Comienza la Grande Bouclé

El biotipo del ciclista colombiano, limitante para ganar el Tour

Los grandes campeones de la Vuelta a Francia tienen en común, además de títulos y triunfos, características estructurales y morfológicas distintas a las de la generalidad de nuestros escarabajos.

Desde 1975, cuando comenzó la aventura de los escarabajos con Martín Cochise Rodríguez, primer ciclista colombiano en disputar el Tour, solo un escalador con estatura menor de 1,70m ha conseguido vencer: el belga Lucien Van Impe.AFP

En la historia del Tour de Francia el ciclista más bajo en ganar es Jean Robic, un bicicrosista de 1,61m, que después de sufrir una fractura craneal corría con casco de cuero, era apodado cariñosamente “biquet” (cabrito) y fue el primer vencedor después de la segunda Guerra Mundial, en 1947. Disputó 10 Tours entre 1947 y 1955 y ganó seis etapas.

Pero desde 1975, cuando comenzó la aventura de los escarabajos con Martín Cochise Rodríguez, primer ciclista colombiano en disputar el Tour, solo un escalador nato, con estatura menor de 1,70m ha conseguido vencer: el belga Lucien Van Impe, considerado junto al español Federico Martín Bahamontes, como los más grandes campeones de la montaña. Ambos alcanzaron ese logro seis veces, pero el título del Tour solo una.

Van Impe disputó 15 ediciones entre 1969 y 1985, ganó en 1976, fue podio cinco veces, Top 10 en 10 ocasiones y ganó nueve etapas. A su turno, El Águila de Toledo corrió 10 Tours (1954-1965), fue podio 3 veces, Top 10 en cinco oportunidades y ganó siete etapas.

Mientras Robic es un caso peculiar, Van Impe es el único de los grandes escaladores con el biotipo exacto del mejor escarabajo colombiano del momento, el boyacense Nairo Quintana. Ambos miden 1,67m y pesan 58 kilos. Otros dos grandes escaladores también campeones una sola vez fueron el español Pedro Perico Delgado (1,71m) en 1988 y el italiano Marco El Pirata Pantani (1,72m), diez años después.

Un análisis comparativo de los múltiples campeones del Tour, desde que los colombianos compiten, muestra claramente que todos ellos tienen estaturas a partir de 1,74m Los pentacampeones Eddie Merckx (1,85m), Bernard Hinault (1,74) y Miguel Indurain (1,88), el tetracampeón Chris Froome (1,86), el tricampeón Greg Le Mond (1,78) y los bicampeones Laurent Fignon (1,74) y Alberto Contador (1,76). El otro pentacampeón, Jacques Anquetil, medía 1,76m

El profesor Luis Fernando Saldarriaga, director del equipo continental colombiano Manzana Postobón, afirma que aunque no es regla “una estatura superior a 1,74 es una ventaja, sobretodo en la aplicación de la fuerza, porque se cuenta con una excelente palanca (fémur) que, en términos de biomecánica, es esencial para etapas a cronómetro”.

En ese sentido explica que “el largo del hueso fémur es fundamental para aprovechar la palanca y generar un beneficio biomecánico. Debido a ese factor morfológico, hoy se trabaja el biotipo que genera el incremento de watts (sobre todo en las cronos de potencia y mantenimiento de velocidades altas y estables), con énfasis en la técnica de pedaleo y su eficiencia en la propulsión de la bicicleta”.

Federico Bahamontes, quien considera a Nairo, El Águila de Cómbita, como su heredero, medía 1,74m, lo mismo que el más gran escalador colombiano de la historia, Luis Herrera, doble campeón de montaña del Tour, ganador de tres etapas y, junto a Bahamontes, el único en conseguir el título de montaña de las tres grandes vueltas del ciclismo mundial (Tour, Giro, Vuelta).

Estatura, Peso, Potencia

Es claro que una parte del tema es estatura, pero también de proporcionalidad, de la relación peso-potencia generada en el esfuerzo, de resistencia, rendimiento y táctica en carrera.

Según el reconocido técnico de ciclismo estadounidense Joe Friel, autor de The Cyclist’s Training Bible (La biblia del entrenamiento ciclístico) los mejores pedalistas actuales tienen un peso ideal de 0,375-0,428 kg/cm de altura, es decir que para un ciclista de 1,80m el peso debería estar entre 67,5 y 77 kilos.

Entre los favoritos de mayor estatura que disputan el Tour 2018, el campeón Chris Froome está en el rango (1,86m/68kg), mientras que el otro ganador, Vincenzo Nibali (2014), teóricamente estaría 2,5kg por debajo (1,81m/65kg). A su vez, el campeón del Giro 2017, el holandés Tom Dumoulin (1,86m/71kg) cumple la escala, mientras que el francés del Tour 2016, Romain Bardet (1,85m/65kg) se queda corto por cuatro kilos.

