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El ciclismo juvenil: sin equipos para tanto talento

En la historia de Chrystian Carmona se reflejan las peripecias que un colombiano debe pasar para convertirse en profesional y cumplir sus metas.

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Juan Camilo Romero Gómez
10 de septiembre de 2016 - 05:00 p. m.
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Desde un Renault último modelo, con placas MNS 066, el entonces entrenador del equipo Orgullo Paisa, Santiago Botero, le compartía todo su conocimiento a Sergio Luis Henao, quien en 2010, con 22 años, se convertiría en uno de los ciclistas más jóvenes en ser campeón de una Vuelta a Colombia. La imagen al final era la de un relevo generacional en el ciclismo de nuestro país. Un director técnico, excampeón de ruta a nivel mundial ocho años atrás y una saliente promesa de este deporte. Ambos terminaban consagrándose en la edición 60 de la competencia, que culminaba en la ciudad de Medellín.

A pocos kilómetros, en el municipio de Envigado, con 14 años de edad, Chrystian Carmona sobresalía en la cantera del onceno naranja. Era el prototipo perfecto de un lateral defensivo: talentoso con el balón, rápido y con gran resistencia. Y era, porque un año después, el mismo programa que le cambió la vida a Sergio Luis Henao, tocó literalmente la puerta del colegio de Chrystian, produciendo el mismo efecto con él.

El programa Desarrollo del Ciclismo en las Subregiones de Antioquia, en cabeza del entrenador Gabriel Jaime Vélez, le contó a El Espectador que su objetivo es “identificar las características de los ciclistas de las regiones para ir fortaleciéndolas. No había una sede, pero se cubría todo el departamento. El 2015 terminó con 550 pedalistas en el programa. Se tenía apoyo en absolutamente todo. Existían entrenadores de municipio, de zona y generales. Les entregaban bicicleta, transporte desde el municipio hasta el sitio de las competencias, indumentarias, alimentación, no les faltaba nada”.

El director técnico del equipo Orgullo Paisa habla en pasado, porque con el cambio de gobierno este año, el programa estuvo detenido hasta hace unos meses, cuando pasó a manos de la Liga de Antioquia con cambios en el presupuesto.

Fue justamente Gonzalo Parlante Agudelo, un entrenador del programa de subregiones, quien ingresó al colegio Manuel Uribe Ángel para iniciar un proceso completamente nuevo en el municipio de Envigado. A Chrystian, quien se la pasaba montando bicicleta para ir a los entrenamientos, hacerle un mandado a su mamá o andar por las calles del barrio imaginándose encima de una moto después de ponerle una botella de plástico a la llanta trasera, le interesó la charla y se postuló a ir a la reunión que Agudelo les manifestó a todos para explicarles los detalles del proyecto.

“El ciclismo llegó de un momento a otro y me amarró enseguida. Yo tenía pereza de ir a la conferencia, quería seguir con el fútbol, pero un patinador fue el que me convenció para ir. Fuimos los únicos del colegio. Empezó a las 9 de la mañana y terminó a las 3 de la tarde. Pero desde que empezó quedé enamorado de todas las imágenes que mostraban. De hecho, mi amigo se fue a las 11. Nos hablaban de la técnica y de cómo íbamos a empezar en el proceso. Lo primero que le dije al entrenador fue que quería ir en bicicleta desde Medellín hasta Manizales”, le confesó Carmona a este diario.

Con 15 años empezaría el difícil camino de Chrystian en este deporte. Eso sí, con mucha ilusión y plena certeza de que “no hay nadie que le haya salido perfecto todo. Uno siempre tiene que buscar la motivación para continuar. Yo he tenido momentos en que he pensado en dejar el ciclismo”, asegura el pedalista de 20 años del equipo Merkepaisa Junkos, que terminó 30 en la pasada Vuelta de la Juventud y que esta semana compite en la Vuelta a Rionegro, donde es líder de la general.

Las sensaciones después de la competencia más importante en la categoría sub-23 son de incertidumbre para el ciclista antioqueño, pues su objetivo era consagrarse en una etapa y poder figurar en la general para que un equipo más grande pusiera sus ojos en él. Así es el ciclismo juvenil en Colombia, lleno de contrastes y de luchas. El propio Gabriel Jaime reconoce que los clubes importantes se quedan pequeños ante todo el talento que sale cada día a pedalear por las carreteras del país.

