Mariano Rivera, la leyenda viva de las Grandes Ligas

El lanzador panameño se convirtió en el mejor cerrador de todos los tiempos en el béisbol de los Estados Unidos.

El cerrador panameño Mariano Rivera no ha necesitado entrar al Salón de la Fama para haberse convertido ya en una leyenda viva después de alcanzar la marca histórica de los 602 rescates dentro del béisbol profesional de las Grandes Ligas.

Rivera, de 41 años, 15 como cerrador estelar de los Yanquis de Nueva York, logró la pasada jornada, con el equipo de toda su carrera profesional, el rescate histórico y de marca en el partido que los Bombarderos del Bronx ganaron por 6-4 a los Mellizos de Minnesota.

El taponero panameño volvió a salir al montículo del Yankee Stadium para lanzar la recta cortada que nadie ha podido descifrar y con la que sigue escribiendo páginas memorables dentro del deporte de la pelota.

Rivera, que considera que su profesión consiste en lanzar una pelota de béisbol lo mejor que sabe en el noveno episodio para luego irse a la ducha, se ha convertido por méritos propios y estadísticas en el mejor cerrador de todos los tiempos.

Una distinción que no quiere admitir, pero que los fanáticos del deporte del béisbol, expertos y los propios profesionales saben que es así, aunque no sean jugadores o seguidores de los Yanquis.

Desde que Rivera descubrió la versión de su recta cortada que comenzó a utilizar en 1997, el relevista panameño ha seguido un camino que lo ha llevado junto a los Yanquis a cinco títulos de la Serie Mundial y un puesto seguro en el Salón de la Fama.

Nadie duda que aunque no hubiese establecido la mejor marca de rescates, que le arrebató a otro gran cerrador como fue Trevor Hoffman, la carrera de Rivera siempre sería digna de celebración como la que le tributaron los más de 40.000 espectadores que acudieron al Yankee Stadium para verlo hacer historia.

Rivera no sólo tiene ya la mejor marca de todos los tiempos sino que además se ha convertido por méritos propios en el lanzador que mejor ha sabido definir el gran valor que tiene un cerrador seguro y responsable dentro y fuera de los campos de juego.

Hoffman también demostró toda la clase del mundo, pero no pudo dominar la novena entrada como lo hace Rivera ni dio la confianza a sus compañeros como lo hace el lanzador panameño.

El excompañero de Rivera con los Yanquis, el jardinero Johnny Damon, ha sido el que mejor ha sabido definir el sentimiento que tienen todos los que están a su lado.

“Hay un convencimiento que el partido está acabado, sin importar el bateador del equipo rival que llegue para hacerle frente”, valoró Damon. “Su tranquilidad y seguridad lo convierten en el mejor de todos los tiempos”.
 
Además, la fidelidad, el concepto de amistad y ayuda a sus compañeros le han hecho acreedor a Rivera a tener el honor de haber lanzado más de 1.000 partidos con los Yanquis y la mística que ha generado con sus actuaciones.

Si los 602 juegos salvados ya es una marca que será muy difícil de superar, su promedio de efectividad como profesional de 2,22 y otras estadísticas le dan todavía más grandeza a su figura.

Además, la magia de Rivera ha sido todavía mayor cuando ha llegado la fase final y junto a los Yanquis ha logrado nada menos que cinco títulos de la Serie Mundial.

Rivera es el único lanzador de la historia en conseguir el último “out” de una Serie Mundial en cuatro ocasiones, y su récord de 42 salvamentos en la fase final puede ser otro de los que será muy difícil superar y más si el segundo clasificado es Brad Lidge con 18 rescates.

El lanzador derecho panameño ha conseguido un promedio de carreras limpias permitidas de 0,71 en 139,2 entradas que ha lanzado en los partidos de la fase final y de la Serie Mundial, en los que sólo ha fallado dos veces, en la temporada de 1997 y en la del 2001 para costarles sendas derrotas a los Yanquis y la eliminación.

Rivera nunca pierde la compostura en el montículo, a pesar que sólo tiene un lanzamiento que utiliza cada vez que se enfrenta a los rivales y que no es otro que la recta cortada.

El propio Rivera descubrió que la recta potente que tienen la mayoría de los taponeros en las Grandes Ligas no estaba en su brazo y decidió que su salida era utilizar la cortada, la que le quita fuerza a la pelota cuando va a llegar a la zona de bateo.

Todos los peloteros rivales saben lo que les espera, pero nadie ha podido descifrarle la magia de ese lanzamiento que confunde y frustra a los mejores toleteros.

Rivera no llega al montículo para engañar con otro tipo de lanzamiento, simplemente ofrece el único que tiene para que sus rivales lo acepten e intenten golpear a la pelota.

Hasta ahora el reto se ha convertido en una pesadilla y misión imposible para los bateadores, mientras que para Rivera ha sido la fórmula perfecta que lo ha establecido como el nuevo “rey” de juegos salvados en la historia del béisbol de las Grandes Ligas.