y la distinción del Cy Young otorgado en la Liga Nacional; porque es probable que se hayan dejado por fuera peloteros y a un estratega con los quilates necesarios para ir más allá de lo que alcanzaron a conquistar.

Por lo demás, los resultados fueron de buena aceptación, y las cerradas votaciones con los nombres de algunos galardonados, muestran evidentemente que las papeletas de los cronistas que hacen la cobertura de la temporada de la pelota organizada, fueron votadas con la impresión que cada uno de ellos tuvo en relación a sus creencias y las actuaciones de cada uno de los peloteros.

Para muchos, el Novato del Año en la Liga Americana, debió ser Miguel Andújar, el dominicano tercera base de los Yanquis de Nueva York. Para otros, en el grupo de los Más Valiosos del circuito, no debió quedar por fuera de los tres primeros lugares, el cubano-americano Julio Daniel Martínez, quien tuvo una espléndida campaña con los medias Rojas de Boston.

El Cy Young de la Liga Nacional se controvierte no por las calidades del lanzador escogido, sino por los numeritos que ofrecieron los otros dos finalistas en la votación. Nos referimos a Jacob DeGrom, de los Mets de Nueva York, sobre las candidaturas de Aaron Nola, de los Filis de Filadelfia, y de Max Scherzer, de los Nacionales de Washington.

Y para cerrar la controversia, el estratega de los Medias Rojas de Boston, novena que ofreció una sensacional campaña, una postemporada envidiable y, adicionalmente, llevarse la corona de la Serie Mundial, con el novato Alex Cora, de Puerto Rico, estrenándose en la Gran Carpa, merecía el trofeo. Pero la distinción recayó en otro capataz.

Los Cy Young

No hubo discusión alguna con el Cy Young de la Liga Americana, cuando el zurdo Blake Snell, de los Rayas de Tampa, se alzó con el galardón, tras una brillante temporada con más de 20 triunfos, actuando en una novena poco competidora.

Snell tiene una hoja con 21 triunfos y apenas 5 derrotas; 1.89 carreras limpias por juego, abanicando a 221 bateadores y otorgando apenas 64 bases por bolas. Sus contrincantes y finalistas, Corey Kluber, de los Indios de Cleveland, con 20-7 y 2.89 de efectividad; y Justin Verlander, de los Astros de Houston, con 16-9 y 2.52 en carreras limpias, fueron dignos aspirantes, pero Snell tuvo, sin duda alguna, una mejor actuación.

En la Nacional, en cambio, Jacob DeGrom, de los Mets, se llevó el trofeo, con una tarjeta con numeritos discutibles frente a los otros dos grandes finalistas.

DeGrom tuvo marca de 10 ganados y 9 perdidos, con la raquítica efectividad de 1.70, con 269 abanicados y 46 transferencias otorgadas. Después del mexicano zurdo de los Dodgers, Fernando Valenzuela, con 13 triunfos y 7 derrotas, y 2.48 de efectividad en 1981, no se recuerda la conquista del Cy Young por un lanzador con menos triunfos que la de DeGrom en todos los tiempos.

Pero Max Scherzer, de los Nacionales, mostró tarjeta con 18 triunfos y 7 derrotas, con 2.53 carreras limpias por juego; abanicó nada más y nada menos que a 300 bateadores y otorgó apenas 51 bases por bolas. Y Aaron Nola, de los Filis, registró de 17-6 y 2.37 de efectividad, con 224 ponches propinados y 56 bases por bolas concedidas.

Ustedes, amables lectores, analicen, y alienten la discusión que consideren al respecto.

De los dirigentes

Suele creerse que el mejor dirigente en una novena, es aquel que conquista los laureles con su equipo. En algunos casos, eso es cierto, pero en otros, se tienen en cuenta factores que pueden incidir, finalmente, en el voto del cronista que deposita su papeleta por uno u otro capataz.

Brian Snitker se llevó el trofeo en la Liga Nacional, como el Dirigente del Año, conduciendo a unos Bravos de Atlanta en plena reconstrucción, a la corona de la división Este del circuito.

No hay duda que se lo merece. Emergió con lo poco que tenía en su nómina, como un hábil estratega en los momentos más difíciles del club en la campaña y supo sortear con mucho acierto, las etapas cruciales que vivió el equipo.

Bud Black, de los Rockies de Colorado, y Craig Counsell, de los Cerveceros de Milwaukee, fueron los otros dos finalistas, cuyas tareas fueron elogiadas en todo momento, pero Snitker los superó por haber batallado con una nómina de pocos pergaminos pero conduciéndola táctica y técnicamente con audacia y buen tino, hasta llevarla al triunfo indiscutible de su zona.

Pero en la Liga Americana las voces se unen alrededor de Alex Cora, de Puerto Rico, el novato dirigente de los Medias Rojas, quien sin duda alguna lució como todo un veterano, dirigiendo a peloteros de mucha jerarquía, para ganar su sector, eliminar a los Yanquis en la rueda divisional; a los Astros en la ronda por el campeonato del circuito, y a los Dodgers en la disputa del Clásico de Otoño. ¡Se puede pedir más! Imposible…

Pero los honores fueron para Bob Melvin, el dirigente de los Atléticos de Oakland, quien tuvo una sensacional campaña con su club y se acercó en varias ocasiones en pos de la corona de la zona Oeste de la liga. Los Atléticos con poco hicieron mucho, esa es la verdad verdadera.

