De Efraín Forero a Egan Bernal

Crónica de la increíble historia de nuestro ciclismo, desde la primera Vuelta a Colombia hasta la consagración en el Tour de Francia.

Egan Bernal consiguió el primer título para Colombia en el Tour de Francia.
Egan Bernal consiguió el primer título para Colombia en el Tour de Francia.Fotos: AFP, EFE y Archivo El Espectador

Por un extraño sino que todavía no he podido explicarme, mi vida está ligada al ciclismo nacional y ha transcurrido entre visiones fantásticas que pintó con sus extraordinarias narraciones Carlos Arturo Rueda, el hombre que me enseñó a amar un país fabuloso de paisajes incomparables, de ciudades bautizadas con sobrenombres de embrujo y de héroes de leyenda montados en una bicicleta, hasta el cubrimiento para El Espectador de las grandes vueltas de Europa, de las pruebas nacionales y hasta de las que organizaba Leonidas Herrera.

Era  muy niño cuando llegué con mi familia en un mes de diciembre a Bogotá y apenas unos 25 días después -el 17 de enero de 1.951- fui uno de los que estuvieron presentes en la llegada de la primera Vuelta a Colombia en la que un obrero de la planta de soda de Zipaquirá, Efraín Forero, inició una historia que hace apenas un mes llegó a su punto más alto y estremeció al mundo entero. Mi casa estaba a escasas dos cuadras de la meta en un barrio que se llamaba Ospina Pérez y que hoy se conoce como Muzú.

 
 

Me conmovió y me llegó al alma ver a esos pioneros del ciclismo, flacos, escuálidos, demacrados, embarrados de pies a cabeza (el único que llegó limpio fue el campeón porque subía con tanta ventaja que pudo detenerse en una quebradita cercana al Salto de Tequendama para bañarse). Dos años después vi pasar a Ramón Hoyos ensangrentado porque los capitalinos, hinchas furibundos de Forero, lo recibieron, como se dijo entonces, “con pétalos de piedra”.

Por ello para contar qué pasó desde ese frío enero de 1.951 a este julio caluroso de 2.019 y para saber cómo llegamos a ganar un Tour de Francia apenas necesito acudir de vez en cuando a los libros de historia, a los protagonistas o a los diarios. Casi que me basta acudir a mi memoria que grabó con rasgos indelebles la marcha increíble de los escarabajos hacia la gloria.

De los primeros años, en la década del 50, queda un recuerdo que se pierde entre las sombras: el andariego campeón olímpico de ruta de 1.948, José Beyaert, ganador de la segunda Vuelta a Colombia, se empeñó en llevar un equipo nacional a los campeonatos mundiales de Lugano y luego a la Route de France (una especie de Tour del Porvenir) en la que participaron Efraín Forero, Mario Montaño, Ramón Hoyos, Fabio León Calle, Héctor Mesa y Oscar Oyola. Era tanta la diferencia entre europeos y colombianos que todos los nuestros llegaron fuera de tiempo en la primera etapa. Pero les permitieron correr la segunda y se repitió la historia para sellar con más pena que gloria la primera aventura de los ciclistas colombianos en Europa.

Pero desde ese momento se inició un ascenso vertiginoso que permitió a nuestros muchachos convertirse en los mejores aficionados de Latinoamérica, con repetidos triunfos en la Vuelta al Táchira y en las de Costa Rica, Guatemala, Chile y México y en cuanta carrera enfrentaban en el exterior.

 
 

Hay un dato que nos permite establecer que a finales de los años 60 el nivel alcanzado por los pedalistas colombianos ya era bastante alto y que nunca fue importante para los que han escrito de ciclismo. En 1.967 Alvaro Pachón fue el campeón de la Vuelta de la Juventud Mexicana. ¿Saben quién fue el subcampeón? Joop Zoetemelk, quien llegaría a ser campeón de la Vuelta a España de 1.979 y campeón del Tour de Francia de 1.980 y así mismo subcampeón en seis ocasiones. Entonces la escuadra nacional enfrentó a equipos aficionados europeos de la Unión Soviética, Hungría, Alemania, Holanda, Italia y Polonia.

En 1.970 Cochise Rodríguez entra en la leyenda con el récord mundial de la hora para aficionados al lograr en el velódromo Agustín Melgar de Ciudad de México 47 kilómetros, 566 metros y luego, en 1971, es campeón mundial de los 4.000 metros persecución individual en Varese, Italia. Dos años después, ya como profesional, ganó la etapa 15 del Giro de Italia y en 1.975 obtendría su segunda victoria en la misma prueba, en la etapa 19.

