El 'Caqueteño' que sueña ser como Nairo Quintana

Hijo de un cultivador de coca, desplazado por la violencia y abandonado desde niño por su madre ya comienza a hacerse sentir en las carreteras del país. Abandonó la Vuelta de la Juventud porque una moto lo estrelló.

'Caqueteño' con el equipo Merkepaisa Junkos en la Vuelta a la Juventud. / Anderson Bonilla

“Una señora salió en la moto y se llevó por delante al ‘Caqueteño’”, fueron las palabras en la llegada de la cuarta etapa en Jamundí, Valle, de dos de los compañeros de Carlos Andrés Vargas, corredor del equipo Merkepaisa Junkos. En ese momento terminó la Vuelta de la Juventud para el pedalista de 19 años nacido en el caserío de Agua Blanca, en el municipio de Milán, Caquetá.

Con siete meses de edad su madre lo abandonó. “Le dijo a mi papá que ella ya no se iba a encargar más de mí por lo que a mi papá le tocó dejarme con mi abuelita”, le contó a El Espectador el ‘caqueteño’ que añora ser como Nairo Quintana. “Lo empecé a seguir en el Tour de Francia del 2013. Se me caen las lágrimas cada vez que veo videos de él ganando”.

Sólo pudo disfrutar de su pueblo siete años, pues la guerrilla amenazó a su familia y debieron desplazarse a Florencia. “La Guerrilla iba a matar a mi papá porque con un compañero se pusieron a vender la pasta de coca en el pueblo. Nosotros somos campesinos y eso era lo único que sabíamos hacer. Nunca era para el vicio ni esas cosas, era nuestro único sustento”.

Pero una profesora de Agua Blanca no quería que se fuera para Florencia porque decía que allá iba andar con malas compañías. Terminó teniendo la razón. “A los 13 años comencé andar en pandillas. Eso era muy feo. Tocaba andar con ‘chuzo’ y me la mantenía en la calle todo el tiempo. Estuve en peleas, pero afortunadamente nunca le hice daño a nadie ni me lo hicieron”. Carlos Andrés, reflexiona, mira al horizonte y describe minuciosamente cada detalle de su vida. La charla hasta ahora es de su niñez. Una muy difícil, pero que gracias a su abuela: doña Ermelina Valencia, estuvo llena de dedicación y amor.

El ciclismo, una historia llena de obstáculos

Esta Vuelta de la Juventud ha estado llena de percances para el pedalista de 19 años. En la primera etapa, tuvo que ayudar a un compañero que pinchó. Al siguiente día, le tocó a él. La tercera etapa, estuvo controlada debido al fallecimiento de Diego Suta el día anterior. Eso no fue impedimento para que una vez más, Carlos Andrés tuviera un contratiempo. No vio un hueco en la vía y se cayó. Le pasaron más de 20 ciclistas por encima. Llegó la cuarta etapa, la última para el ‘Caqueteño’. A pocos metros de la meta, la imprudencia de una señora en Jamundí, hizo que con su moto atropellará de frente al corredor de Merkepaisa Junkos. En la ambulancia solo pedía que no le tocaran la cadera, pues el dolor era insoportable. Le dieron de alta unas horas después, pero el equipo antioqueño perdía a uno de sus mejores escaladores.

Carlos sabe perfectamente que si quiere ser como Nairo tiene que pasar por todos estos obstáculos. Así se mentalizó cuando a los 15 años, José Lizardo Calderón, profesor en Florencia vio que se la pasaba para todos lados con una bicicrós que él mismo arreglaba. “Le puse luces por debajo para que alumbraran de noche, también le coloqué una botella de plástico a la llanta para que sonará como una moto”. El docente, aficionado al ciclismo desde joven, le propusó que montarán juntos. “Yo iba a la rueda de él. A mí bicicleta le sonaba de todo. Cada vez aumentaba más la velocidad y yo seguía pegado. Le aguanté todo el camino y ahí me vio condiciones”.

