Unos verdaderos Astros del béisbol

Los de la novena de Houston superaron a los Dodgers en la Serie Mundial.

José Altuve (centro) fue uno de los jugadores más destacados de la Serie Mundial. / EFE

El impasable José Altuve y su lugar en la segunda base o, a veces, entre la primera y la segunda. El puertorriqueño Carlos Correa en medio de la segunda y la tercera, resguardando que nada pasara por ahí. Yuli Gurriel y su flexibilidad para tocar apenas con el pie la almohadilla de la inicial y estirar el tronco en busca de la pelota. Marvin González allá, alejado, en el jardín izquierdo, y Francisco Liriano y sus esporádicas apariciones en el montículo. Este es el contingente latino de los Astros, la base de un equipo que selló una historia, del que renació en 1962 cuando dejó de llamarse los Colts.45, el que pasó de la División Central de la Liga Nacional a la División Este de la Liga Americana. El que hoy en día es el campeón de las Grandes Ligas contra todo pronóstico o especulación

Porque en los Astros se habla español, o por lo menos se entiende. Porque aunque no es el idioma que predomina en el camerino, sí es el de las canciones, el de los bailes, el de la euforia, el que hace correr la sangre. El que todos quieren aprender cuando escuchan al venezolano dialogar con el puertorriqueño o al cubano molestar al dominicano. La novena de Houston también es una pequeña representación de Latinoamérica.

Porque la alegría también puede ser corporal y el alborozo una muestra de unidad, de familia. “Porque todos somos iguales y vamos para el mismo lado”, dijo Altuve luego de la victoria 5-1 sobre los Dodgers que los consagró como el mejor equipo del año. Los Astros del béisbol se hicieron dueños de su destino, rompieron con el paradigma de la eterna historia del estancamiento. Ganaron, y bien, en su segundo Clásico de Otoño en 56 años de historia, luego de muchas temporadas de ver a otros pelear el banderín y por el trofeo más importante de los Estados Unidos. De un 1986 épico con 96 triunfos y la corona de la División Oeste. De un 2005 frustrante al ver a los Medias Blancas celebrar el título tras una paliza de 4-0.

Una de las 39 finales de la Serie Mundial que se definieron a siete juegos tendrá su nombre, las seis letras de una escuadra que hasta hace algunos años era simplemente otro participante más del torneo, que no se daba el lujo de pelear por nada y que una racha de buenos partidos mantenía contentos a sus aficionados. La historia de superación de Houston y su camino al prestigio podría fácilmente ser recreada en una novela con los latinos como actores secundarios, con George Springer con el papel protagónico (fue elegido como mejor jugador de las finales y ganó una camioneta por eso) y de un hombre que llegó a pesar 110 kilos trabajando como conserje y de valet parking pero se recuperó para hacer lo que más le gustaba en la vida: jugar béisbol (Evan Gattis).

Los Astros no sólo son buenos lanzadores, hombres ágiles en el diamante y en los jardines, y grandes bateadores. También son personas ejemplo de superación, de adversidad, de lucha, incluso de crisis. Y eso es lo que los hace diferentes; eso es lo que tiene feliz a todo un país, menos a Los Ángeles, por la primera vez de una novena que quizá desde hace mucho tiempo mereció este momento. Sólo era cuestión de tiempo para que lo lograran.

 

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