Aldemar Reyes, el heredero del legado de Mauricio Soler

Es uno de los máximos representantes de la estirpe boyacense en la escena del ciclismo nacional. Ha participado en el Tour de l'Avenir y la Carrera de La Paz, fue fichado por el Manzana Postobón y está próximo a viajar a Europa para correr La Vuelta a la Rioja.

/ Archivo particular

Era 17 de julio de 2007, Mauricio Soler tomaba la última curva del mítico Galibier, cientos de aficionados golpeaban las barandas a lado y lado de la carretera, el dolor físico se confundía con la gloria en una sonrisa que se dibujaba en su delgado rostro y, luego de más de cincuenta kilómetros de fuga en solitario, se proclamaba victorioso en la novena etapa del Tour de Francia.

En Ramiriquí (Boyacá), su pueblo natal, unos se abalanzaban emocionados sobre las pantallas de los televisores para ver lo hecho por su coterráneo y otros, como en los 70, seguían la transmisión en la radio mientras los pitos de los carros vitoreaban, las personas se abrazaban, las mechas ardían, las cañas volaban y la pólvora estallaba en el parque municipal.

Probablemente, nadie allí ha olvidado la histórica jornada del pedalista boyacense, pero de seguro, nadie la recuerda con el cariño que lo hace Aldemar Reyes Ortega, pues fue ese el momento, cuando apenas tenía 12 años, en el que motivado por un sentimiento de infinita admiración decidió que la bicicleta sería su compañera de vida, aun cuando por aquel entonces no contaba con una propia.

En la casa la única bicicleta que había era la que el padrino de su hermano Yeison le había regalado a su ahijado, así que Aldemar ofreció comprársela con unos ahorros que sumaban más o menos cuarenta mil pesos y empezó a salir con ella por las carreteras aledañas. “Fue una ‘bobería’ de niños” recuerda entre risas.
Días más tarde, contagiado por la fiebre que se vivía entre los jóvenes de la región por el ciclismo, se vinculó a la escuela de formación dirigida por Omar Soler, el hermano de Mauricio Soler.

Salía todos los días a las cinco de la mañana con sus compañeros de equipo y recorría las sendas empinadas de la comarca, llegaba a la casa hacia las siete de la mañana con el tiempo justo para alistarse y salir a estudiar, no sin antes recibir la bendición de su mamá.

Reconoce que la rutina era exigente: “a veces yo llegaba muy cansado a clase”. Sin embargo, sabía que no podía descuidar su estudio pues su familia y él estaban acostumbrados a las buenas notas y sus salidas en bicicleta dependían en buena medida de ellas. Pero un día, ya cuando el agotamiento llegó a su límite, sucedió lo que Aldemar temía, perdió una materia y su mamá le prohibió seguir entrenando.

Varios días pasaron sin que pudiera montar en su bici, hasta que la profe Olga, preocupada porque lo veía triste, le preguntó qué le pasaba y se enteró de la situación. Ella, que conocía del esfuerzo que Aldemar hacía a diario para sacar las dos cosas adelante, fue a hablar con su mamá para hacerla ver el error que cometía y se comprometió con ella: “si en el próximo reporte de notas le va mal, yo misma voy y lo saco”.

Así, Aldemar volvió a entrenar en las montañas de la cordillera Oriental, sin que las temperaturas inferiores a 10 C°, las lloviznas en lo alto de la cima, la alta nubosidad o niebla densa le preocuparan, todo lo contario, lo hacían más fuerte.
Poco después vinieron clásicas y circuitos municipales con la escuadra Lotería de Boyacá, en las que pudo destacarse sobre todo por sus condiciones de escalador y prepararse para la que sería la carrera que lo daría a conocer en la región.

Se trataba de la edición número 44 de la Vuelta de la Juventud en Venezuela 2013, competencia a la que debió asistir con una bicicleta prestada por el ex ciclista y entrenador oriundo de Sogamoso, Rafael Acevedo Porras, pues la suya no cumplía con las condiciones apropiadas para la exigencia del circuito.
Familiares y conocidos seguían desde Ramiriquí su participación en territorio venezolano y Aldemar respondía con figuración en casi todos los días de competencia. En la primera jornada evitó el desgaste, como quien prevé que necesitará energía para las próximas salidas; en la segunda y tercera, se adjudicó la victoria, con finales en el parque Glorias Patrias de Mérida y en la Plaza Bolívar de San Simón; en la cuarta se impuso en la contrarreloj individual, demostrando que es un ciclista integral y en la sexta y última etapa le quitó el liderato a su compañero de equipo Yors Santofimio.