Pero el deporte de las bielas y los pedales siempre ha estado en la sangre de la gran mayoría de los colombianos. Aquí el ciclista nace de forma innata. Se forja día a día, transportándose del colegio a la casa como Nairo Quintana, el más grande de todos tras ser campeón del Giro de Italia 2014 y La Vuelta España 2016; o como Diego Fernando El Curita Cano, campeón de la Vuelta de la Juventud 2016 con el Strogman Campañolo, quien debía atravesar en su bicicleta los campos de hortaliza en Cota para ayudar a su papá a sembrar zanahoria y espinaca; y como Chrystian Carmona, quien debía subir todos los días las lomas de Manrique, la Comuna 3 de Medellín. Siempre descansaba en el semáforo que separaba las dos subidas más empinadas. Un día, encontró en el poste donde recostaba su cabeza un mensaje que decía: ‘Hermano, usted es un berraco’. “Yo no sé si era para mí, pero igual así lo tomé y subí esas dos lomas como nunca”, dice el pedalista de 20 años, que sueña con recalar en un equipo fuerte para correr el Clásico RCN y afianzarse de una vez por todas en el deporte que le ha entregado más éxitos a Colombia.

Triunfos que han significado sudor, sangre y momentos de olvido. Pues para que hoy en día el ciclismo colombiano esté nuevamente en auge y se encuentre en su mejor momento a nivel internacional, fueron necesarios los pasos que se dieron hace 62 años, cuando Ramón Hoyos se convertía en el primer colombiano en consagrarse campeón de una vuelta a un país (Puerto Rico).

A Carmona y a Hoyos, ganador cinco veces de la Vuelta a Colombia, los une don Francisco Mejía, abuelo materno de Chrystian. “Falleció antes de que yo naciera. Ha sido la única persona de la familia que ha montado en bicicleta. Subía todos los días por la vía vieja a Santa Elena (Rionegro) junto a Ramón Hoyos. Él nunca corrió profesionalmente, solo le justaba acompañar a su amigo en los entrenamientos. Según lo que dicen, mi abuelo siempre le ganaba. Hoyos siempre le insistía que se hiciera profesional, pero a él no le gustaba”.

Pero el mayor sueño de Chrystian es ser profesional. Sabe que los tiempos cambiaron por más que los patrocinadores se estén acercando nuevamente al ciclismo. Se está muy lejos de la época cuando Pilas Varta, Manzana Postobón, Pony Malta y Café Colombia llevaban todo un equipo a competir en el Tour de Francia, Giro de Italia o Vuelta a España.

Carmona vive de cerca esta historia, pues al lado del modesto equipo en el que se encuentra y tiene que trasladarse en carro particular a las competencias, se encuentran Martin Emilio Cochise Rodríguez, primero en correr en las tres grandes, y José Patrocinio Jiménez, el primero en ser campeón de la montaña en el Tour. El de Antioquia, acompañando a Coldeportes Claro, mientras que el de Boyacá, al equipo Bakano. Ambos clubes con buses para transportar los ciclistas, masajistas y bicicletas acordes a cada una de las necesidades. Toda una infraestructura detrás para potenciar a sus ciclistas.

Colombia superó dos décadas de olvido del ciclismo. Después de los maravillosos años 80, con una pareja inolvidable como Lucho Herrera, primer campeón de la Vuelta a España (1987) y mejor escalador del mundo tras vestirse en las tres grandes con esta camiseta, y Fabio Parra, mejor novato del Tour en 1985 y primero en subirse al podio del Tour, tres años más tarde. Más allá de las victorias de etapa en una de las tres grandes de Santiago Botero, Chepe González, Luis Felipe Laverde, Mauricio Soler, entre otros. Lo más destacable fueron los cuatros días que Víctor Hugo Peña se vistió con la camiseta que identifica al líder del Tour de Francia. Hasta ahora el único colombiano en ponerse el maillot amarillo.

Las superó porque en el 2010 apareció la camada de ciclistas que en la actualidad tiene a Colombia en el mejor momento de su historia. La victoria de Nairo en el Tour de l’Avenir, el más importante a nivel mundial en la categoría sub-23, no fue casualidad. Añorando el pasado, Café de Colombia se une con el programa gubernamental Colombia es Pasión, formando nuevamente un equipo criollo pensando en correr en Europa.

De la mano del entrenador Luis Fernando Saldarriaga y de programas en Antioquia como el de Gabriel Jaime Vélez, se inicia todo un proceso de profesionalización del ciclista colombiano. Ahí radican la diferencia y los resultados que hoy en día se ven. De esta manera llegaron los triunfos de Rigoberto Urán, Esteban Chaves, Carlos Betancur, Járlinson Pantano, Sergio Luis Henao, Darwin Atapuma y por supuesto Nairo Quintana.

Pero con la desaparición de este equipo, las posibilidades se reducen para ciclistas como Carmona, quien estuvo a punto de firmar con GW Shimano, pero el equipo prefirió corredores con experiencia del extinto Team Colombia.

El ciclismo de nuestro país pasa por su mejor momento, todos sueñan con ser parte de esto y por eso el nivel que se muestra en las competencias locales. Pero no sólo es competir, antes de querer ser Nairo Quintana, Sergio Luis Henao o Esteban Chaves, pedalistas como Chrystian Carmona añoran encontrar un equipo nacional con la infraestructura que los ayude a superar a sus ídolos.

Por Juan Camilo Romero Gómez

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