Alex Gil ganó de principio a fin la Vuelta a Antioquia de la pandemia

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El ciclista del equipo EPM se impuso en las tres etapas y se quedó con el título de la edición 47 de la prueba más importante del departamento.

Más allá de los tapabocas que dificultaron el trabajo de reconocer al ciclista, esta Vuelta a Antioquia 2020 se caracterizó por volver al suroeste del departamento, al paso habitual por La Pintada, su calor sofocante y su famosa torta de pescado, y de regresar a Caramanta, un pueblo enclavado en las montañas y donde el frío acusa al uso de ruana, donde el poeta Robinson Quintero se dedicó a construir una prosa en la que predomina el carriel del arriero y el perro que descansa plácido en la aceras de una población cálida por sus gentes y de vida despreocupada.

Allí, en plena plaza principal, donde hay una ruana enorme, ganó Alexander Gil la tercera etapa que en realidad fue la segunda (no se disputó la primera por inconvenientes con los permisos de las vías), un día antes de imponerse en la contrarreloj final que lo dejó como campeón de la edición 47 de una carrera en la que se recordó, por lo tosco y complicado del recorrido, a Ramón Hoyos y sus travesías, al ciclismo de hazaña, de ir para adelante sin importar nada más con neumáticos en el torso como bandas presidenciales.

Y de terrenos angostos, de vías en las que la maleza intenta recuperar terreno y de colores, porque Antioquia es muy colorida en sus montañas (verde enebro, cartuja, pino, entre otros) y también en las casas de municipios en los que el tiempo va a otro ritmo y no hay afanes de nada.

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Pero volvamos a Alexander Gil y el paso del corredor de Marinilla, que siempre estuvo por delante, que en el ascenso a Betania (sí, todo en esta carrera fue ir para arriba) atacó en los últimos kilómetros y cruzó la meta por delante de Aldemar Reyes y Danny Osorio. Ese día, el antioqueño de EPM se puso la camiseta de líder y ya no se la quitó más, pues ganó en Caramanta (no conocía la subida) y este viernes en Jericó, en una contrarreloj de 21 kilómetros en la que solo él y Sebastián Castaño bajaron de la hora (59:12).

Osorio, ganador en 2017 de la Vuelta a Antioquia que terminó en el Urabá, fue segundo en la general, mientras que Fredy Montaña, el hombre de Aquitania, el pueblo de la cebolla en Boyacá, cerró el podio de una cita en la que hubo espectáculo y ciclismo puro sin importar la falta de ritmo de muchos, el dolor en las piernas de otros.

“La verdad es que el equipo me ayudó bastante y me sentí cómodo en un recorrido muy duro y que te quema”, dijo el ganador, un pedalista alto, magro, de pies grandes y que cuando va en su bicicleta tiene un vaivén peculiar y muy efectivo.

Ahora, con la segunda prueba del calendario superada, se viene la Vuelta a Colombia y el Clásico RCN, las citas más importantes del calendario.

*Invitado por la organización

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