Le ganó el duelo a Nairo Quintana

Egan Bernal construyó su título en la París-Niza

El ciclista del Sky tuvo una semana de ensueño que culminó este domingo con el título en Francia. A sus 22 años demostró que puede comandar la poderosa escuadra británica en cualquier lugar del mundo.

Bernal con el ramo y el león que lo acredita como campeón de la carrera francesa. / EFE

Se podría decir, sin llegar a ser presuntuoso, que lo de Egan Bernal en la París-Niza es el redescubrimiento de un pedalista completo al que no le importa el terreno por el que vaya, ni la altimetría de la jornada, pues siempre irá en la parte delantera del pelotón. Descubrir de nuevo porque ya se conocían sus capacidades desde que cambió el ciclomontañismo por la ruta, la explosividad en la montaña, la tranquilidad y eficiencia para rodar en el llano y el temperamento para meterse en medio de otros más experimentados. El cundinamarqués del equipo Sky (nació en Bogotá y se crió en Zipaquirá) no ganó la carrera francesa en el tortuoso ascenso al Col de Turín. La empezó a fabricar desde el primer día, cuando en medio de los fuertes abanicos le preguntó al británico Luke Rowe cómo sortear los vientos, cómo evitar que la resistencia del aire lo sacara volando por su humanidad (pesa 60 kilos y mide 1,74 centímetros). Por eso, desde que comenzó esta prueba, Bernal estuvo al frente del lote, arropado entre los más grandes, al paso de otros con un tren superior mayor, dando indicaciones por el radio para subir el ritmo, otras para mantenerlo o bajarlo.

El 10 de marzo, cuando comenzó la competencia, Bernal fue 15 en la etapa. De hecho, se alcanzó a ver su casco en medio de un embalaje que ganó Dylan Groenewegen, en el pleno del frenesí de la velocidad. De haber sido otro hubiera llegado más atrás, resguardado, sin exponerse el peligro de una caída. Pero no, Egan estuvo presente a manera de un constante aprendizaje (bonificó en una meta volante). En la segunda jornada, otra vez plana en su totalidad, el colombiano llegó séptimo entre otros con el lomo más grande, pero no más fuertes. Ese parece ser su estilo, también su identidad. El mundo del ciclismo, acostumbrado a ver a los escaladores solo cuando hay que ir para arriba, quedó asombrado con Bernal y su actitud temeraria.

En la etapa tres, de 200 kilómetros, el ciclista de 22 años fue más prudente y no por eso dejó de hacer parte de las rotaciones del Sky. Arribó con el grupo y el mismo tiempo del vencedor, el irlandés Sam Bennett. Al día siguiente, en la jornada más larga de todas (212 km), con subidas y bajadas que rompen piernas, Egan se ubicó 14 y escaló otro puesto en la general para figurar en la quinta casilla. El liderato ya era de su equipo gracias a Michal Kwiatkowski. Luego fue la hora de la contrarreloj individual, de recordar que hace un año portó el tricolor por haber sido el ganador de esa prueba en el campeonato nacional de ruta, demostrar que cuando hay que vencer al tiempo, en solitario, sin ayuda, también se destaca. El 14 de marzo hubo un malestar antes de la partida, algo que no le gustó de su bicicleta y se le notó incómodo antes de iniciar los 25,5 km de trayecto.

Sin embargo, con su singularidad esplendorosa fue olvidando el altercado, fue bajando los registros de los otros en los parciales y terminó sexto, 15 segundos detrás de Simon Yates, el vencedor y el especialista, y una casilla por debajo de su compatriota Daniel Felipe Martínez. “Este chico no solo hace las veces de tractor, también de tren bala”, dijo un periodista español que lo siguió hasta el bus de la escuadra británica para poder arrancarle un par de palabras mientras transmitía en vivo.

Potente y ligero a la vez, Bernal fue segundo en la general por detrás de Michal, su compañero polaco. En la sexta etapa, de 176,5 km, llegó décimo, como en una especie de déjà vu de la tercera, con el portentoso Sam Bennett festejando y él, atrás, cruzando la meta. Desde ese instante, por la cercanía entre uno y otro (apenas 18 segundos entre Kwiatkowski), las gentes repitieron lo mismo: este chico se queda con la punta en la subida al Col de Turín. Y así lo hizo un 16 de marzo que fue de los colombianos, con Daniel Felipe Martínez y Miguel Ángel López peleando por la victoria de etapa (la ganó el del Education First) y con Egan mirando de reojo a Nairo Quintana, dándole indicaciones a Iván Ramiro Sosa, otro con la facilidad de la naturalidad y que también tiene responsabilidad en todo, pues puso su rueda, se quemó cuando tenía que hacerlo, y todo para darle ritmo a su compañero, a su amigo.

Bernal llegó pegado a la rueda de un Nairo que no se lo pudo quitar de encima por más que cambió la relación una y otra vez, y se vistió de amarillo por delante de otro que tuvo una gran actuación en las montañas francesas: el belga Philippe Gilbert.

Y este domingo, siendo el centro de atención en medio del grupo, Egan no solo coordinó sus fichas, sino que aguantó la arremetida de Quintana tal cual lo hizo dos años antes Sergio Luis Henao con Alberto Contador. Al final, aunque en este deporte solo sobresalga un nombre, hay que entender que detrás existen unos cuantos silenciosos y que en esta edición de la París-Niza también merecen reconocimiento. Por eso Egan nombró a Hart Geoghegan, Sebastián Henao, Sosa y Kwiatkowski, también a Jonathan Narváez, sin olvidarse de Luke Rowe, pues cada uno, a su manera, le ayudó para que él pueda decir que es el campeón.

Un Nairo Quintana nuevo

Luego de esta carrera, la primera en Europa para muchos de los colombianos del World Tour, quedó claro que Nairo Quintana parece tener un bálsamo de nueva vida. Durante una semana se le vio embalando como un esprinter, atacando en solitario en la montaña y bonificando para luchar hasta el último minuto por el título. De hecho, este domingo se lanzó y arremetió a 47 km de la meta en una muestra de pundonor. Está claro que la nueva generación de escarabajos lo ha hecho modificar cosas en su manera de correr y fortalecer lo que antes era una debilidad (fue 17 en la crono individual). Y aunque no contó con mucha ayuda, pues en los instantes de exigencia su Movistar flaqueó, el boyacense parece haber recuperado esa manera maquinal de correr que descrestó en 2013, que muchos le pidieron en años pasados.

Ganar la París-Niza quedará para más adelante, pero la certeza de una excelente pretemporada ayudará a pensar en lo que casi siempre piensa Nairo todos los años: en el Tour de Francia. El Quintana que arremete sin mirar atrás, que deja regados a sus rivales, está de vuelta y este subcampeonato es la prueba de que, con el respaldo necesario y suficiente, podrá pelear por lo que quiera en 2019.

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2019-03-17T22:20:51-05:00

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Redacción Deportes - @DeportesEE

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Egan Bernal construyó su título en la París-Niza

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