Se trató de “una estrategia”, le dijo al terminar la carrera al Diario La Nación de Venezuela. Había que evitar que “nos quitaran el renglón de la regularidad, de allí que tuve que dejar regado a Santofimio”, que terminó en el segundo lugar, a una diferencia de 17 segundos en relación suya.

Con su triunfo, su tierra volvía a sentir el orgullo que un día él mismo sintió tras ver la brillante actuación de Don Mauricio Soler, como él lo llama, su tierra volvía a salir a las calles para recibir a la que ya no era una promesa sino una realidad del deporte que más gloria le ha traído a la región, su tierra volvía a aplaudir el esfuerzo y la humildad, su tierra volvía a creer.

Para su recibimiento, el alcalde del municipio improvisó una radiotón para recaudar dinero entre los habitantes de la región y comprar una bicicleta digna de las competencias de alto nivel a las que Aldemar asistiría posteriormente. La jornada fue todo un éxito, los aportes de la comunidad sumaron ocho millones de pesos, y el pedalista que acababa de coronarse campeón en suelo extranjero pudo escoger la máquina que, dentro del presupuesto, se acomodara mejor a sus condiciones.

“Ese día estaba mi mamita, mi papá y mis hermanos, yo no me lo esperaba” recuerda Aldemar mientras levanta su taza de café, en la única panadería del centro de pueblo que estaba abierta el domingo de nuestro primer encuentro. “Para mi hermano fue un poco difícil cuando le tocó hablar, porque él es muy tímido, la gente quería escuchar—El día que gané la primera etapa fue así y así, en la segunda paso esto y lo otro—y él lo único que dijo fue —No pues gracias a Dios me sentí bien y en las etapas que me favorecían pude hacer diferencia—y ya, no dijo nada más” cuenta su hermano Yeison, también ciclista.

Pero con Aldemar pasa lo que Mauricio Silva Guzmán en su libro Enséñame a ser héroe dice que pasa con Nairo Quintana, “la economía de sus palabras es la más elocuente definición de sí mismo […] él solo quiere hacer su trabajo y hacerlo bien”.
Aldemar pasaba por el que hasta entonces había sido el mejor momento de su carrera cuando la vida le dio sorpresivamente el mayor de los golpes, el 15 de agosto del 2013, el mismo día que cumplía años su hermana menor, su madre partió para siempre a causa de un derrame cerebral.

“Eso fue cuestión de un día” dice su hermano Yeison, mientras fija su mirada en un punto del asfalto contiguo al andén en donde conversábamos. Las dos mujeres de la familia Reyes Ortega se levantaron temprano, como ya era costumbre, y de repente, un dolor intenso se apoderó de la que para Aldemar siempre fue su más grande apoyo. Entonces llamaron a Don Juanito, un taxista de confianza, para que trasladara al hospital del pueblo, ubicado a casi dos kilómetros de la casa, a su ‘madresita’ querida, como él la llamaba. Horas más tarde fue remitida a la ciudad de Tunja y ya cuando caía la noche y los cuatro hermanos se disponían a dormir, ocurrió la tragedia.

Desde entonces, en su hogar, las cosas nunca volvieron a ser las mismas, ahora él y su hermano Yeison, bueno, su hermano más que él, se dedica a cocinar para la familia, “a nosotros nos enseñó una tía que venía a trabajar aquí, […] las diferencias son muchas porque antes nosotros llegábamos de entrenar y mi mamita nos tenía todo, ahora cuando llegamos nos toca hacer a nosotros” dice Yeison, acongojado.

Aldemar le colabora a su papá, Don Siervo Reyes, agricultor y comercializador de frutas, con las tareas que haya que hacer y con algunos gastos, “pero a mi papá nunca le ha gustado que Aldemar ponga plata para el mercado porque él quiere mantenernos hasta donde pueda” dice Yeison.