Sin embargo, hay que entender que el peso real del ciclista antes de largar la prueba se desconoce y que en él influyen la dieta y la preparación específica, porque, en general, son propensos a perder entre cuatro y siete kilos, debido al exigente esfuerzo de tres semanas en una Gran Vuelta.

Basado en su experiencia de deportes de resistencia y, específicamente, en triatlón y ciclismo de ruta, Joe Friel señala que un escalador consumado buscará estar lo más próximo al índice de 0,375k/cm. Allí figuran los otros favoritos, y casi todos están abajo del peso ideal.

Según la fórmula, el más pequeño de todos, Nairo Quintana (1,67m), estaría 4,5 kilos corto al ideal, Richie Porte (1,72/62kg) 2,5kg, Rigoberto Urán (1,73/62) 3kg, Dan Martin (1,76/62) 4kg, Mikel Landa (1,73/60) 5kg, Adam Yates (1,73/57) 8 kilos, mientras que el promisorio novato colombiano Egan Bernal (1,75/60) estaría 5kg bajo el límite, pero el ciclista es largo de piernas (con gran palanca del fémur) y Sky tiene un método dietético específico para cada uno de sus ciclistas. Hasta hoy, Bernal ha sido triunfador. El único de los pedalistas favoritos que prácticamente cumpliría la fórmula morfológica es el esloveno Primoz Roglic (1,77/65).

El técnico Luis Fernando Saldarriaga señala que en Colombia “hay que buscar ciclistas con biotipo superior a 1,78m de estatura y trabajar en diferentes contextos técnico-físicos para encontrar los que tengan esas características acordes y especializarlos”. Es decir, trabajar según la condición de cada ciclista y dejar de estigmatizar con la creencia errada de que “el que no sube no sirve”.

Afortunadamente, el surgimiento victorioso de los sprinters Fernando Gaviria, Álvaro Hodeg y Juan Sebastián Molano, ha abierto un nuevo camino. Ahora es necesario recuperar el rodador completo, tipo Fabio Parra o Santiago Botero, quien pasó del ciclo-montañismo a la pista y se reconvirtió en ruta, fue campeón de montaña en el Tour 2000 y cuarto en la general en 2002. Además, el 15 de julio, Botero (1,75m/75kg) se convirtió, a sus 29 años, en el primer ciclista colombiano en ganar una etapa contrarreloj individual plana en el Tour. Diez semanas después se coronó campeón mundial contrarreloj en Zolder (Bélgica).

De Cochise a Nairo

El ciclista más completo que hasta hoy ha surgido en Colombia, Martín Emilio Cochise Rodríguez, es igualmente el único que responde al biotipo ideal del Tour. Excelso pistero, campeón mundial de persecución individual, récord mundial de la hora, pentacampeón de la Vuelta a Colombia, escalador y varias veces campeón de montaña, Cochise mide 1,80m y pesaba regularmente 68kg.

El problema que tuvo el pedalista antioqueño es que llegó una década tarde al ciclismo profesional, en 1973, al equipo Bianchi Campagnolo, de Felice Gimondi, cuando ya tenía 31 años y debutó en el Tour dos después, mientras que su líder venció en 1965 a los 22 años. Como referente colombiano, Nairo Quintana ganó el Tour del Porvenir a los 20 años, se hizo profesional a los 22 y en 2013, a los 23, fue subcampeón del Tour de Francia y campeón de montaña y de los jóvenes.

Cochise mostró el camino de Europa, del Tour y del Giro de Italia en el que ganó dos etapas llanas en 1973 y 1975. Recuerda con claridad que para su mejor Giro, en 1974 (terminó 18°) “largué de Ciudad del Vaticano pesando 75 kilos y llegué a Milán con 68”. Ese año corrió un segundo colombiano: Rafael Antonio Niño, quien con 24 años finalizó 41°, integrando el equipo Jolly Ceramica, del italiano Giovanni Battaglin, que fue sexto.

Una década después, cuando inició la primera época dorada del ciclismo colombiano en el Tour de Francia, Lucho Herrera conquistó sus cumbres entre 1984 y 1992 y ganó dos veces el título de montaña y tres etapas; además, otras tres en el Giro y dos en la Vuelta a España, que ganó en 1987. En su momento estelar, medía 1,74m/57kg, es decir, más de 7 kilos por debajo del peso ideal.

