De campeón mundial de esquí a estrella del Giro de Italia: el gran salto de Primoz Roglic

Fue campeón mundial juvenil, pero una aparatosa caída truncó su carrera. En su recuperación tuvo que montarse en la bicicleta. A los 22 años empezó a pedalear en forma y ahora es el gran candidato a quedarse con la ronda italiana. Su historia.

AFP y Twitter.

No les huye a los flashes ni a las cámaras; a la manada de periodistas que aguardan por unos segundos con él en el lobby de su hotel. Sabe que es su momento y no lo va a desaprovechar.

Primoz Roglic es el mejor ciclista de la temporada junto a Julian Alaphillipe. Viene de ganar el Tour de Romandía, la Tirreno-Adriático y el UAE Tour, todo eso sumado a siete victorias de etapa. Y es el máximo candidato a quedarse con el Giro de Italia, que este miércoles seguirá su curso con la undécima jornada, un trazado plano de 221 kilómetros entre las localidades de Carpi y Novi Ligure.

Lo que pocos saben es que a los 21 años el esloveno ni siquiera tenía una bicicleta en su casa, pues su vida giraba en torno a los saltos de esquí. Todo era nieve, cero carretera. En el trampolín de Planica, una de las catedrales de la disciplina, se forjó Primoz, quien se crió en Kisove, a una hora en carro de allí.

En 2007 se coronó campeón mundial juvenil por equipos. Y un año antes había sido subcampeón. Era catalogado como una de las promesas más grandes de su país en los deportes de invierno... hasta que sufrió un grave accidente que le pudo costar la vida, pues tuvo una grave caída. La verdad es que la sacó barata: apenas unas contusiones cerebrales y una fractura de nariz, sumadas a varios problemas musculares.

Roglic le cogió miedo a su vocación, a lo suyo. Nunca volvió a ser el mismo y se dio cuenta de que iba a ser uno más del montón en su disciplina. La recuperación fue larga: le tocó pedalear, ahí descubrió la bicicleta. Y se dio cuenta de que era bueno. Las bondades de las tragedias.

Primoz Roglic, a los 22 años, pasó a ser un ciclista convertido. Cambió los vuelos a noventa kilómetros por hora con los pies en V, los esquíes abiertos, el cuerpo echado para adelante y los brazos anclados al cuerpo, por las bielas. “Aunque nunca pensé que podía llegar tan lejos”, reconoce.

A los 24 años, con apenas dos años encima de la bicicleta, ya tenía papeles firmados con el equipo continental Adria Mobil. Y en 2016, hace tres años, los cazatalentos sacaron de las sombras a Primoz y lo catapultaron al World Tour en el equipo Lotto-Jumbo.

Desde ese momento en el que llegó al máximo escalón del ciclismo, el esloveno ha corrido 27 vueltas por etapas. Ha ganado siete y terminado en otras tres dentro del podio. Y fue top 10 en otras seis. En su hoja de vida registra 18 triunfos de etapas, tres de esas en el Giro de Italia y dos en el Tour de Francia, entre ellas la etapa reina de la edición del año pasado, carrera en la que rasguñó el podio al situarse en la cuarta casilla de la clasificación general.

Primoz Roglic es uno de los corredores más completos del mundo. Con sus 1,77 metros de estatura y 65 kilogramos regulares de peso, es un dotado en las etapas contra el reloj (ha ganado las dos de este Giro de Italia), es un gran escalador, sabe defenderse en las etapas llanas y cuenta con la magia en los descensos a alta velocidad. Nada de miedo.

Porque nunca se olvidó de las maneras aerodinámicas que le enseñó el salto en los esquíes y la gallardía que hoy aplica en las bajadas temerarias en la carretera.

Este Giro de Italia pinta como la carrera de consagración del esloveno, quien aunque fue cuarto en el pasado Tour de Francia, aún tiene que mandarle el mensaje al mundo entero de que sí es un corredor de tres semanas.

¿Qué habría pasado si no hubiera tenido ese accidente en los esquíes? Tal vez sería un desconocido. En la vida hay tragedias con significado.

Thomas Blanco Lineros- @thomblalin