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Talento puro fue lo que mostró Caterine Ibargüen desde la primera vez que corrió, por allá en 1996. Vivía con su familia en Apartadó y apareció en un campeonato infantil, representando al colegio San Francisco de Asís. Allí la descubrió Wílder Zapata, que se encargó de guiarla en sus primeros años y conseguir que Indeportes Antioquia la apoyara.
Su carrera iba rápido, pero sus piernas no tanto. Por eso la entrenadora cubana Regla Sandino la convenció para que se dedicara al salto alto. Así se dio a conocer en el país e incluso internacionalmente. Durante la última década ha ganado todo en esa especialidad. De hecho, participó en los Olímpicos de Atenas 2004, en donde quedó 30 entre 34 participantes, con un registro de 1,85.
Esa actuación significó un punto de quiebre para la antioqueña, que aunque también hacía salto largo no logró las marcas mínimas para ir a Pekín 2008. Por esa decepción alcanzó a pensar en el retiro, hasta que cayó en las manos del técnico cubano Ubaldo Duany, quien le propuso dedicarse de lleno al salto triple.
“Su condición y potencia se ajustan más a esta especialidad. Técnicamente ha respondido a los retos que le hemos planteado y aún tiene un margen importante para mejorar”, le explicó a El Espectador el estratega, en la Villa de los deportistas.
Duany, exsaltador, considera que “el biotipo se ajusta más a las exigencias del triple, en el que la potencia y la habilidad son las claves”. Hace años, en Medellín, alguien le había insinuado a Caterine que dejara el salto alto, porque su cola, grande y fuerte, le dificultaba el paso sobre la barra, que se hace de espaldas.
Entonces apareció una nueva figura en la especialidad. Poco tiempo tardó Caterine en destacarse. Su primer éxito fue en el Iberoamericano de España, en 2010. Y el año pasado sorprendió con el tercer lugar en el Mundial de Daegu, en donde saltó 14,84 y sólo fue superada por la kazaja Olga Rypakova y la rusa Olga Saladuha.
“Eso fue clave para mí. Tal vez estaba conforme con ser la mejor de Colombia y una de las más competitivas de Suramérica, pero ahí me sentí con la condición para ser de las mejores del mundo”, acepta hoy Caterine.
Ese bronce en Corea la puso en la mira de los especialistas, que este año han seguido sus pasos. Ha tenido que postergar sus estudios de enfermería en la Universidad Metropolitana de Puerto Rico porque se la ha pasado compitiendo, primero en los Panamericanos de Guadalajara y luego por todo el mundo.
Gianni Merlo, presidente de la Asociación Mundial de Periodistas Deportivos y seguidor del atletismo desde hace 30 años, aceptó que “es una de las figuras para ver en el salto triple. Tiene mucho carisma y es encantadora”.
Y como figura llegó a Londres y ganó en Grand Prix hace dos meses. Después se impuso en la liga de diamante en Mónaco, antes de regresar a la capital británica y concentrarse para la prueba que comienza hoy y termina el domingo. “Estoy preparada para lo que sea. He madurado y tengo ambición, porque sé que una medalla de oro acá puede ser mi consagración. He trabajado duro, con seriedad, así que no tengo nada que reprocharme”, acepta.
Lo mismo dice Antonio Arias, director deportivo del Comité Olímpico Colombiano y jefe del grupo de metodólogos que trabajan con cada uno de los 104 deportistas que vinieron a los juegos. “Ella está muy bien. De todos modos tiene algo de nerviosismo, pero se ha preparado con todo y ha competido al más alto nivel, se ha fogueado y ha tenido el apoyo médico, científico, psicológico y nutricional que requiere. Ya el deporte no es sólo músculo y sudor. Las estadísticas indican que, de no ser por algo extraordinario, ella debe ser medallista”.
Duany agrega al respecto que “a este nivel cada detalle cuenta. Vamos a competir contra los mejores del mundo y ellos seguramente también tienen su plan. Lo primero será clasificar a la final. Ahí veremos qué pasa”.
Caterine mide 1,81 y pesa 71 kilogramos. Su blanca sonrisa y su voz suave contrastan con la fiera que corre rumbo al pozo de arena para saltar. “A la gente le pido que confíe en mí, que voy a dejar todo. Si me supero a mí misma quedaré satisfecha, porque con eso habrá opción de medalla”, agrega antes de partir para su última práctica previa a la competencia, en la que se estrena el estadio Olímpico, escenario que hasta ahora solamente había acogido a la inauguración. Allí, con la antorcha encendida como testigo, Ibargüen buscará la consagración. Intentará cumplir su anhelo desde que se metió en el deporte y dejar atrás a la niña humilde y pobre que nació hace 28 años en Apartadó, para convertirse en la nueva reina del deporte en Colombia. Un oro sería su coronación.