En 1974 el equipo de Colombia fue invitado al Piccolo Giro de Italia y no hubo barrida absoluta porque Alvaro Pachón, quien era líder, recibió una injusta sanción de dos minutos. En el resultado final Gonzalo Marín fue segundo, Norberto Cáceres tercero y Pachón cuarto.  

La década terminó con una serie de victorias en las Vueltas del Táchira, Costa Rica, Chile y de otras naciones latinoamericanas conseguidas, entre otros, por Patrocinio Jiménez, Norberto Cáceres, Alvaro Pachón, Efraín Pulido, Gonzalo Marín, Alfonso Flórez y  Antonio Londoño.

Y se partió la historia

Pero la historia grande del ciclismo colombiano se iba a iniciar en el mes de septiembre de 1.980 cuando un equipo colombiano llegó al Tour de L’Avenir que la Unión Soviética había dominado a su antojo en sus dos últimas ediciones con Sergei Soukhoroutchenkov, más conocido por los colombianos como “Souko”, que estaba estrenando el título de campeón olímpico de ruta.

Gracias a las gestiones realizadas en Francia por el comentarista de ciclismo Héctor Urrego y al patrocinio de Postobón, que impulsado por dos de sus más brillantes ejecutivos, los mellizos Oscar y Jairo Gómez Domínguez, mis compañeros de clase en el bachillerato, convencieron al doctor Ardila Lulle para que la empresa corriera con todos los gastos pues ya se había cerrado la lista de los equipos que gozaban del privilegio de tener hotel y vehículos de acompañamiento pagados por la organización Tour de France.

Y el quinto día de carrera, en una etapa llana de 173 kilómetros entre Saint Etienne y Villeneuve, Alfonso Flórez se metió en una fuga de nueve hombres en la que iban cuatro rusos (ellos mismos se enterraron el puñal) e inició la conquista tomándole cinco minutos al lote donde arribó Souko, que vigilaba al Viejo Patro, quien había llegado como líder del equipo. Y al día siguiente, en una etapa de media montaña, de nuevo el santandereano guapeó para llegar a una fuga que lo convirtió en el líder de la competencia. Souko y su equipo hicieron hasta lo imposible para derrotar al colombiano y hasta con empujones, agarrones de la camiseta o del sillín, peligrosos cruces y otras artimañas quisieron arrebatarle el maillot amarillo.

El mismo Souko al día siguiente se lanzó en una fuga  de 88 kilómetros en solitario pero los colombianos, a la rueda de Patrocinio, aprovecharon el ascenso a Joux Verte para defender el liderato y así mismo lucharon como leones el penúltimo día en la dura subida al Colombier en la que Souko y Flórez se batieron como titanes en cabeza de carrera. El soviético consiguió dejar a Flórez quien llegó dentro del tiempo necesario para conservar la camiseta amarilla.

Colombia vivió con este triunfo uno de los días más felices. Los gigantescos desfiles triunfales en Bogotá y en Bucaramanga permitieron medir el amor y la casi idolatría por sus héroes de la bicicleta. Y aquí les quiero contar una confesión que unos años después me hizo Alfonso: “mire, Rafael, yo no soy un superdotado, no soy un monstruo como Cochise o como Niño. Soy un hombre tan normalito como Usted o como cualquier otro, por eso me toca prepararme el doble y sufrir por lo menos tres o cuatro veces más de lo que lo que les toca a otros compañeros”.

 
 

Pero en lo que sí era un privilegiado era en su inteligencia prodigiosa para leer las carreras, para aprovechar los momentos claves al darse cuenta de las flaquezas  o desconcentraciones de sus adversarios, para saber en qué momento atacar o quedarse quieto. Eso le serviría para obtener sus triunfos pero así mismo para ser una especie de técnico en carrera, para guiar a Lucho y a otros colombianos en sus primeros logros en Europa. Con la dirección de Raúl Mesa formaron el equipo Patrocinio Jiménez, Alfonso Flórez, Rogelio Arango, Julio Rubiano, Rafael Acevedo, Antonio Londoño y Fabio de J. Arias.

