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Cali es Cali, lo demás es...

El conjunto verdiblanco, modelo en organización y administración entre los clubes colombianos, es el primero en tener su propio escenario. La obra, que se comenzó a construir en 2001, costó aproximadamente 80.000 millones de pesos.

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Luis Guillermo Ordóñez Olano
27 de octubre de 2008 - 11:00 p. m.
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A partir de este miércoles, el escudo del Deportivo Cali no debería tener ocho estrellas sino nueve, pues la inauguración oficial de su propio estadio representa un éxito administrativo mucho más importante que cualquiera de los campeonatos que ha conquistado desde que se fundó, en 1943.

Y esa no es una exageración. La nueva casa de los azucareros es un proyecto que comenzó a fraguarse desde la década del 70, cuando el legendario dirigente Álex Gorayeb lideró la democratización del club y propuso la compra de terrenos para construir una  sede deportiva, una administrativa y un estadio.

Las dos primeras se hicieron realidad en los 90. Con ellas, el Cali se convirtió en un modelo para los demás clubes colombianos, porque comenzó a ofrecerles a sus asociados privilegios adicionales al ingreso al estadio y alternativas de recreación (piscinas, gimnasios, canchas múltiples, almacenes, auditorios, servicios de salud, zonas húmedas, etc.) dentro y fuera de la ciudad.

Pero faltaba todavía una obra que representara la grandeza de la institución y que fuera la envidia de los demás equipos, algunos de ellos con mayor cantidad de títulos e hinchadas más numerosas, pero sin estadio propio.

Por eso, hace cerca de 10 años Humberto Arias, entonces presidente, revivió la idea de construir un escenario en el que el Cali pudiera jugar sus partidos como local, pero que además se utilizara para la realización de otro tipo de espectáculos.

Fue así como, después de estudiar diferentes propuestas, se firmó un contrato con la empresa promotora Suites y Palcos, que en 2001 inició la construcción del estadio, una estructura moderna y funcional que cumple con todas las exigencias de la Federación Internacional de Fútbol Asociado, Fifa, pero que también le permitirá al club ingresos por su alquiler para conciertos, reuniones sociales y locales comerciales.

Además, será un foco de desarrollo para una región en plena transformación, a ocho kilómetros de Cali por la vía a Palmira. De hecho, el terreno donde se construyó el estadio no pertenece a la capital del Valle, sino a su ciudad vecina, que le ofreció al club verdiblanco importantes beneficios tributarios.

“Tiene una ubicación estratégica, con excelentes vías de acceso, a cinco minutos del aeropuerto. Además, a menos de hora y media de recorrido viven cerca de seis millones de personas”, explica el ingeniero Francisco González, presidente ejecutivo de Suites y Palcos.

Mañana, con un partido ante el actual campeón de la Copa Libertadores, Liga Universitaria de Quito, comienza una serie de grandes eventos con los que se presentará internacionalmente el escenario. “El 19 de noviembre la selección de Colombia jugará contra la de Nigeria y estamos preparando un superconcierto para la Feria de Cali, el 29 de diciembre, en el que tendremos 12 grandes orquestas”, agregó González.


El socio estratégico pone el nombre

El estadio es una copropiedad entre el Cali y las personas y empresas que compraron suites, palcos o locales comerciales. Su nombre aún no está definido, pues el club azucarero lo está tratando de comercializar, así como hacen con sus escenarios los grandes equipos del mundo. De hecho, ya varias firmas internacionales han hecho propuestas, pero seguramente llegarán más ahora que se comience a utilizar.

En el proyecto se han invertido hasta ahora 75.600 millones de pesos, pero está presupuestado que se gasten cuatro mil millones más en acabados de algunas suites y el centro comercial.

“Se financió con los aportes del club, que realizó una emisión adicional de acciones, y la venta de las suites y los locales. Nadie aportó más del 3% del costo total”, contó González, quien considera que en Colombia es casi imposible que otro club haga su propio estadio.

“Nacional tiene la organización y la hinchada para hacerlo, pero cerca a Medellín no hay terrenos adecuados. Millonarios posee suficiente fanaticada y a futuro podría pensar en concretarlo. Para los demás es demasiado difícil”, dijo.

El constructor confesó que aunque la obra nunca se paró, sí se presentaron algunos retrasos por diferentes razones: “El primero fue cuando descubrimos un humedal dentro del inmenso terreno del proyecto. Tuvimos que rediseñar algunas cosas y volver a pedir las autorizaciones. Después encontramos 48 tumbas indígenas de la cultura Malagana y nos tocó avisar a las autoridades para sacarlas con mucho cuidado. Nos dieron el aval para hacer un museo ahí mismo”.

Los palcos y las suites quedan detrás de las tribunas oriental y occidental. Y en norte hay una inmensa tarima para conciertos, en donde se ubicará la barra brava del Cali, que ocupaba el costado sur en el Pascual Guerrero. Y como no habrá pista atlética, la visual para los aficionados desde cualquier sitio del escenario será mucho mejor. Además, en la cancha, se sentirá mucho más su apoyo.

Y aunque en el estadio ya se han realizado algunas actividades con los cerca de cinco mil socios actuales del club y se han jugado partidos amistosos, apenas hasta mañana comenzará a funcionar oficialmente todo el complejo, en el que habrá tiendas, oficinas y locales comerciales que se utilizarán los días en los que no haya eventos.

Pasaron 30 años para que el sueño de Álex Gorayeb se hiciera realidad, pero finalmente su club tiene estadio propio: Cali es Cali, lo demás es loma.

Como una fina tacita de azúcar

El estadio del Deportivo Cali cuenta con 896 suites, cuya venta financió buena parte de la construcción del escenario. Están ubicadas detrás de las tribunas oriental y occidental, repartidas en seis niveles y divididas en tres clases.

Las VIP, de 34 metros, que poseen todos los servicios y comodidades para presenciar los espectáculos y ser utilizadas además como oficinas durante los días en los que no haya eventos programados.

Las suites comunes, con sala y baño privados (de 13 metros) y un balcón para nueve sillas. Y unas unidades empresariales, en las que aparte de una capacidad para 33 personas, se puede poner una valla publicitaria en el frente.

Por Luis Guillermo Ordóñez Olano

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