Chris Froome, el chico bueno que no enamora

Risueño y tranquilo, el británico no ha podido ganarse el cariño de la afición del ciclismo, que prefiere a Contador, Quintana y Nibali.

El británico Chris Froome tiene 30 años y ha ganado dos Tour de Francia. / AFP

Durante el Tour de Francia, que terminó el domingo con el título para el británico Chris Froome, una radioestación francesa realizó una encuesta según la cual, además de los pedalistas locales, el español Alberto Contador, el colombiano Nairo Quintana y el italiano Vincenzo Nibali eran los preferidos de la afición.

A pesar de ser un hombre decente, amable, risueño y tranquilo, el doble campeón del Tour (2013 y 2015) no ha podido ganarse el cariño de la gente. De hecho, durante esta edición tuvo que soportar, además de los ataques de sus rivales, agresiones e improperios de los aficionados que lo acusar de doparse, de utilizar un motor en su bicicleta y hasta de recibir beneficios de la Unión Ciclística Internacional. Pero lo cierto es que con todos los controles que se realizan durante la temporada y con la vigilancia especial en las competencias, las ventajas extradeportivas resultan cada vez menos frecuentes.

Tampoco cabe duda del profesionalismo y la disciplina del británico nacido en Nairobi, Kenia, hace 30 años, pues allí trabajaban sus padres, un agente turístico y una fisioterapeuta.

Vivió toda su infancia en ese país y se enamoró de la bicicleta de montaña, hasta que a los 14 años se trasladó a Sudáfrica, en donde se hizo profesional. “Veía el Tour por televisión y soñaba con correrlo algún día, así que me puse a entrenar todas las mañanas en la carretera antes de ir a la escuela, en Johannesburgo”, cuenta el líder del Sky, equipo al que llegó en 2010. Antes estuvo en el Konica Minolta y en el Barloworld, en el que fue compañero del colombiano Mauricio Soler.

Claudio Corti, actual técnico del Team Colombia, lo dirigió y le recomendó irse a correr a Europa: “Tenía las condiciones y la actitud, una disciplina a toda prueba. Verdaderamente se merece todo lo bueno que le está pasando”, explica el entrenador.

Y si a esas cualidades se le suma que cuenta con el respaldo de una de las mejores escuadras del mundo, pues Froome es prácticamente imbatible.

Tal vez es esa condición de poderoso la que le impide meterse en el corazón del hincha del ciclismo, generalmente pasional e inclinado hacia los pedalistas aparentemente más débiles o con historias conmovedoras y de superación.

El público francés, además, le tiene recelo. Por ser inglés y porque dos veces ha llegado vestido de amarillo a París, algo que no consigue un pedalista galo desde 1985, cuando lo hizo Bernard Hinault.

“No puedo decir que es mi amigo, está claro que en la carretera somos rivales, pero es una persona amable, cordial y cálida”, reconoció Nairo Quintana, quien se ha acostumbrado a tenerlo al lado en el pelotón.

Froome, quien mide 1,86 metros y pesa 67 kilogramos, ya ha hecho historia en el ciclismo, pero es modesto y advierte que en un alto porcentaje lo ha logrado gracias a su equipo. “Soy una ficha más, una importante, sí, la que tiene la responsabilidad de terminar el trabajo, la que no puede fallar”.