Pasaron casi tres años en los que los colombianos fueron protagonistas de múltiples competencias en América y Europa que sirvieron para que en 1.983 pudieran conseguir su máximo anhelo: llegar al Tour de Francia. Así mismo para que surgiera Lucho Herrera, quien en 1.981 ganó la quinta etapa del Clásico RCN, entre Ibagué y el mítico alto de la Línea, (el muchachito de Fusagasugá consiguió ese día algo que quizás nunca ha ocurrido en la historia del ciclismo mundial: dejó fuera de tiempo al líder, Nicolai Kosarev). Tres años después se convertiría en L’Alpe D’Huez  en el único ciclista aficionado que ha ganado una etapa del Tour, pero antes, en 1.982, derrotó a los mejores ciclistas del país y a invitados extranjeros del calibre de Pascal Simón y Robert Millar en el Clásico RCN.

En 1.983 dos locos visionarios llevaron a Colombia al Tour de Francia. Miguel Ángel Bermúdez, entonces presidente de la Federación Colombiana de Ciclismo le dio un vuelco al deporte colombiano ya que en lugar de ir a mendigar una “ayudita” en oficinas públicas y empresas privadas elaboró un plan minucioso en el que se presentaban detalladamente todos los gastos y en el que así mismo analizaba los resultados económicos, publicitarios y de imagen que traería la inversión y lo presentó a siete de las más importantes firmas del país que deberían aportar 5 millones de pesos cada una.

Seis de ellas rechazaron la propuesta al considerarla deschavetada e imposible. Y aquí aparece Saulo Barrera (q.e.p.d.), presidente de Pilas Varta, quien aceptó cubrir todo el proyecto, en momentos en que la firma pasaba por una dura crisis por el cierre del mercado en Venezuela que sufría recesión económica. La inversión a la larga no fue de 35 millones sino de más de 125 porque Varta siguió patrocinando el equipo, inicialmente sola y luego con el apoyo de Café de Colombia, pero a la firma la salvó el hecho de que pasó del 2% de sus ventas al 18%.

En el plano puramente deportivo hay que contar que para hacer un Tour Open no solamente se invitó a Colombia sino a ocho países más, entre los que estaban la Unión Soviética, Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda, Estados Unidos y Australia, pero ellos -conociendo bien en lo que se meterían- no aceptaron y dejaron a Colombia como el único equipo aficionado que se formó en la salida en Fontenay Sus Bois, en los arrabales de París, por cierto sin tener la más mínima idea de lo que era un Tour.

Un bautismo de sangre, sudor y lágrimas

 El primero de julio de 1983 arrancó el recorrido de 3.809 kilómetros, quizás el más largo de los tiempos modernos ya que los profesionales habían impuesto algunas condiciones para aceptar a los aficionados entre las que estaban un recorrido desgastante, una etapa por el peor pavé que se podía encontrar, una cronómetro por equipos de 100 kilómetros, dos individuales de más de 50 kilómetros cada una, dos cronoescaladas (con terreno llano) de 15 kilómetros y una etapa de 300, entre Roubaix y Le Havre, que se alargó 25 por la neutralización que se hizo en la salida. Ese día pedalearon 12 horas y los nuestros llegaron en condiciones tan extremas que esa noche debieron ser subidos en brazos a sus habitaciones.

Colombia se presentó con Édgar Corredor, Patrocinio Jiménez, Abelardo Ríos, Samuel Cabrera, José Alfonso López, Alfonso Flórez, Cristóbal Pérez, Rafael Acevedo, Fabio Casas y Julio Alberto Rubiano. Los cinco primeros llegarían a París tras más de 105 durísimas horas de sufrimientos. El primero de los nuestros, Édgar Corredor quedó en el puesto 16 a 26.08 y el Viejo Patro en el 17 a 28.05. Pero acá cuento algo que nunca se supo: en una de las primeras etapas alpinas iba en el carro número 2 de Varta con el médico Carlos Alberto Osorio cuando encontramos a Condorito parado a un lado de la carretera, llorando sobre el manubrio y diciendo que se retiraba porque no podía más. Creo que estuvimos mucho más de 10 minutos convenciéndolo para que continuara y dejándolo recuperar un poco -a mí me pareció que fue una eternidad el tiempo perdido-. Al fin, todavía llorando, reanudó la marcha. Sin esos minutos perdidos allí Corredor hubiera quedado entre los diez primeros. Pero no se pasó la carrera en blanco pues Patrocinio fue segundo en montaña y segundo en una cronoescalada y Condorito figuró entre los primeros en varias etapas.

