Égan Bernal, la carta de Colombia en el Tour de L’Avenir

A los ocho años comenzó en el ciclomontañismo, modalidad en la que se destacó gracias al apoyo de la Fundación Mezuena. Hoy en día es promesa en la ruta. Corre en el equipo Androni Giocattolli-Sidermec, de Italia y hace parte de la selección colombiana Sub-23.

Égan Bernal, la gran promesa del ciclismo colombiano.Éder Garcés - Fedeciclismo

Germán Bernal, su padre, fue quien le mostró el camino del ciclismo. Él había sido corredor aficionado, pero por falta de apoyo no se destacó y le tocó rebuscarse la vida con otros oficios. Cuando Egan tenía ocho años, participó por primera vez en una carrera de ciclomontañismo, en la que usó casco prestado porque no tenía plata para comprar uno, y ganó. Luego comenzó a entrenar en Zipaquirá con el técnico Freddy Rodríguez, quien le enseñó las bases de este deporte, pero no pudo seguir puliéndolo porque la Gobernación dejó de pagarle.

Así que por su cuenta siguió preparándose, hasta que en 2010 se cruzó con Pablo Mazuera, sin duda la persona más importante en su carrera. “Yo le dije a Hilvar Balaguer que tenía la idea de formar un equipo de ciclomontañismo (el Team Mezuena) con jóvenes talentos de Zipaquirá, que por favor me ayudara a buscar a los mejores. A los pocos días, Hilvar me presentó a Brandon Rivera, Egan Bernal y otros pelaos. Me dieron buen feeling y comenzamos a apoyarlos. Lo primero que hicimos fue unos uniformes y luego les pagamos las inscripciones para unas carreras”, recuerda Pablo Mazuera, quien le confesó a El Espectador que en ese momento “no sabía cuál de ellos era mejor. Eran recomendados y yo confié en eso. No sabía mucho de ciclismo, era todo por lo que me decían. Luego me quedé solo con Egan y Brandon y duré cerca de seis años acompañándolos en todo su proceso”.

Pablo trabajaba en Mezuena, empresa de su familia en la que ponía en práctica la ingeniería de sonido, carrera que terminó. Sin embargo, el ciclismo lo cautivó y eso lo llevó a buscar la manera de ayudar a aquellos ciclistas que tenían mucho talento, pero eran héroes anónimos y probablemente se iban a quedar así si no aparecía un patrocinador que les tendiera la mano. Comenzaron a salir importantes patrocinadores y en enero de 2013 tuvo la necesidad de institucionalizar la Fundación Mezuena. “El proceso no sólo es deportivo. Me involucro con todos los que pasan por la fundación. Todos son niños muy humildes con historias familiares muy diferentes, pero siempre logramos unirnos. Son como mis hijos, me quedo en sus casas, hacemos almuerzos, estamos juntos todo el tiempo”, comenta este bogotano de 35 años.

Y con Egan siempre estuvo ahí. Lo acompañó a múltiples competencias internacionales y muchas veces sacó de su bolsillo para pagar hoteles, alimentación y hasta la inscripción a las carreras. Por ejemplo, en el subtítulo mundial juvenil de Egan, en Noruega, cuando se convirtió en el primer latinoamericano en colgarse una medalla en competencias de este tipo. “Ir fue una iniciativa mía. Para ese viaje hicimos una colecta, pero al final de cuentas no sumamos ni $50.000. pesos. Así que mi papá, Diego Mazuera, nos apoyó y viajamos. En ese momento la Federación Colombiana de Ciclismo no nos dio nada porque decían que no nos iba a ir bien y que no tenían presupuesto”, recuerda Pablo.

La idea era terminar en el top 10, pues el nivel era muy bueno. Pero Egan sorprendió a todos. “Ver a todos los países con todo organizado, hidratación, carpas, y nosotros con nada, me hizo sentir chiquitico, pero a la hora de correr saqué todo, lo planeamos muy bien. Pablo corría por toda la pista: fue mi mecánico, masajista, psicólogo, traductor, todo en uno”, le dijo Egan a este diario.

Bernal no sólo se destacó sobre la bicicleta, también en el colegio y eso le permitió ganarse una beca para estudiar en la Universidad de la Sabana. Todos los días se iba desde Zipaquirá hasta Chía en bicicleta de ruta. Poco a poco esta modalidad comenzó a llamarle la atención, sobre todo por el tema económico. “En Europa nos fuimos equipo por equipo de los profesionales de ciclomontañismo mostrando la hoja de vida de Egan. Sin embargo, nos decían que no les interesaba porque era complicado un corredor colombiano, que era más fácil contratar a un europeo”, recuerda Pablo. Así fue como entendió que lo mejor para Egan sería mirar hacia la ruta.

Lo inscribió en la Vuelta del Futuro en 2014 y comenzó a darle gusto a Egan. “Llegamos a ese punto en el que era o quedarse en Colombia con nosotros ganando un millón de pesos o buscar algo fuera del país. Se tomó la mejor decisión, que fue pasar a la ruta”, asegura Mazuera.

Ahora Egan es el orgullo de su familia. Germán y Flor viven en Zipaquirá más cómodos que cuando todo comenzó. Y Ronald, su hermano de 12 años, sueña con seguir sus pasos.

Claro que, con 20 años, Egan no se come el cuento de lo que va a ser y sabe que para cumplir los pronósticos es necesario seguir trabajando. Es un cabeza frío total y trata de estar siempre muy tranquilo. Vive en Cossato, Italia, en un apartamento junto a su novia, también ciclista. “Él no se mete presión, sabe que hay ciclistas buenos y fenómenos, y él es uno de esos fenómenos. Va a ser un megaciclista del World Tour”, dice un emocionado Pablo Mazuera. Justamente, se conoció extraoficialmente que Egan correrá la próxima temporada en el equipo SKY, el mejor del mundo, al lado del gran Christopher Froome.

El equipo colombiano en el Tour de L' Avenir

Egan Bernal comanda a la selección colombiana de ciclismo que participa desde el 18  hasta el 28 de agosto en el Tour de L’Avenir, el Tour de Francia para corredores sub-23. Para ello cuenta con el respaldo de escaladores de calidad como Cristian Camilo Muñoz, Daniel Martínez, Iván Sosa y Widy Sandoval, además de la valiosa contribución de Álvaro Hodeg para el ritmo en terreno llano. Los dirigidos por Carlos Mario Jaramillo irán con la ilusión de adjudicarse la sexta corona de la carrera, que ya vio triunfar a los colombianos Alfonso Flórez (1980), Martín Ramírez (1985), Nairo Quintana (2010), Esteban Chaves (2011) y Miguel Ángel López (2014). Hoy se disputa una etapa de 134 kilómetros que empieza y termina en la población de Loudéac.

 

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