Melvin además de superar a Cora también le ganó en la votación a Kevin Cash, el estratega de los Rayas de Tampa, un club con poco valor nominal pero con una gran entereza sobre el terreno de juego, de la mano de su capataz.

De los Novatos

El sensacional venezolano y guardabosques de los Bravos, Ronald Acuña Jr., bien merecido tiene el título de Novato del Año en la Liga Nacional, aventajando en la votación al dominicano y gran contrincante, Juan Soto, de los Nacionales.

Acuña acumuló todo lo necesario para llevarse el trofeo, con 127 inatrapables en 433 turnos, para promedio de 293; conectando 26 ‘’bambinazos’’; remolcando 64 carreras y anotando 78; con 45 transferencias recibidas y 123 ponches en la campaña.

Soto marcó una tarjeta con 121-414 para ofensiva de 292; con 22 cuadrangulares, 70 empujadas y 77 anotadas; 79 bases por bolas y 99 turnos abanicando la brisa.

Poca fue la diferencia entre los dos, y cualquiera que hubiese sido el ganador, tenía los méritos para cargar con los honores.

Otro gallo cantó en la Liga Americana, en donde el fuerte bateador zurdo y lanzador derecho, el japonés Shohei Ohtani, de los Angelinos, cargó con el trofeo de Novato del Año frente al dominicano Miguel Andújar y al venezolano Gleyber Torres, ambos de los Yanquis.

Por capacidad de juego, es indiscutible que Ohtani lleva las de ganar, porque su tarea como lanzador derecho y como bateador designado a la zurda, pocas veces se da en un pelotero.

Como lanzador, el japonés marcó pauta con 4 ganados y 2 perdidos; 3.31 de efectividad en 51 episodios y dos tercios en 10 partidos donde actuó, aceptando apenas 6 cuadrangulares, abanicando a 63 bateadores y otorgando 22 bases por bolas.

Con el uso del madero, Shohei conectó 93 indiscutibles en 326 turnos, para promedio de 285; con 22 cuadrangulares, 61 carreras fletadas, 59 anotadas; 37 bases por bolas recibidas y le anotaron 102 ponches, en 104 partidos en donde participó.

Andújar, por su lado, tuvo promedio ofensivo de 297, con 170 inatrapables en 573 turnos, en los 149 partidos en donde participó; con 27 tablazos de circuito completo; 92 remolcadas y 85 anotadas; 25 bases por bolas recibidas y abanicó la brisa en 97 oportunidades.

Gleyber, por su parte, conectó 117 indiscutibles en 431 turnos en los 123 partidos donde participó, con promedio de 271; con 24 ‘’bambinazos’’, 77 empujadas y 54 anotadas; 42 bases por bolas y 125 ponches.

En contadas ocasiones se discuten las votaciones, pero en esta oportunidad, Andújar superó sin duda alguna a Ohtani, en lo que a la ofensiva se refiere; pero como ya señalamos, la capacidad de juego del japonés pudo hacer la gran diferencia a la hora de diligenciar las papeletas.

Los Más Valiosos

Mookie Betts, de los Medias Rojas, era el indiscutible merecedor del trofeo Jugador Más Valioso de la Liga Americana; y otro tanto se puede decir de Christian Yelich, de los Cerveceros, en la Liga Nacional.

Eso no está en discusión. Lo que aviva la polémica es que Julio Daniel Martínez, el formidable pelotero cubano-americano de los Medias Rojas, no hubiese alcanzado uno de los tres lugares de honor en su circuito, después de la sensacional campaña que desarrolló.

Detrás de Betts clasificaron Mike Trout, de los Angelinos, y el dominicano José Ramírez, de los Indios. Martínez fue relegado al cuarto lugar.

Mookie compiló 180 imparables en 520 turnos, para promedio de 346; con 32 cuadrangulares; 80 carreras impulsadas y 129 anotadas; recibió 81 transferencias y se ponchó en 129 ocasiones.

Trout tuvo 147-471 para ofensiva de 312; 39 jonrones, 79 remolcadas y 101 anotadas; negoció 122 bases y se ponchó en 124 oportunidades.

Ramírez señaló 156-578 para 270 con el madero; 39 ‘’bambinazos’’, 105 carreras impulsadas, 110 anotadas; recibió 106 bases por bolas y se ponchó en 80 ocasiones.

Pero lean bien lo que hizo Julio Daniel en la temporada. 180 inatrapables en 569 turnos, con ofensiva de 330, en 150 partidos jugados, con segundo mejor promedio en todas las Grandes Ligas; 43 tablazos de circuito completo, segundo en todas las estadísticas; 130 carreras remolcadas, el gran líder de la especialidad; 111 anotadas, quinto en la tabla; 69 transferencias recibidas y 146 turnos abanicando la brisa.

Y entonces, uno se pregunta: ¿No fue mejor que los otros dos grandes finalistas del trofeo Más Valioso del circuito? Los numeritos nos lo demuestran… pero doctores tiene la santa madre iglesia…

Los honores no se piden, ni más faltaba. Tampoco se rechazan. Pero en algunas ocasiones las distinciones no reflejan la realidad de los hechos que son tozudos e incontrovertibles.