El Tour fue una prueba de fuego para los corredores colombianos que con pura verraquera y aguante pagaron una alta cuota de sufrimiento en una batalla infernal. El Tour no se parecía en nada a las pruebas que habían disputado, era una cima casi inalcanzable. Pero la salvaje experiencia sirvió para comenzar a disminuir la desventaja.

Lo primero que se superó fue la adaptación a las veloces finales de las etapas, para ello en los entrenamientos se los ponía detrás de una motocicleta en la última hora, a 60 o 70 kilómetros hasta que se reventaran, así mismo la participación en pruebas europeas les hizo superar este primer obstáculo.

Bajar a velocidades impresionantes en los descensos fue una cualidad que se adquirió poco a poco. El primer colombiano que vimos encarar una bajada en cabeza fue Libardo Niño. Ahora no es raro que Rigo, Quintana, Egan y muchos otros lo hagan. Luego vino el aprender a rodar en los lotes utilizando relaciones pesadas ya que los técnicos europeos, encabezados por Cyrille Guimard, le pedían a sus corredores que llevaran la carrera a tope en el llano para que los nuestros llegaran con las piernas molidas a la montaña, mientras que la disminución de la pérdida de tiempo en las cronómetros, que llegaban hasta los cinco, seis o más minutos, fue más complicada.

Otro dato que nunca se ha tenido en cuenta: los colombianos fueron responsables de la aparición del EPO pues técnicos y médicos de equipos de Europa, tras realizar exámenes a sus corredores colombianos supieron que los nuestros, por vivir en altura, superaban ampliamente la cantidad de hematocritos de los europeos, lo que les daba una ventaja, por lo que trataron de igualar a los suyos con drogas prohibidas contra la anemia.

En los etapas a cronómetro, en las que se perdían entre cinco y nueve minutos, hubo que esperar la generación que siguió a la de Patrocinio, Herrera y Parra para que Álvaro Mejía ganara uno de estos tramos en el Dauphine Liberé de 1.990 y , en forma especial a Santiago Botero quien en 2.002 fue campeón mundial de la especialidad en Zolder (Bélgica) y así mismo ganador de una etapa contra el reloj en el Tour de Francia en la que dominó a Lance Armstrong. Pero nuestros escaladores puros seguían perdiendo tiempo precioso en estas etapas hasta estos años en los que, con un trabajo específico, han logrado acercarse a desventajas razonables.

En años cercanos nuestro ciclismo consiguió algo que ni europeos ni colombianos habíamos soñado: tener un corredor que venciera a los embaladores, Fernando Gaviria, formado en la pista, quien ya ha logrado en las grandes vueltas sonoras victorias. Y tras él viene el monteriano Álvaro Hodeg. Además este año Egan Bernal se batió como grande en los abanicos en la París-Niza, otro rival terrible para los nuestros.

Aún queda un enemigo que es casi imposible vencer: el frío. No se ha encontrado la fórmula para superarlo ya que en etapas invernales con viento, lluvia y nieve, en las que el termómetro está bajo cero, los europeos están en su salsa y los nuestros semi paralizados.

La victoria imposible

No había pasado un año de la primera participación de los colombianos en el Tour cuando uno de los nuestros, Martín Ramírez, batió en el Dauphiné Liberé, que es la carrera que sigue en importancia a las tres Grandes Vueltas, a los más importantes corredores del mundo en ese momento. En la nómina de participantes estaban Bernard Hinault, Greg Lemond, Sean Kelly, Pascal Simon, Stephen Roche, Robert Millar, Phil Anderson y Marc Madiot.

Lo que pasó en esa prueba fue increíble. Resulta que Varta había confirmado su presencia pero tras la Vuelta a Colombia se supo que sus corredores estaban ya al tope de su preparación por lo que Miguel Ángel Bermúdez le manifestó al dueño del Tour, Félix Levitán, que no podían ir. La respuesta del dirigente francés fue contundente: “si no corren el Dauphine tampoco corren el Tour”.

A escasos días de la carrera Bermúdez comenzó a buscar por teléfono corredores para que remplazaran a los del primer equipo colombiano, especialmente a los de Leche la Gran Vía. Coincidencialmente visitaba la Federación cuando escuché una de esas llamadas: “Hola chino, quiere ir a una carrerita en Francia que tiene mucha montaña y que ustedes se pueden ganar con una sola pata….” Así pudo reunir seis corredores que se fueron casi de uno en uno, sin bicicletas, sin uniformes, en distintos vuelos, al mando de Marquitos Ravelo, ya que creyeron que allí les tenían todo, lo que no resultó cierto, por lo que Mavic les acondicionó las bicicletas y en una tienda deportiva compraron unos uniformes horrorosos a los que ni siquiera se les pudo estampar el nombre de Colombia. Además ninguno de ellos había corrido en Europa.

