Carlos Daniel Serrano, la grandeza de la profundidad

El nadador santandereano, que llegó de Río de Janeiro con tres medallas de distinto metal, es un experto en ir contra la corriente. Sus capacidades físicas y mentales, así como sus esfuerzos por superarse cada día, simplemente no le caben en el cuerpo.

Carlos Daniel Serrano fue elegido por El Espectador y Movistar el Deportista Paralímpico del Año. /  Mauricio Alvarado
Carlos Daniel Serrano fue elegido por El Espectador y Movistar el Deportista Paralímpico del Año. / Mauricio Alvarado

Lo más fácil para Carlos Daniel Serrano hubiera sido dejarse llevar por la corriente. Sentarse a lamentar lo que pudo haber sido y no fue, llenarse de resentimientos y cargar de por vida una pesada maleta de culpas propias y ajenas. El camino sencillo consistía en mirar a los demás con envidia sin entrar a mirarse en el espejo interior para detectar las fortalezas individuales.

Serrano, de un tiempo para acá sobre todo, prefiere optar por el sendero más complejo, el recorrido más exigente, para crecer como deportista y como ser humano. Él quiere construir su propia ruta y eso amerita un mayor tiempo de elaboración, porque se hace indispensable pasar y repasar cada tramo para poder superar los obstáculos que se van presentando.

Los contratiempos nunca han sido menores, no tienen por qué serlo dada la fortaleza del santandereano, nacido el 17 de agosto de 1998. Para él, la vida se ha construido más a partir de las veces que escuchó que le dijeran que no, que cuando la respuesta fue inmediata y afirmativa. Las puertas se le han cerrado en las narices en más de una oportunidad y con todo y eso la insistencia lo guió directo hacia la madurez en sus escasos 18 años.

Una de las primeras veces que Carlos Daniel Serrano escuchó el “no”, que a la postre se fue convirtiendo en una permanente amenaza para su carácter seguro, se le apareció cuando tuvo la intención de dedicarse por completo a los deportes de combate y su espíritu se debatía entre el boxeo y la lucha. Ahí el golpe más contundente, el puñetazo más rotundo, lo recibió de manos de un contrincante hábil como ningún otro que se le haya parado enfrente: la vida misma.

Para las actividades de combate no era apto por su estatura. El metro y 45 centímetros que lo acompañan no eran suficientes para subirse al ring como profesional, dar saltitos de un lado para el otro, mover la cabeza como un péndulo y hacerle frente a su propio miedo vestido con pantalón corto, guantes y una bata de color vistoso. Insistió para cumplir su sueño y no dejarse derrotar, pero el “no” ratificó su protagonismo.

Quiso encerrarse, disminuir el contacto con los demás y postrarse, sin entender en ese entonces que las profundidades serían sus aliadas. En las corrientes de las aguas de Valledupar, Cesar, nadaba sin disfrutar del contacto con el agua helada. Mover los brazos en sintonía con las patadas no parecía entusiasmarlo mucho. Incluso, casi por no quedarle mal a la familia aceptó 15 sesiones con un entrenador personal de natación.

La acondroplasia, que se traduce como el trastorno que ocasiona el tipo más común de enanismo, solo era un impedimento para Carlos Daniel Serrano, porque los demás la veían como una oportunidad para destacarse en el deporte acuático. Las 15 clases nunca llegaron a su final porque pocas jornadas fueron suficientes para detectar su potencial al sumergirse en el agua con cloro. Quienes lo observaban desde afuera y para su propio cuerpo, la exigencia iba subiendo y este deportista en formación nunca fue inferior al reto.

A partir de 2013 los logros y medallas jamás se le han ido como agua entre los dedos. Buenos Aires, Glasgow, Toronto y Río son tan solo algunas de las plazas que han sido sedes para los triunfos de Carlos Daniel Serrano. Preseas de todos los metales adornan su actividad deportiva en la actualidad, tres de ellas conseguidas en los pasados Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro, Brasil. De allí llegó con un bronce, obtenido en los 50 metros libres; una plata, que logró en los 100 metros libres; y un oro en 100 metros en la modalidad de pecho.

Antes, el hecho de sumergirse era como entrar en una caja oscura. Se sentía presionado y con una carga grande de miedo. Ahora es de sus actividades favoritas y por eso le gusta retarse y superar cualquier barrera que se le presente para ir más allá y superarse cada día. No es como el pez en el agua, porque si fuera así, la tendría demasiado fácil y el sendero de lo sencillo no tiene su rúbrica, ni en el pasado ni en la actualidad.

Carlos Daniel Serrano es especialista en los 100 metros pecho S7, categoría en la que participan quienes tiene entre 1,37 y 1,48 metros de estatura. Él es capaz de recorrer lo que mide en promedio un campo de fútbol en quince segundos nada más, un tiempo que solo es significativo para quienes están en la alta competencia, están en algún tratamiento extremo o su oficio tiene alguna relación con aguantar la respiración.

El talento y las capacidades mentales de Serrano no le caben en el cuerpo. Tal vez aplique todo lo que ha aprendido en su ejercicio acuático en carreras como la Ingeniería de Sistemas o Tecnología Deportiva. Eso está por verse. De lo que no cabe duda es de su grandeza en la profundidad y en la superficie.

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