Carolina Munevar, la ciclista de la pierna de oro

Ha superado grandes obstáculos. Su vida es claro ejemplo de la perseverancia y dedicación que debe tener día a día un profesional.

Carolina Munévar, ciclista colombiana.Nelson Sierra - El Espectador

Lo que empezó siendo una distracción o la razón por la que podía salir más de su casa, terminó siendo para Carolina Munévar una profesión que ha llenado de orgullo a todo el país. De su padre heredó las ansias de montarse en una bicicleta y de su madre la necesidad de nunca rendirse.

Carolina Munévar ha librado grandes batallas en su vida. Hace diez años buscó la oportunidad de entrar a la escuela de ciclismo Rafael Antonio Niño, en Boyacá. Participó en varias competencias departamentales y dos veces en la Vuelta Nacional del Futuro, pruebas que fueron determinantes en su carrera. La última que realizó fue en el 2013 y en ella logró quedar entre los diez primeros, lo que le dio la esperanza necesaria para seguir intentándolo todo en la profesión. No llevaba mucho tiempo buscando la oportunidad de triunfar como ciclista convencional cuando tuvo que empezar otra vez de cero por un infortunio de la vida.

En 2014, Munévar estaba estudiando agrobiotecnología en el Sena de Duitama (Boyacá). Para eso tuvo que trasladarse a vivir con sus abuelos maternos en Tibasosa, municipio que queda alrededor de 30 minutos en carro del lugar donde estudiaba. El trasporte preferido y escogido por ella siempre ha sido la bicicleta. El 23 de abril del mismo año, aproximadamente a las 5:00 p.m., mientras se trasladaba para ir a la casa de sus abuelos, sintió un estruendo en su cuerpo. Una tractomula la atropelló. Era el Día del Idioma, lo que significaba que había muchas personas a su alrededor, lo único que ayudó para que el conductor lograra parar antes de seguir en marcha.

Después de encontrarse entre la vida y la muerte, el resultado del accidente fue una pierna amputada. ¿Cómo darle fuerza a la familia? ¿Cómo seguir soñando con ser una ciclista profesional? Esas eran algunas de las preguntas que debía resolver mientras se encontraba en la clínica. “A mí me marcó mucho el accidente. Fue muy duro estar consciente de lo que me había pasado. Cuando me amputaron el pie no sé de dónde saqué fuerzas para darles también ánimo a mis padres. Es muy duro que su hija pierda una parte de su cuerpo”.

El técnico José Castro fue el primero que le habló de otra alternativa. Ella, que pensaba que debía abandonar el sueño de ser profesional con su bicicleta, recuperó la esperanza cuando este entrenador le habló del paraciclismo. No tardó mucho en buscar la manera de fortalecer su cuerpo y su mente para empezar a asumir otro reto.

Después de pasar tiempo en su recuperación, Carolina se montó de nuevo en una bicicleta. “El primer día que fui a entrenar con mi papá fue como el primero en que me monté en la bicicleta. Cuando empecé a pedalear, él iba corriendo detrás de mí para que yo no me cayera. Fue como volver a empezar”.

Otra vez tenía en su mente la meta de competir con grandes profesionales, pero con la diferencia de que debía empezar a correr con la fuerza de un solo pie. Se demoró un tiempo para salir a entrenar en la calle. Mientras cogía la confianza para sentir el asfalto bajo su bicicleta y reconocer que el sonido de los carros no significaba peligro, debió empezar a crear confianza en sí misma que le permitiera salir sola con su otro compañero de entrenamiento y no siempre con su padre y preparador. Al entrenar buscaba todo los días que el recuerdo de su accidente sólo fuera una excusa para superarse día a día.

No había obstáculos que no pudiese superar. Lo más duro, agrega, ya lo había pasado. Lo que seguía era mejorar sus propios registros, ser no sólo una gran profesional en el ciclismo sino una gran persona. Retomó sus estudios, pero esta vez en ingeniería ambiental. Munévar asegura que es necesario, para el bien de toda la humanidad, no sólo tener una profesión que haga feliz a cada quien, sino que pueda aportar al bienestar de todos.

Entre todas las carreras en las que participó no se demoró mucho en llegar a las grandes competencias. En los Juegos Paralímpicos de Río 2016 fue la primera colombiana en llevarse un diploma, tras quedar de quinta en la prueba de persecución. Este año, en el Mundial de Sudáfrica, Daniela Carolina Munévar cumplió una parte de lo que siempre había soñado: colgarse en su pecho una medalla de oro.

Con tan sólo 22 años demuestra que la fuerza que un profesional debe adquirir no se basa sólo en el acondicionamiento físico, sino también en la capacidad mental que tienen todas las personas para superarse a sí mismas.