Cochise, el inolvidable campeón

El exciclista antioqueño Martín Emilio Rodríguez dominó en la década de los 60, cuando logró cuatro títulos de la Vuelta a Colombia. Cincuenta años después de su último campeonato mantiene el carisma que siempre lo acompañó y por eso la gente lo recuerda con pasión.

Martín Emilio Cochise Rodríguez es la imagen del equipo Coldeportes Zenú. / Mauricio Alvarado - El Espectador

Martín Emilio Cochise Rodríguez es uno de los hombres más carismáticos del deporte colombiano. El exciclista se toma su tiempo para saludar a la gente que lo reconoce. Cuando sale a entrenar en su bicicleta, un recorrido de una hora se puede convertir fácilmente en uno de dos o tres. Porque a su edad ya no se toma las cosas con afán, todo lo hace con parsimonia y se demora lo que se tiene que demorar. En ocasiones lo apuran y simplemente se limita a contestar: “Hay que complacer a quien se quiere tomar la foto conmigo”.

Toda esta fama se inició con pedalazos fuertes y dedicación. En sus primeros siete años como ciclista profesional se coronó en cuatro oportunidades líder de la Vuelta a Colombia (1962, 1963, 1966 y 1967). En esa época la gente se agrupaba masivamente en la carretera para ver pasar al pelotón y disfrutar del espectáculo que ofrecían los pedalistas, con ataques largos y contundentes, sin mirar atrás, superando carreteras destapadas y trochas. “Eso nos obligó a poner tubulares gruesos. Las bicicletas eran pesadas. Cuando había pantano, la bicicleta se llenaban de barro y eso nos quitaba tiempo porque la rueda no giraba bien. Eso nos obligó en varias ocasiones a bajarnos y limpiar el tenedor”.

A pesar de los inconvenientes, Martín Emilio Rodríguez siempre se entregó por completo a su profesión. Trabajó fuertemente por lograr el sueño que lo trasnochaba: ganar la Vuelta a Colombia. Para 1963, la primera edición que se llevó, el pedalista antioqueño realizó una concentración un mes antes de empezar la competencia. “Entrenábamos 130 kilómetros diarios para estar en las mejores condiciones. Dormíamos bien, comíamos bien. Esa concentración la hicimos en un sitio subiendo por Boquerón, que queda a 2.300 metros de altura. Descendíamos y volvíamos a ascender allí todos los días. Lo hicimos con Yair Buitrago y Albeiro Mejía”, recuerda.

Gracias a esto llegó con un nivel envidiable a la carrera y lideró 10 de las 16 etapas que se disputaron. No tuvo rival. Cada vez que competía respondía sin inconvenientes a los ataques sin misericordias que le lanzaban. Al final terminó superando a Rubén Darío Gómez por 33 minutos. Sin muchos inconvenientes. A pesar de que no era un escalador nato, se entrenó sin cesar para mejorar en la montaña. Le había quedado la experiencia de la Vuelta de 1962, que perdió con Roberto Pajarito Buitrago. “En ese tiempo era una guerra de todos contra todos. Por eso me hice bueno en todas las especialidades: para lograr mis objetivos”.

Sin embargo, nunca repitió concentraciones. Con el paso de los años cambiaba el método que utilizaba para entrenarse y prepararse de cara a la Vuelta a Colombia. Cada vez buscaba mejorar en el ascenso, “hacíamos intensas pruebas. Una de ellas, que recuerdo muy bien, se basaba en arrancar, frenar y volver a pedalear junta a otro ciclista que fuera más contundente en una subida”. Eso lo hizo evolucionar notoriamente y lo llevó a ser el fenómeno en el que se convirtió. Los entrenamientos los hizo, por lo general, con Javier Amado Ñato Suárez, un escalador excelso que lo ayudó a mejorar en ese terreno.

El constante deseo de ser mejor cada día lo llevó a convertirse en el máximo ganador de etapas en la Vuelta a Colombia, con 39. En la década en la que reinó se acostumbró a ganar de a 10 etapas por edición. Era imparable. Pocos pudieron emularlo. La pasión con la que corría y el amor con el que siempre afrontó este deporte lo llevaron a ocupar uno de los escalones más altos en la historia del deporte nacional.

No obstante, Martín Emilio Rodríguez repite una y otra vez que pudo haber ganado más competencias de las que ganó, si se hubieran organizado en esa época, si hubieran existido equipos y el apoyo que éstos brindan en cada etapa. “No existía una parte táctica para superar con facilidad cualquier eventualidad. En ese tiempo no existía un equipo contundente como lo hay ahora. Se ganaron algunos títulos, pero creo que pude haber ganado más si nos hubiéramos organizado mejor”, recuerda el campeón de los colombianos, el ídolo que puso a latir a mil los corazones de cientos de aficionados nacionales que lo seguían en cada pedalazo.

@J_Delahoz

jdelahoz@elespectador.com