Pero es que Aldemar ayuda por vocación, basta con recordar la vez en la que en compañía de su hermano visitó la tienda en donde su tía vende miel, cerveza y galgerias y conoció a un niño al que sus papás no tenían como comprarle el uniforme para que fuera a estudiar y sin pensarlo él se lo regaló.

Tal vez, así como la costumbre de ir a misa todos los domingos a las dos de la tarde, heredó de su madre la sensibilidad y generosidad que lo hacen vulnerable ante cualquier necesidad ajena, o tal vez, ni siquiera es consciente de lo que ha hecho y solo actúa como cree que es correcto, no sé, lo cierto es que el don de humanidad es probablemente la virtud que más tiene para admirar.

Uno de los más grandes sueños de su familia, era que al llegar a la categoría Sub23, Aldemar saltara a un buen equipo y empezara a figurar entre los mejores ciclistas de Colombia y así fue, en el año 2014 se vinculó al GW–Shimano Chaoyang–Kixx–Envía–Gatorade, equipo antioqueño dirigido por el técnico Óscar de J. Vargas.

La reconocida escuadra, le suministró a su entrada uniformes, medias, zapatillas, cascos y bicicletas, además de una remuneración económica, la vida le sonreía de nuevo. “Y pensar que cuando inició debió utilizar el mismo uniforme casi durante dos años” recuerda Yeison.

El reto más grande, por su enorme exigencia, era la Vuelta Colombia, la altimetría del trazado sugería que serían los pedalistas más completos quienes se alzaran con la victoria.
La primera buena noticia que se tuvo de su participación en la 64º edición de la ronda cafetera, llegó tras completarse el trayecto de 123.2 km entre Barbosa-Santander y Tunja Boyacá, correspondiente a la tercera etapa. Deportetotalusa.com anunció: “Aldemar Reyes llegó a su tierra a reclamar la camisa Sub 23 de la Vuelta a Colombia”.

Dos días más tarde al finalizar la quinta y más larga etapa del certamen con 202 km de recorrido, Vavel.com informó: “Aldemar Reyes del Gw Chaoyang es el líder de la categoría Sub-23, además de ser el mejor novato de la competición”.
Al día siguiente Fedelian.com titulaba “Aldemar Reyes, el mejor novato de la Vuelta a Colombia hasta ahora” tras subir al podio y recibir por quinto día consecutivo la camisa rosa. Todo era emoción.

Sin embargo, los días que vinieron después no fueron los mejores, varios errores lo llevaron a perder el liderato de la categoría Sub23. Y recuperar el tiempo que había cedido en la marcha de una competencia del nivel de la Vuelta Colombia, no era nada fácil.

Llegaba el noveno día de competencia con un sabor especial, ese día, su mamá cumplía un año de fallecida, “hoy la etapa es por mi mamita” pensó desde que se levantó. El recorrido de 183 km, incluía el ascenso al Alto de las Minas con meta tras el descenso y posterior repecho de La Estrella. Aldemar tenía claro desde el principio que si quería recortar tiempo con respecto a los clasificados en la categoría Sub23, la rueda eran los élites, “era una subida durísima, yo estaba molido, pero pensaba en mi mamita, decía —vamos que si se puede, vamos—“. Y es que en esos momentos como dice Nairo Quintana en la crónica Nairo Sale a entrenar (y el escritor Ricardo Silva Romero lo persigue) “es más importante la cabeza que las piernas”.

Terminó octavo en la clasificación de la etapa, fue el único de su categoría que soportó el paso de los élites en el ascenso de “cuarentaipóngale” de kilómetros, como dice su hermano; recuperó la camisa de líder de la Sub23 y se ratificó como el mejor novato de la competición.

Su debut en el certamen nacional fue aplaudido por aficionados y expertos que reconocieron en Aldemar un talento potencial en proceso de formación. La Federación Colombiana de Ciclismo, título: “Aldemar Reyes, una promesa que despunta en el presente” y agregó que el boyacense dejó una grata impresión al ser el deportista más destacado entre los novatos y también coronarse como el mejor en la categoría sub 23.

Terminó su temporada en el 2014 y tras un corto descanso, retornó a las carreteras que lo vieron crecer en su natal Ramiriquí.
“A él le gusta mucho subir hasta el Bijagual, allá es donde va recapacitar” dice entre risas Yeison. Esto porque según él, cuando no le va bien en una competencia, madruga al siguiente día a entrenar en el páramo.