Dando enormes ventajas (los equipos eran de 9) Pacho Rodríguez, Martín Ramírez, Pablo Wilches, Armando Aristizábal, Alirio Chizabas y Reynel Montoya enfrentaban a los mejores profesionales del momento pero en el tercer día no fueron sino cinco por el retiro de Chizabas a quien no le encontraron un marco que se le acomodara, por lo pequeño, y tuvo que pedalear siempre parado lo que le ocasionó una tendinitis.

La montaña llegó en la cuarta etapa, ya en los Alpes y la fanfarronada de Miguel Ángel Bermúdez comenzó a hacerse realidad: Pacho Rodríguez ataca en el último premio de montaña del día, en el Monte de la Saléve y gana la etapa. Y al día siguiente se encamina a la victoria en Chambery, con Pablo Wilches a su rueda, pero son desviados a tres kilómetros de la meta por lo que Pacho no ganó pero a pesar de ello se apoderó de la camiseta amarilla con 2:12 sobre Hinault. El periódico Le Dauphiné Liberé tituló: “Hinault y los colombianos por el título”.

Al día siguiente el equipo nacional queda solamente con cuatro hombres por el abandono de Armando Aristizábal mientras Hinault se lanza a la desesperada a reducir la ventaja y gana los cuatro primeros puertos de montaña, pero en el último, el Col de la Charmete, contraataca Pacho quien llega victorioso a Fontanil para ampliar su ventaja: Hinault queda a 3:52, Martín Ramírez a 4:12, Wilches a 6:04, Greg Lemond y Pascal Simon a 8:22.

Y sucede lo impensable. Pacho Rodríguez, que según su técnico y su masajista se acostó sin problema alguno, tras una misteriosa visita en la que estuvieron hombres del  Gitane-Campagnolo, el equipo del campeón francés, amaneció al día siguiente con problemas en sus rodillas y se retiró a pocos kilómetros de la salida en una etapa apocalíptica de vientos, tormentas y al final nieve. Hinault se lanza en cabeza, como un loco, con cinco hombres y llega a tener más de ocho minutos de ventaja sobre el grupo en el que marchaban Martín Ramírez y Pablo Wilches pero en el penúltimo puerto comenzó a ceder y en el ascenso final, en medio de una espectacular nevada le llegó la pálida y fue pasado por Phil Anderson y Martín Ramírez, quien se apoderó del liderato con 22 segundos sobre el bretón.

Alguna vez le pregunté al Negro qué sintió cuando pasó a Hinault y me dijo “iba feliz, gozando porque por primera vez veía y sentía caer la nieve”. Y el nuevo líder colombiano se quedó con un solo compañero porque además de Rodríguez se retiró Reynel Montoya.

El último día de carrera tuvo dos etapas, una en línea de 100 kilómetros y una a cronómetro de 32, con 10 subiendo, 16 bajando y 6 planos. Y en la primera los gregarios de Hinault repitieron todas las tretas que los rusos le habían aplicado a Flórez, tan evidentes que Greg Lemond las denunció en el diario L’Equipe. Pablo Wilches se encargó de avisarle a su líder chiflando cada vez que veía desde atrás cualquier maniobra rara. En la cronómetro final Martín superó a Hinault gracias al tiempo tomado en el ascenso para imponerse por 27 segundos.

Y en el Tour de Francia, unas semanas después, Luis Herrera conmovió a Colombia con su primer triunfo de etapa en la cima de L’Alpe D’Huez. El fusagasugueño hizo un imponente ascenso en los durísimos 14 kilómetros de la escalada a la estación invernal, así mismo fue segundo en otras dos fracciones. Esas dos victorias, Dauphiné y Tour, iniciaron la escalada del ciclismo nacional que comenzaba a exportar corredores a equipos de primer nivel ya que el Teka se había llevado a Patrocinio y a Condorito Corredor a comienzos del 84 y un año después se fueron Pacho Rodríguez y Pablo Wilches al Splendor de Bélgica y Martín Ramírez al Systeme U de Francia.