Junto a él, Fabio Parra también le dio gloria a Colombia en el Tour y fue el primer ciclista latinoamericano en subir al podio: Tercero, en 1983. Rodador, escalador y bueno en la crono, Parra era un ciclista de 1,78m/65kg, próximo al ideal. Ganó dos etapas en el Tour, fue subcampeón en 1989 de la Vuelta a España y ganó dos etapas en la Ronda entre 1985 y 1992.

Otro colombiano campeón de montaña en el Tour de Francia (2007), Juan Mauricio Soler, es un caso excepcional y el único ciclista colombiano con el biotipo moderno, similar al del campeón británico Bradley Wiggins en 2012, 1,90m y 70 kilos. Longilineo y delgado, Soler a diferencia de “Wigo” - múltiple campeón olímpico y mundial en pista reconvertido en ruta- no tuvo fundamentos en velódromo, que otorgan equilibrio, colocación y dominio de la bicicleta en grupo y para los descensos, el talón de Aquiles del colombiano.

La victoria de etapa de Soler en el Tour 2007 y su título de montaña a los 24 años, auguraban una promisoria carrera, pero las repetidas caídas y fracturas le cortaron el camino; y cuatro años después, tras un accidente casi mortal en la Vuelta a Suiza, que lo tuvo en coma por varios días, tuvo que abandonar el deporte. Soler tiene el gran mérito de haber sido un apoyo y amigo leal para la nueva camada encabezada por Rigoberto Urán y luego Nairo Quintana, con quienes compartió residencia en España, en Pamplona.

Altura y oxigenación

Existe la creencia de que los ciclistas colombianos, por nacer y crecer en su mayoría en zonas de altura, tienen una ventaja fundamental de oxigenación sobre los europeos, al llegar las etapas de montaña. Pero, es una verdad parcial.

Ciertamente el biotipo y la fisiología del ciclista que nace en altura (a más de 2.400m) constituye un factor diferencial en la constitución de los hematíes (glóbulos rojos) y en el transporte de oxígeno, pero “es la actividad permanente con falta de oxígeno (Hipoxia) y la fuerza empleada por horas para ello en el altiplano, la que va estructurando una resistencia aeróbica funcional muy apropiada para el ciclismo”, afirma el técnico Saldarriaga.

El caso contrario es el del ciclista europeo, que nace en bajas altitudes y requiere de una metodología especial de trabajo para ganar esa resistencia y compensar que no tienen los beneficios de nacer y vivir en altura.

Saldarriaga explica que para ello “hay tres fases de trabajo: aclimatación, entrenamiento y asimilación y recuperación, todo ello en 19-21 días, que es el tiempo óptimo para mejorar. Pero para ir a la altura, hay que realizar muchos entrenamientos de resistencia en la Pretemporada”.

Hoy en día, los principales equipos del circuito profesional realizan ese proceso gradual en la zona del Volcán Teide, en Tenerife (Islas Canarias), desde el nivel del mar hasta alturas superiores a los 2.000 metros. De hecho, hay congestión en febrero, durante el invierno fuerte europeo, y en abril, mayo y junio, por la presencia simultánea de escuadras, a pesar de que existe más de una decena de rutas para los entrenamientos.

Otros sitios escogidos –siempre en Europa– son la Sierra Nevada, en España; los Alpes franceses y las montañas Dolomitas en Italia, mientras que los ciclistas colombianos regresan luego de disputar las primeras pruebas en marzo y abril para recuperar en altura.

El año pasado, luego de ser subcampeón del Giro, Nairo Quintana, por primera vez, no regresó a Colombia y cumplió la siguiente fase de entrenamiento en altura, en Tenerife. En el Tour no rindió y terminó 12°, a más de 15 minutos de Froome, lo cual pudo obedecer al cansancio acumulado después de haber disputado antes las tres Grandes Vueltas seguidas o a una pérdida de potencia, debido a la diferencia con los pisos térmicos y altura en los Andes. Seguramente, su equipo Movistar analizó posteriormente ese cambio de preparación y sus efectos.

En ese sentido, el profesor Saldarriaga puntualiza que “es recomendable conocer la sociología del ciclista y su entorno, y su aceptación de los métodos de trabajo, lo que además supone conocer a los cuántos días se afecta –disminuye– el rendimiento del corredor, por no estar en altura, dado que después de 47-48 se empieza a perder esta capacidad”. En los deportes de alto rendimiento, “lo que marca ahora diferencia es dormir en la altura y trabajar en altitudes menores”, explica Saldarriaga.

