El Tour de Francia, una vez más escenario de dopajes

El español Manuel Beltrán abrió el capítulo negro del máximo certamen del ciclismo, el del dopaje, el mismo que arruinó las dos pasadas ediciones y que acabó con buena parte de la credibilidad de este deporte.

Su positivo por EPO, una sustancia que permite recuperar a los deportistas tras los grandes esfuerzos, apareció en su muestra A, recogida durante la primera etapa, disputada el pasado sábado entre Brest y Plumelec, en la que Beltrán, que a sus 37 años está en el ocaso de su carrera, entró en el puesto 25.

Sin esperar al resultado del contra-análisis, el Liquigas expulsó del Tour a Beltrán para no tener que irse al completo. Esa es una de las condiciones que la ronda francesa impuso a todos los equipos antes del inicio de la prueba. El Tour no quiere sospechosos ni un día sobre sus carreteras y, por eso, impuso a los equipos que excluyan a los ciclistas a la mínima sombra de duda.

La organización respaldó al Liquigas, le mantiene en carrera y, con su purga, da por cerrado, al menos por el momento, un caso tan embarazoso como extraño. De paso, mostró su satisfacción con el flamante dispositivo antidopaje puesto en marcha esta edición organizada al margen de la Unión Ciclista Internacional (UCI) , con la quien mantiene un sonoro conflicto.

La Agencia Francesa de Lucha contra el Dopaje (AFLD) , encargada de los controles, había detectado niveles sanguíneos anormales en las muestras recogidas a Beltrán los pasados días 3 y 4, justo antes del inicio de la carrera en Brest. Por eso, el ciclista jienense estaba en el punto de mira de los controladores, dentro de su programa de hacer menos análisis pero más pertinentes.

Beltrán pedirá que se haga contra-análisis, su último clavo ardiendo para no ser despedido del equipo. El Liquigas ve, además, como su presencia en la Vuelta a España queda en entredicho, porque el director de la carrera, Víctor Cordero, aseguró que le retirará la invitación si se confirma el positivo del corredor.

El ciclista fue detenido y sacado de su hotel, situado en la localidad de Le Rouget, a unos 20 kilómetros del final de etapa en Aurillac, donde acudió una unidad de la gendarmería francesa especializada en la lucha contra el dopaje pertrechada con perros adiestrados.

Beltrán deja el Tour tocado de dopaje y lleno de interrogantes, porque nadie en la caravana se explica por qué un ciclista de 37 años, que afirmaba que su única pretensión era ayudar a los jóvenes de su equipo a ganar alguna etapa, tomó una sustancia como la EPO que está desde hace años en el disparadero de la lucha contra el dopaje.

El Tour aprovechó para afirmar que “deplora que ciertos corredores irresponsables no hayan comprendido todavía que la determinación para luchar contra el dopaje es total y que un cerco se cierra sobre ellos”. La ronda francesa considera que los positivos de los últimos años son todos corredores veteranos, criados en una época que ya ha pasado, acostumbrados a acudir a sustancias ilícitas y que no han comprendido que los tiempos han cambiado. Sólo así se explican que un veterano como Beltrán haya dado positivo.

El ciclista andaluz pone un negro punto a su carrera forjada como gregario de lujo en la montaña de grandes campeones como el séptuple ganador del Tour Lance Armstrong. Chistoso, divertido, siempre dispuesto a la broma, devorador de galletas, lo que le valió el sobrenombre de “el Triqui”, en referencia al monstruo de las galletas de la serie infantil “Barrio Sésamo” , Beltrán era uno de esos ciclistas que hacen grupo.

Sin embargo, en dos ocasiones estuvo a punto de quedase sin equipo. En 2003 fue rescatado, 'in extremis', por el US Postal de Armstrong y a principios de esta temporada estaba barajando la posibilidad de retirarse cuando llamó a su puerta el Liquigas.

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