Y es que es tal vez la ruta que más veces ha recorrido, a Aldemar se le ve tranquilo arriba de la bici, disfruta, se divierte; representa la alegoría del escarabajo disciplinado, obstinado y ambicioso.

Pedalea con soltura a pesar de los más de 2.500 msnm del terreno, mientras toma con fuerza los manillares de la máquina; lleva un casco blanco que resalta con su tez morena, gafas deportivas, uniforme negro, rojo y blanco, medias blancas y rojas y zapatillas blancas; la sensación térmica es de más o menos 5°C; la niebla abraza las montañas que se alzan a lado y lado de la carretera; el cielo se cubre con una manta de nubes grises y deja caer las primeras gotas de lluvia; Aldemar suelta el manubrio y apunta su casaca blanca sin que la frecuencia de la rotación de sus piernas se afecte; los animales permanecen casi inmóviles con el hocico pegado al pasto y las casas a la orilla de la vía contemplan en silencio el ímpetu de esta raza. Y es que hay que reconocer, que tienen algo especial “Somos una raza muy fuerte y sobre todo, las cosas que se propone un boyacense las logra” dice con firmeza Mauricio Soler.

El imponente paisaje que acompaña su constante pedaleo, sugiere un cuadro que llama al patriotismo. Por un lado, la diversidad de ésta tierra, y la naturaleza trabajadora de su gente representada en una gran colcha de retazos verdes que descienden de las faltas de las montañas: verde cazador, verde bosque, verde helecho, verde espárrago, verde malaquita, verde vidrian, verde safari, verde hoja, verde seco, entre otros; más de 150 especies de dicotiledóneas, 7 de helechos, 5 de musgos, 7 de hepáticas y 9 de líquenes; abundantes plantaciones de pino y eucalipto y cultivos de papa, cebolla, arveja, maíz, y frutales como curuba y manzana. Y por otro lado la entrega de un pedalista persistente que a diario recorre cientos de kilómetros con la única ilusión de darle un triunfo a Colombia en El Tour de Francia, el “máximo concierto del pedal” diría el narrador Rubén Darío Arcila.

Ya en la cima, Aldemar hace una seña que indica que va a devolverse, pero antes para y conversa un poco, su cara amable no revela mayor signo de cansancio, “hoy fue suavesito, me he sentido bien” dice, me da indicaciones de donde queda su casa, acordamos hablar más tarde, nos despedimos y se lanza en el descenso.

Su figura delgada, de 56 kilos y 1.70 de estatura se pierde entre las curvas de la carretera mientras el conductor hace su mayor esfuerzo por alcanzarlo, balancea su cuerpo para darle dirección a la máquina, supera los pequeños tramos destapados con la habilidad que solo otorga la experiencia, y vuelve a escabullirse a una velocidad promedio de 70 km/h.

Caía el día, eran las tres de la tarde y las campanas de la iglesia retumbaban en los oídos de quienes transitaban las calles céntricas del municipio, él se asomó por la puerta del lugar en donde lo esperaba, tranquilo, casi inexpresivo.
— ¿Qué se les ofrece? Preguntó la señorita que atendía el lugar, con amabilidad.
—Para mí un cappuccino sin licor, por favor.
—Para mí igual, respondió él.

Le pregunté sobre el descenso de la mañana, recordando que en el primer encuentro me había comentado del temor que sentía en la bajada desde que en un entrenamiento se cayó a más de 60 km/h en un sector conocido como “El Recreo” en Ramiriquí, me respondió que se había propuesto bajar con fuerza en esas carreteras que ya conocía para volver a ganar seguridad “yo dije –si no bajo bien en estas que ya conozco, en las otras menos”. Hablamos de la exigencia de sus entrenamientos, que en ocasiones superan las 7 horas de duración, de sus variados gustos musicales y de las abismales diferencias que hay en el manejo y formación de deportistas en Antioquia, en donde se concentra su club, y Boyacá. “Es que allá todo es muy organizado, acá no” dice Ademar decepcionado.

