Bogotá nunca los olvidará

Roger Federer y Jo Wilfried Tsonga protagonizaron una exhibición en la que dejaron ver su lado más humano y amable.

Federer y Tsonga, en la clínica de tenis que organizó Compensar.  / AFP
Federer y Tsonga, en la clínica de tenis que organizó Compensar. / AFP

La exhibición fue un éxito, no solo por las dos horas y 13 minutos de partido, sino porque el día entero que vivieron Roger Federer y Jo Wilfried en Bogotá estuvo marcado por la sencillez de estos dos referentes del tenis mundial. La humildad de estos deportistas cautivó a las personas que pudieron compartir algún momento con ellos.

A primera hora el tenista suizo jugó fútbol-tenis con el arquero suplente de la selección de Colombia Faryd Mondragón, mientras que el francés Jo-Wilfried Tsonga bailó unas horas más tarde salsa en la clínica de tenis que organizó Compensar.

El coliseo cubierto El Campín, que se vistió de gala y en su interior se disimuló muy bien el deterioro de este lugar, que más bien parecía el O2 Arena de Londres o la Caja Mágica de Madrid. Aproximadamente a las 4:00 p.m. salieron a la cancha los protagonistas del partido de dobles. Las parejas estuvieron integradas por Santiago Giraldo-Andrea Hlavackova y Alejandro Falla-Daniela Hantuchova. Este juego sirvió más que todo para calentar el ambiente de un público que a medida de que pasaba el tiempo, más se iba contagiando del ambiente tenis. La belleza de las dos mujeres fue la protagonista de un duelo que terminó con victoria para la dupla Giraldo-Hlavackova 6-2, 3-6 y 12-10.

Cerca de las seis de la tarde los presentadores del evento, César Augusto Londoño y Nicolás Pereira, anunciaron la entrada de los jugadores principales. El francés Jo Wilfried Tsonga, número ocho del mundo y actual mejor raqueta de su país, fue el primero en ingresar. El público, eufórico, lo recibió con un “Tsonga, Tsonga”, al que respondió el tenista de 27 años alzando sus brazos y agradeciendo la aclamación. Apenas tomó asiento en su banquillo, los coros pasaron a ser “Roger, Roger” y ahí fue cuando ingresó el mejor jugador en la historia del tenis a la cancha dura de El Campín. Lágrimas, gritos sofocados y saltos fueron la reacción de un público sediento de este tipo de eventos.

El marcador quedó 7-6, 2-6 y 6-3 a favor del suizo. Sin embargo, eso fue lo de menos. Lo más importante fue el espectáculo que brindaron estos grandes tenistas, que demostraron además ser unas inmensas personas. Uno de los hechos más insólitos fue cuando el suizo se convirtió en director de orquesta para los 14.000 asistentes. Cuando alzaba los brazos, la gente gritaba, y cuando los bajaba, el silencio era total. Varias veces hizo eso Roger, con lo que logró conectarse rápidamente con el público. Tsonga no se quedó atrás y tuvo tiempo para imitar a Rafa Nadal en uno de sus saques, causando euforia total. En otra de las jugadas del partido los jugadores hicieron un rally sin raquetas, la pelota iba y venía con golpes con los pies y paradas en el pecho.

Los mejores tiros de cada uno se hicieron presentes y el único que no fue posible ver, a pesar de los múltiples intentos, fue la gran willy (pegar de espaldas con la raqueta entre las piernas), jugada que en los últimos años ha hecho “su majestad” con frecuencia.

Cerrando el evento, cuando estaba por definirse el partido, el espectáculo se lo robó una asistente, quien fue invitada por Tsonga a tomar su lugar. Esta niña jugó un corto rally con Federer y al final corrió hacia el centro de la cancha para fotografiarse con los dos protagonistas.

Con mochila arhuaca y sombrero vueltiao fueron premiados los seis protagonistas de una noche que Bogotá nunca olvidará.