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Tenemos el gran problema de compararlo todo casi por obligación. Bien sea como un mecanismo para entender la realidad o como una necesidad del ego para darnos la razón en algún punto que necesita demostración de conocimiento previo del ejemplo. En el fútbol ya no se puede hablar de Maradona sin Pelé o de Messi sin Cristiano o de Valderrama sin James. Como si cada uno no representara una época o un estilo de jugar diferente, incluso una posición distinta. Cada deporte tiene su análisis propio y uno no se puede referir al ciclismo como si estuviera comentando un partido de balompié o uno de tenis. Pero, dentro de esa mala tendencia de calificar y descalificar a unos y otros fuera de contexto, todos de alguna manera se parecen.
Estamos absolutamente rendidos a los pies de Egan Bernal, como corresponde por la impecabilidad que despliega hasta ahora en el Giro de Italia. A falta de cinco días para el final, cumple una competencia soñada, supremamente bien llevada y con altas posibilidades de ganarla si nada extraordinario ocurre. No hay que ser experto en bielas para entender que su presentación ha sido de lo mejor que hemos visto de corredor colombiano alguno en una de las tres grandes de esta disciplina tan querida por nosotros. Su presentación resume lo que todos queremos ver en un ciclista colombiano, poderoso y resolutivo en la escalada, pero competitivo y sagaz en el llano. Con todas las capacidades para pelear en cualquier terreno y clima, y, además, con el producto completo, declarando en tres idiomas y cuidando su imagen rigurosamente. El embajador que a todos nos hace sentir orgullosos. Todas estas cualidades del nacido en Zipaquirá hace tan solo 24 años, no pueden enfrentarse, como lo estamos viendo a diario, con los logros y la actualidad de otras glorias ciclísticas como Nairo Quintana, quien bastantes satisfacciones nos ha regalado y tan bien nos ha dejado ante el planeta con sus gestas en carreteras europeas. No es posible que se maltrate a un ser humano que ha entregado su juventud y su salud para conseguir sacarnos sonrisas en momentos tan o más difíciles como los actuales.
Quisiera pensar que tanto barro que le están tirando al hijo de Cómbita, a sus 31 años, sea consecuencia de la maldita polarización política del país por algún comentario que realizó el boyacense sobre lo que está pasando y no porque en serio se descalifiquen sus logros. Razonar de otra manera, o analizar la realidad desde otra orilla, no puede ser castigado con tanta vehemencia y crueldad. Las figuras públicas deben cuidarse de sus palabras, porque evidentemente al postearlas en las redes sociales dejan de ser privadas y es un gran riesgo, pero llegar a esas reacciones extremas que hacen daño, y condenar a un prócer de nuestra felicidad como Nairo, es una canallada. Los dos tienen historias similares, vienen de regiones campesinas, nobles y puras. Con familias completas consagradas a ellos y su pedaleo, en eso sí son muy parecidos, pero no es justo que los comparemos sistemáticamente, ni que pongamos a uno por encima del otro.
Bernal existe por Quintana como éste existe por Herrera, Parra, Flórez, Jiménez o Cochise Rodríguez. Es tiempo de aprender a seguir construyendo, sumando ladrillos para acumularlos y formar edificios de esperanza, no pulverizándolos para tirarnos piedras entre nosotros.