En cifras, según lo que indica el Pan Plurianual de Inversiones Antioquia y la Proyección presupuestal de Rentas, Gastos y Recursos de capital de Indeportes Boyacá; en infraestructura, por ejemplo, Antioquia destinó para el año 2015 $1.546.665.120 mientras que Boyacá proyectó para este año $600.000.000 y, en el tema de Asistencia, apoyo y mejoramiento del deporte de altos logros, el departamento de Antioquia prepara una inversión de $10.140.000.000 para el apoyo social, educativo, económico técnico, médico y logístico de los deportistas, el solvento de las ligas con presencia en las regiones del departamento y la participación en eventos nacionales e internacionales, mientras que Boyacá indicó que la inversión para la preparación técnico científica de las selecciones departamentales, la contribución económica a los deportistas priorizados y la participación del departamento en los Juegos Nacionales será de $4.942.100.000.

La comparación puede no ser del todo proporcionada por las condiciones de las dos regiones, pero lo que es innegable es que el buen rendimiento de los deportistas boyacenses en disciplinas como la gimnasia, el taekwondo y el ciclismo en sus diferentes modalidades, exige una mayor atención por parte de los dirigentes locales, departamentales y estatales. “A nuestro departamento le han criticado mucho que tenemos todos los potenciales para tener el mejor ciclismo del país, pero carecemos del apoyo constante” reconoce el Metodólogo de Indeportes Boyacá, Próspero Chaparro.

Así, aunque es de aplaudir la iniciativa de la Ordenanza que se implementó este año y que le asegura recursos al ciclismo, la tardía intervención y el vació de los últimos años, deja la sensación de que tal vez muchos jóvenes en el pasado tuvieron que renunciar a su sueño por falta de apoyo.

Son 3.250 salarios mínimos vigentes anuales los que estarán dirigidos al fortalecimiento del deporte pedal. Sin embargo, “estos recursos no son de iniciativa nacional, sino departamental” dice, Próspero Chaparro.

—Entonces, ¿qué pasa con los recursos que desde Planeación Nacional le son destinados al sector Recreación y Deporte?
—Lo que pasa es que los planes son muy bonitos escritos pero en realidad el Gobierno Nacional no está financiando casi nada, escasamente adelanta campañas de estilos de vida saludable y el programa de Supérate… pero digamos que a este tema del ciclismo, le están invirtiendo es al Team Colombia, pero eso es allá, Team Colombia

—Lo que pasa en ese equipo es grave…
—Si es grave, pero los ciclistas se lo comentan a uno y nada más y se salen de allá porque no soportan el trato, el abandono por allá en otros países, escasamente los llevan a comer pero no hay ningún acompañamiento adicional, el sistema que se está utilizando de llevarlos a vivir allá desde febrero no es el mejor mecanismo porque llegan a una temporada de invierno en donde no pueden entrenar y no pueden alcanzar su forma deportiva.

Por su parte en el municipio de Ramiriquí, la administración del Alcalde Moisés Aguirre, viene adelantando desde el año 2012 un programa destinado al apoyo de ciclistas, primero con el equipo Provimar y luego con las categorías juvenil y pre-juvenil del equipo Ramiriquí Obras de Verdad, afiliado a la Liga de Boyacá y a la Federación Colombiana de Ciclismo, que ha conseguido títulos importantes a nivel departamental y nacional.

Los pedalistas reciben por parte del departamento los desplazamientos a las diferentes competencias, uniformes convencionales y de contrarreloj, zapatillas, guantes, medias, sudadera de presentación y entrenamientos en el velódromo de Duitama para la fundamentación. En el 2014, “se invirtieron 45 millones de pesos del presupuesto municipal que es prácticamente el 60% de lo que se le invierte a todo el deporte durante el año” dice el Alcalde Moisés Aguirre.

Los esfuerzos son grandes, y talento es lo que sobra en esta región, así que mientras que las condiciones mejorar, muchos jóvenes como Aldemar, como su hermano Yeison, o como todos los que se inician en el profesionalismo deportivo seguirán entrenando para mejorar sus condiciones y despertando la ilusión de un pueblo entero, incluido el que fuere su mentor y ejemplo a seguir, Mauricio Soler: “Yo veo a Aldemar corriendo un Tour de Francia y ganando cosas muy grandes, por lo pronto aspiro a que esté en el top 10 de la Vuelta a Colombia de este año”.

 

últimas noticias