Bicicletas a la medida

La práctica del ciclismo de ruta muestra cambios claros en los métodos de entrenamiento, un desarrollo físico-motor de los pedalistas, más estructurado y puntual, con un seguimiento y planificación individual, que incluye nutrición y dietas, registro y análisis del rendimiento, tecnología apropiada con frenos de disco, bicicletas a la medida y mejoras aerodinámicas. Y, además de ello, el trabajo en equipo, las tácticas en carrera y un control más óptimo del esfuerzo gracias al potenciómetro.

Las bicicletas también han avanzado, con la introducción de la fibra de carbono y conjuntos livianos (6,8kg, mínimo), un cambio a marcos personalizados, mucho más pequeños y rígidos, con barras más bajas que han forzado como respuesta biomecánica una variación sustancial en la posición del ciclista y en el ángulo del codo para conseguir ganancia aerodinámica.

Es por ello que hoy los ciclistas más altos de 1,80m corren hoy con marcos de 56-58cm, bastidores reducidos y manillares grandes (17cm) que los obligan a adoptar posiciones extremas y a veces incómodas. Pero, al mantener esa postura se tiene entonces una ventaja aerodinámica, especialmente cuando escalan, porque están bajos, incluso con las manos apoyadas en la parte superior de las barras.

La bicicleta Pinarello Dogma F10 X-Light de Chris Froome, quien mide 1,86m, tiene un marco 56,5cm y un manillar 16,5cm, adaptada científicamente a su biotipo y cadencia. Sin tener la explosividad de un escalador nato, como Nairo Quintana, Froome compensa esa deficiencia con una enorme dosificación de su esfuerzo y colosales arranques controlados de no más de medio minuto, en los que aplica su máxima potencia.

A ello se agrega que sus gregarios realizan previamente el esfuerzo escalador con un ritmo intenso para desgastar a sus rivales, limitar la explosividad de los rivales favoritos y llevarlo en cabeza de carrera, en los últimos kilómetros de ascenso, con el menor desperdicio de esfuerzo de su parte.

Ciclismo moderno

Debido a su biotipo distinto al de rodadores y especialistas a cronómetro, hoy es aún más necesario para los escaladores y sus técnicos trabajar las tácticas para compensar pérdidas controlables; es decir, neutralizar las debilidades, ganando mayor tiempo en la montaña y reducir las diferencias en las cronos (en promedio 3-4”/km), que siempre han sido definitivas para el campeón.

El ciclismo moderno de alto ritmo en el llano y la montaña, estructurado como un trabajo de equipo, no les ha permitido a los colombianos conseguir las diferencias necesarias, aunque cada vez se está más cerca. El año pasado Rigoberto Urán fue subcampeón del Tour, a 54”; y la edición que parte hoy tiene un recorrido más diverso, con dos etapas contrarreloj cortas (equipos e individual), una jornada de pavé y otra en terreno destapado, media y alta montaña, y apenas cuatro llegadas en alto.

Además, tendrá primero las cumbres de Los Alpes y, en la semana final, los Pirineos, con sus históricos Alpe d’Huez y el Tourmalet.

El trazado, relativamente similar al Tour 2014, que ganó Vincenzo Nibali, se presta a una batalla abierta y equilibrada porque además tiene sólo cuatro cimas por encima de 2.000m, que reduce la ventaja de oxigenación de los escarabajos andinos y un grupo de favoritos más amplio y sólido que llega fresco y sin el desgaste del tetracampeón británico Chris Froome, quien corrió el Giro d’Italia hace cinco semanas y ha disputado y ganado, en 11 meses, las tres últimas Grandes Vueltas.

Sin embargo, Sky presenta la escuadra más poderosa de su historia para respaldar a Froome, en la búsqueda de su quinto título, con los especialistas contrarreloj: Jonathan Castroviejo, Michal Kwiatkowski y Geraint Thomas; los rodadores: Gianni Moscon, Luke Rowe y Wout Poels; y la gran promesa colombiana, Egan Bernal, quien, a los 21 años y 171 días, largará su primera Gran Vuelta de tres semanas y es el plan B si fallara “Froomy”; bautizo de fuego. La inclusión a última hora de Bernal obligará a los rivales a cuidarse del novato y también de Geraint Thomas, como cartas alternativas.

Hasta ahora el biotipo de los escarabajos colombianos no ha conquistado el Tour de Francia pero en 2018 las diferencias deberían ser menores y los ataques más continuos. En ellos, las piernas de los colombianos Rigoberto Urán, Nairo Quintana y Darwin Atapuma, y los debutantes Egan Bernal, Fernando Gaviria y Daniel Martínez, tendrán nuevamente papel protagónico para cambiar la historia.

rincondecata@gmail.com@rincondecata

 

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