Una escalera hacia la gloria

 En 1.985 la vida le cobraría a Pacho Rodríguez, quien corría con el Zor español, el error que había cometido en el Dauphiné, cuando peleaba con Robert Millar el título de la Vuelta a España y se presentó una alianza de todos los técnicos españoles en la última jornada de montaña para permitir el triunfo de Pedro Delgado. Se le ordenó quedarse quieto cuando atacó el Perico y aunque alcanzó el podio como tercero se llevó la mayor desilusión de su vida. En esta ocasión Antonio  Tomate Agudelo ganó la primera etapa en la Vuelta, en Alto Campoó, luego Pacho venció en Andorra y al día siguiente Parra en el Alto de Pal. El boyacense terminaría quinto mientras Pacho era tercero.

Y en el Tour Luis Herrera conseguiría el título de montaña y Fabio Parra el del mejor novato, se ganaron tres etapas, Lucho en Avoriaz tras un emotivo duelo con Hinault y en Saint Etienne a donde llegó con el rostro ensangrentado y Fabio Parra en Lans  en Vercors con Herrera a su rueda. En París terminan séptimo y octavo. Y en septiembre Martín Ramírez gana el Tour de L’Avenir, que ya era Open, en el que venció entre otros a Miguel Indurain. 1.986 fue un año gris para los colombianos tanto en La Vuelta como en el Tour pero el haber pasado casi en blanco esa temporada fue un acicate para preparar la temporada del año siguiente.

A la vuelta del 87 Lucho llegó con el objetivo de ganar la montaña y alguna etapa pero con el Tour como objetivo final. Ese año los escarabajos iban a ser protagonistas pues hubo montaña muy pronto y el clima les dio una buena mano ya que solamente encontraron dos etapas  complicadas pero soportables por el frío. Y tras el paso por Andorra se llegó la jornada de ascenso a Cerler y Rafael Antonio Niño dio la orden de atacar sin piedad. Fue un día crucial en el que más de 30 rodadores europeos llegaron fuera de tiempo y los que sobrevivieron no tuvieron fuerzas para hacer diabluras en adelante.

 
 

Y el 4 de mayo, en una etapa entre Santander y Lagos de Covadonga, Luis Herrera mostró que era el mejor escalador del mundo al vencer, tras un ataque a siete kilómetros de la meta, y se vistió de amarillo. Tanto los técnicos de los equipos rivales como los principales aspirantes al título aseguraron esa tarde que no ganaría la Vuelta y lo mismo afirmaron los periodistas españoles pero el dominio de los colombianos fue apabullante pues luego ganaron etapas Carlos Emiro Gutiérrez, Omar Hernández y Pacho Rodríguez.

Aunque Lucho perdió la camiseta amarilla en la cronómetro su tiempo fue muy aceptable para que al día siguiente la recuperara en el ascenso hacia Ávila tras una pantomima de Sean Kelly yéndose de la prueba, al sentirse derrotado. Y la fiesta en el Paseo de la Castellana con miles de colombianos, llegados de todos los rincones de España y de otros países europeos se hizo a ritmo de salsa -casi todos llegaron con botellas de aguardiente y unas radiolas enormes- ya que estaban viviendo un sueño con la victoria del gran escalador. El único de los colombianos que no lloró de felicidad esa tarde inolvidable fue Lucho, impasible como siempre.

El Tour de ese año dejó a Luis Herrera como rey de montaña y quinto en la general mientras que Fabio terminaba sexto.  Una cronómetro individual de 87 kilómetros los dejó lejos. Poco a poco los Escarabajos se acercaban a las primeras casillas de la clasificación final.  Al terminar el año Fabio Parra es contratado por el Kelme de España y otros muchachos del terruño siguieron engrosando las filas de los equipos profesionales de Europa.

En el Dauphiné Liberé de 1.988 Lucho Herrera vuelve a la cima con una victoria increíble conseguida en los dos días finales sobre Charly Mottet y el suizo Niky Ruttiman. La última etapa fue una cronoescalada en la que mostró de nuevo sus dotes de escalador. Dos días después estaría en la Vuelta a Colombia que también ganaría.

En el podio del Tour

 Pero habría otra alegría inmensa en el Tour número 75, en 1.988, cuando vimos a Fabio Parra en el podio de los Campos Elíseos, como tercero, tras Perico Delgado y Steven Rooks y además fue ganador de una etapa en la que, como cosa bien extraña, atacó en el descenso final a Morzine.

Un paso más se daría en la Vuelta a España de 1.989 que ganó Perico Delgado, con segundo lugar de Fabio Parra, a 35 segundos y tercero de Oscar de J. Vargas quien así mismo fue rey de la montaña. El Torito Alberto Camargo ganó la penúltima etapa en la Sierra Madrileña.