El profesor lo llevo a Orgullo Caqueteño, del entrenador Edwin Calderón. Allí empezaría el camino del mejor corredor juvenil de Caquetá. Una vez más el destino seguía empeñado en colocarle obstáculos. Con tres meses de entrenamiento, participaría en los nacionales de Armenia en el 2012. Los nervios se apoderaban de Andrés. Era la primera vez que corría con tantos pedalistas. Más de 80. Aun así, ya se encontraba entre los primeros 30, todo un logro para alguien que corría al lado de jóvenes con años de preparación. Pero cuando por su mente pasaba todas estas cosas positivas, se atravesaría un señor en la carretera y Vargas iba a saber por primera vez lo que es una caída en una competencia. “Los dos salimos a volar. Quede inconsciente por una hora”.

Carlos curó las heridas y siguió compitiendo. En Florencia lo conocen como ‘El Negro’, la mayoría de personas le ayudaba con dinero para ropa, alimentación o implementos deportivos. Se crio con su abuela. Su papá, Jairo Vargas, es agricultor. “Mi papá no me ayuda casi. Él tiene como pero no lo hace. Cada cuatro meses me toca decirle que por favor me colabore”.

En el 2015, a punta de rifas y trabajando en el taller del entrenador Edwin Calderón, ‘Caqueteño’ fue el único representante de su departamento en la Vuelta al Futuro en San Rafael, Antioquia. “Terminé 33 en la general, así que me presentaron a la señora Helen Navas, presidenta del equipo Amigos del Ciclismo. Quedamos en que debía ir hasta Medellín para hacer pruebas a ver cómo me iba”, Carlos no lo pensó dos veces e inmediatamente alistó maletas rumbo a la capital antioqueña.

Tenía todo listo para llegar a la casa de la mamá de un soldado que prestaba servicio en Florencia. “Cuando iba ya en el bus llegando a Medellín, me llamó el soldado para avisarme que ya no me podía quedar en su casa porque la familia se iba de paseo entonces no iba a estar nadie ahí. No se podía hacer nada, a buscar el mejor puente para quedarme ahí”, así es ‘Caqueteño’, nada le impide soltar una carcajada ni un comentario para propiciarla.

No tuvo que buscar ningún puente. La presidenta de Amigos del Ciclismo, por 350 mil pesos mensuales lo alojaba con los demás ciclistas del equipo. Desde Florencia seguían colaborándole. Él comenzó a entrenar y a seguir destacándose en su especialidad, la montaña. Quedó tercero en los departamentales del 2015 luego de una fuga de más de 100 kilómetros con el equipo del Orgullo Paisa.

“En Florencia sólo hacíamos plano y cuando se acababa el entrenamiento yo decía que me iba para la casa y me escapaba a subirme la escalada de 50 kilómetros que hay en el Alto del Pórtico. Subía 20 kilómetros a escondidas del ‘profe’ porque me regañaba. Nunca me ha gustado el plano”. Sus compañeros del Merkapaisa Junko lo invitan a conocer Buga pero él prefiere quedarse sentado, a duras penas puede caminar. “Cuando doy los pasos pareciera que se me quedara el musculo de la pierna atrás”.

En el 2015 se ganó el cupo para la Vuelta al Porvenir en Boyacá, con el equipo Coldeportes Claro. Era la oportunidad para demostrar todas sus condiciones. Se esforzó tanto que al momento de la llegada se desmayó. Lo atendieron y apenas volvió en sí oyó que su ídolo, Nairo Quintana se encontraba presente en la competencia. “Me levanté enseguida a buscarlo. Salí hasta en medias a ver dónde estaba. Nos tomamos una foto y le dije que yo quería ser algún día como él. Por respeto no le dije que quería ser mejor. Me respondió: ‘con dedicación y esfuerzo conseguirá todo lo que sueña’. Le agradecí y le pedí la caramañola. La sacó, se tomó un sorbo y me la pasó. De una yo también me tomé lo que quedaba a ver si tenía algo que lo hiciera correr tanto. Pero no, era sólo agua (risas)”.

Así concluye la charla con ‘Caqueteño’, entre risas. Consuela la moral baja y la desilusión de no continuar en la competencia, sabiendo que con 19 años todavía le quedan más de dos Vuelta a la Juventud para figurar. Pero lo que más disfrutó Carlos fue el primer pedazo de carne que se comió en mucho tiempo. La dieta en la competencia es estricta. “Tengo que aprovechar este descanso obligado y empezar a preparar la Vuelta a Rionegro a penas me recupere”. 

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