Los golpes de la vida

Álex Teherán, un barranquillero, de 19 años, una de las esperanzas de Colombia para ganar oro en los Suramericanos.

Decir que un boxeador colombiano es de extracción humilde no es ninguna novedad. Más si nos apegamos a la afirmación del mismísimo presidente de la Federación Colombiana de este deporte, Julio Torres, quien señala sin tapujos que “los golpes son para los pobres”. Sin embargo, no dejan de sorprender las historias de pugilistas que con una infancia de hambre, hoy están más cerca de la gloria que de la miseria.

Bajo esta mirada, no podría ser otro el relato de vida de Álex Teherán, un joven barranquillero que con apenas 19 años de edad ha tenido que soportar con crudeza una infancia de hambre, de privaciones, convivir en una familia de padres separados y, para rematar, soportar con madurez la adicción de su mamá a las drogas y su posterior proceso de rehabilitación.

Esta historia, que por ahora tiene un presente rosa, comenzó en el barrio San Roque de la capital del Atlántico, uno de los más pobres y violentos de la ciudad. Álex nació de la unión de Nohemí del Carmen Millares y Álex David Teherán. Las condiciones eran precarias y tras la separación de sus papás, Álex se la pasaba jugando fútbol en las calles (sólo estudió hasta grado noveno). “La gente de mi barrio me dice que yo he cambiado mucho, porque antes me veían en calle, en interiores, en chancletas, me veían como un gamincito”.

Su único juguete de infancia fue un balón de fútbol que cuidaba como su mayor tesoro. “Yo jugaba un ratico con él y luego lo limpiaba y guardaba con mucho esmero. Inclusive algunas veces dormía abrazado con él. Cómo será lo que lo cuidaba que me duró seis años”.

Mientras su madre se rebuscaba los pocos pesos lavando ropa, Teherán se la pasaba muy solo en la casa. “La verdad, no tuve una infancia como la hubiese querido tener, fue solitaria, crecí muy solo”, dice con tono de tristeza, al tiempo que relata cómo muchas veces se acostó con hambre. “No todos los días había para comer. Recuerdo que mi madre iba a otras casas y nos regalaban la pega de arroz y esa era nuestra comida, con un poquito de tinto”.

Su sueño entonces era convertirse en futbolista y jugar en el Júnior de sus amores para salir de la pobreza. Sin embargo, a los 14 años, su destino —para su fortuna— tomó otra dimensión. Su padre, quien fue boxeador aficionado en su juventud, puso un gimnasio cerca de su casa y aunque Álex nunca había soñando con ser pugilista, un día sólo por curiosidad entró y allí quedó atrapado. Su papá lo vio peleando y le dijo que era bueno, que siguiera en esto. Y como en toda historia se necesita un hada madrina, ésta llegó disfrazada de Julio Torres, presidente de la Fedeboxeo, quien apenas lo vio en el cuadrilátero le dijo a su progenitor que lo dejar ir a un torneo internacional en Ecuador. “¿Imagínese, yo nunca había salido ni siquiera de Barranquilla y ya iba rumbo a un aeropuerto?”, exclama Álex, quien no fue inferior al reto y se trajo la medalla de plata.

Cuando regresó a la Arenosa, de inmediato lo convocaron a la selección de Atlántico para el Nacional Júnior y fue campeón, y en 2007 repitió la dosis. Siendo júnior lo llevaron a un torneo de Mayores y se llevó la presea de plata. Y en 2008 y 2009 conquistó ya el título nacional entre los de mayor edad. También ha tenido la oportunidad de ser subcampeón panamericano y bolivariano y competir en los mundiales juveniles de Italia y México.

Hoy es una de las cartas colombianas en los Juegos Suramericanos de Medellín, en la categoría de los 75 kilogramos, y sueña seguir con el proceso olímpico para llegar a los Juegos de 2012 en Londres. Y tras ello, dar el salto al profesionalismo con la ayuda que le tiene prometida Carlos Támara, actual campeón mundial minimosca de la FIB y “poder ganar más platica y comprar todo lo que siempre he querido. Además tengo que pensar en que en cinco meses voy a ser padre y no quiero que mi hijo pase las dificultades que yo tuve que pasar”.

Los días de hambre ya pasaron. Hoy, y aunque todavía habita con su madre la humilde casa en el barrio San Roque, Álex Teherán vive en un mundo mágico. En su pequeño cuarto tiene televisor, computador, equipo de sonido, una consola de video Xbox y toda la ropa que quiera. Su pasado, sin embargo, no lo olvida y de vez en cuando una lágrima recorre su joven rostro, al recordar las épocas de total austeridad y los golpes de la vida que definitivamente no pudo esquivar.

El boxeo, presente

La delegación nacional de boxeo que estará presente en los Juegos Suramericanos la componen once representantes, quienes trabajan bajo las órdenes de Jesús Martínez. Ellos son José Contreras, en los 48 kilogramos; Ceiber Ávila, en los 51; Óscar Negret, en los 54; Julio Bassa, en los 57; César Villarraga, en los 60; Miguel Escandón, en los 64; Leonard Carrillo, en los 59; Álex Teherán, en los 75; Roamer Angulo, en los 81; Jeisson Monroy, en los 91, y David Trujillo, en más de 91 kilos.

El equipo se entrenó primero en Barranquilla, luego se concentró en Bogotá y posteriormente se desplazó a Cuba.

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