Quince días más tarde Lucho Herrera iría al Giro de Italia donde se impondría en dos etapas, la primera tras un ataque solitario a 15 kilómetros de las Tres Cimas de Lavaredo y la segunda en la cronoescalada al Monte Generoso. Toda la opción de victoria la perdería “el Jardinerito” al día siguiente de su primer triunfo cuando pinchó. Entonces lo encontramos bajo una feroz nevada al lado de la vía y tuvimos que ponerle nuestras chaquetas mientras esperaba la ayuda mecánica. Al final fue el rey de la montaña para convertirse en uno de los pocos que ganó esta camiseta en las tres grandes vueltas.

La primera gran época del ciclismo colombiano estaba ya en su ocaso y en 1.990 la Vuelta a España muestra a Parra de nuevo en el quinto lugar, a Martín Farfán rey de la montaña y victorias de etapa de Alberto Camargo en El Alto del Naranjo, de Néstor Mora en Guijuelo y de Farfán en Cerler. Luego en el Dauphiné Liberé Álvaro Mejía se convierte en el primer colombiano en ganar una cronómetro llana de 37.8 kilómetros que terminó en Annecy y en la Vuelta a España Herrera (entonces con Ryalcao-Postobón) vuelve a ser campeón de montaña tras obtener su segunda victoria en los Lagos de Covadonga. Dos días antes Fabio Parra había ganado la cronoescalada en Valdescaray, con segundo lugar de Lucho.

La temporada de 1.991 tampoco fue buena en las grandes vueltas pero Luis Herrera ganó su segundo título en el Dauphiné superando a Tony Rominger y Robert Millar y Álvaro Mejía fue cuarto en la prueba de ruta del Mundial de Stuttgart al ser superado en el embalaje por Gianni Bugno, Steve Rooks y Miguel Indurain.

A comienzos de 1.992 ya se encontraban 20 colombianos en las filas de equipos profesionales extranjeros. Fue el último año de competencia de Luis Herrera y Fabio Parra. Lucho se despidió con el triunfo en la Vuelta a Aragón y como séptimo y ganador de su tercera etapa en el Giro. Parra  gana su segunda Vuelta a Colombia. Y en 1.993 surge una nueva generación, con Oliverio Rincón, segundo en el Dauphiné Liberé y ganador de una épica jornada pirenaica del Tour tras una maratónica escapada y con Mejía cuarto en el Tour que ganó Miguel Indurain.

En 1.994 ya no hay equipos colombianos en las grandes Vueltas y vendrían años oscuros para el ciclismo nacional pero Oliverio Rincón, corriendo por el Once de España, es quinto en la Ronda Ibérica y en el Tour Nelson Cacaíto Rodríguez gana, el 20 de julio, en Val Thorens. En 1.995 Oliverio Rincón es quinto en el Giro de Italia y ganador de la etapa en Val Senales y Hernán Buenahora termina décimo en el Tour. 1.996 fue otro año en blanco en el que solo hay que destacar el triunfo en una etapa del Tour de Chepe González. En medio del túnel en el que se metió nuestro ciclismo lo único que hay que destacar es el que en 1.997 nacería el que 22 años después iba a ser el primer campeón colombiano del Tour de Francia: Egan Bernal.

La última década del siglo pasado fue opaca, con algunas victorias de etapa en las grandes vueltas, como las dos conseguidas por Iván Parra en forma consecutiva en el Giro del 95 o la ganada por Mauricio Soler en el Tour del 97 en Briancon. Además se coronó como rey de la montaña.

Comenzando el nuevo siglo mientras Chepe González y Freddy González ganan la montaña del Giro de Italia aparece otro grande, el antioqueño Santiago Botero, quien en el 2.000 termina séptimo en el Tour y campeón de montaña y en el 2.001 gana las dos contrarreloj de la Vuelta a España y además sube al podio de la cronómetro, como tercero, en el Mundial de Lisboa.

Al año siguiente le gana dos contra reloj seguidas al nuevo monstruo del ciclismo mundial, Lance Armstrong, en el Dauphiné Liberé y en el Tour, en el que finalizó cuarto y posteriormente se corona como campeón mundial contra el cronómetro en Zolder. Algo casi impensado en el país de los escarabajos.

La generación dorada

 De nuevo el Tour de L’Avenir iba a marcar el reingreso de Colombia a las grandes ligas del ciclismo con el triunfo apabullante de un morenito boyacense llamado Nairo Quintana que corría por el equipo Café de Colombia-Colombia es Pasión, en 2010. Y un año más tarde sería el bogotano Esteban Chaves el que se impondría en la misma prueba. Unos meses antes Mauricio Soler había sufrido un gravísimo accidente en la Vuelta a Suiza, que lo sacaría del ciclismo. En ese momento era segundo en la Vuelta a Suiza.

En la prueba de ruta de los Olímpicos de Londres 2.012 Colombia golpea de nuevo con la medalla de plata de Rigoberto Urán quien fue superado por el viejo zorro kazajo Alexander Vinoukourov. Nunca se había llegado a esta instancia.

En 2.013 de nuevo Urán sube el listón en Italia al terminar segundo en el Giro, detrás de Vincenzo Nibali mientras que Carlos Betancourt se queda con la camiseta blanca del mejor joven. Luego, en el Tour de los cien años Nairo Quintana, en su segundo año como profesional en el Movistar, salta al estrellato en el épico ascenso al Monte Ventoux en el que sólo es superado por Chris Froome y en L’Alpe D’Huez donde es tercero, asegura las camiseta de mejor joven y queda tercero, a sólo 21 segundos de Contador que escolta a Froome.

Al día siguiente, el Niño Terrible, como lo había llamado L’Equipe gana en la cima de Semnoz apoderándose de la camiseta de la montaña y del segundo lugar. Tres veces subió al imponente podio de los Campos Elíseos: por la camiseta de mejor joven, por la de la montaña y por su segundo lugar en la carrera. Su gesta fue celebrada a rabiar por los colombianos que viven en Europa y luego, en su llegada a Colombia, en una festiva y alegre recepción que llenó las avenidas bogotanas.

 
 

En 2014  Nairo sube otro escalón al ganar el Giro de Italia, con segundo lugar de Rigoberto Urán. El mundo supo entonces que los escarabajos iban en serio hacia la cumbre del ciclismo mundial y que estaba muy cerca su consagración definitiva y, como si esto fuera poco, al año siguiente vuelve a ser segundo del Tour, a 1.12 de Froome y en 2.016 gana la Vuelta a Cataluña, el Tour de Romandía, la Ruta del Sur, es tercero en el Tour y gana la Vuelta a España en la que derrotó a Chris Froome tras una etapa demencial, en la que con la colaboración de Alberto Contador, el Movistar comandó una intensa batalla de dos lotes, batiéndose metro a metro en terreno quebrado. Tan violenta fue la lucha que a la meta llegaron 93 corredores fuera de control, que tuvieron que ser repescados pues el pelotón se reduciría en más del 60 por ciento.

En este año así mismo brilló Esteban Chaves quien sería el subcampeón del Giro y unos meses después consiguió el tercer escalón del podio de la Vuelta a España, desplazando a Contador en la última etapa de montaña, tras una fuga en solitario de más de 30 kilómetros.

En el 2017 Nairo llegó con la malla rosa a la cronómetro final del Giro en la que fue desplazado por Tom Dumoulin, quien le ganó por 31 segundos. La gran sorpresa en este Giro fueron las cuatro etapas ganadas al embalaje por Fernando Gaviria, quien subió al podio como el campeón de la regularidad. Para los europeos era casi un milagro que un escarabajo los batiera en los caóticos y peligrosos finales de las etapas llanas.

Además de Nairo, Rigo y Chaves Colombia tiene a Miguel Ángel Superman López, otro corredor de la misma talla a quien la mala suerte ha golpeado sin clemencia con caídas y lesiones. A pesar de ello en 2.018 fue tercero en el Giro y tercero en la Vuelta a España y en las dos competencias malla blanca del mejor de los jóvenes.

Y llegamos a Egan Bernal, el niño maravilla del ciclismo mundial, el que hizo realidad todos nuestros sueños, el que llegó a la cima que todos esperábamos, el que enloqueció al país durante 21 días, el muchachito que se robó el corazón del mundo ciclístico con su sencillez y don de gentes, el que convirtió a Colombia en el primer país ciclístico del planeta, el que ganó el Tour de Francia 2.019.

Tanto se ha dicho, se ha escrito y se ha mostrado en este torbellino que revolucionó al mundo en el  mes de julio que no hay nada más que decir. Simplemente GRACIAS EGAN.

 

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Rafael Mendoza / Especial para El Espectador

Ciclismo

De Efraín Forero a Egan Bernal

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