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En 2007 todo estaba cantado para que Santiago Botero ganara la contrarreloj individual en los Campeonatos Nacionales de Ruta. El pedalista paisa, venía compitiendo en Europa y no parecía tener rival para la crono. Era su especialidad. Se había entrenado y mentalizado para ser fuerte en este tipo de pruebas y en el país no había ciclista que pudiera hacerle frente.
Esa contrarreloj en los Nacionales de Ruta estaba programada para hacerse en el desierto de la Tatacoa, en el Huila. Un ambiente hostil para practicar cualquier deporte. Así que si Santiago Botero quería hacer valer su favoritismo tenía que sudar y mucho para atravesar esos 50 kilómetros que se habían dispuesto para esa prueba.
La mañana fue tranquila. En esos días el pedalista luchaba para quitarse unos kilos de más, así que su desayuno fue sencillo. Café, cereal, pan y unas tajadas de queso compusieron la primera comida del día. Con ganas de pecar y coger un bocado más, Santiago se obligó a dejar la mesa para prepararse para lo que se venía.
Inicialmente Santiago Botero estaba programado para salir después de las 11 de la mañana. Así que tomó sus cosas, se arregló y se fue en el carro con Raúl Mesa. La confianza se le veía en los ojos. Estaba convencido que podía ganar el oro en esa prueba. Por lo que durante el trayecto se fue preparando mentalmente para lo que venía. Pocas fueron las palabras que cruzó con Mesa durante el recorrido.
Pero cuando llegó pasó lo peor. Aún no habían habilitado una vía para la competencia, así que todo se retrasó por dos horas. El calor abrazador empezaba a sentirse, no solo para Santiago sino para todos los ciclistas que participaban en esa competencia. La impaciencia empezó a consumir a Botero, quien no sabía qué hacer. Se metía al carro para recibir aire acondicionado, se salía, hacía rodillos, volvía al carro. La molestia empezó a notarse cada vez más en sus gestos.
-Santiago, no se moleste. Hay que estar enfocados por lo que estamos peleando-, le dijo Raúl Mesa al pedalista.
La calma fue volviendo poco a poco. Pero el calor, el hambre y la espera comenzaba a hacer mella, “no sabía si comer o no. Si comía algo iba a estar muy lleno para la competencia, pero ya mi cuerpo pedía”, recuerda Santiago Botero.
Por suerte, las cosas mejoraron. Hubo luz verde y Santiago sabía que su hora de salida iba a ser alrededor de la 1:15 p.m. así que volvió a los rodillos, para calentar de nuevo. Ponerse a punto para una prueba que sabía tenía entre sus manos.
-Es un camino duro, hay repechos fuertes, así que tienes que ser conservador-, le recalcó Mesa en la charla previa.
Santiago absorbió esas palabras y una vez estaba en la zona de partida. Eran lo único que pasaban por su cabeza. La mirada estaba enfocada en la ruta. Sus manos sostenían con fuerza el manubrio y sus piernas, parecían pedirle a gritos que comenzara a rodar. Y así fue cuando le dieron la orden. La fuerza y constancia en su pedaleo era sorprendente. No habían pasado 12 kilómetros cuando alcanzó al primero. 10 kilómetros más adelante, pasó al segundo y antes de terminar al tercero.
Estaba volando. Los resultados así lo demostraron, le sacó un poco más de cuatro minutos a Rigoberto Urán y más de cinco a Israel Ochoa. Todo había terminado. La meta se había logrado. Santiago Botero era medalla de oro en los Nacionales de Ruta. Poco importo después la descompensación que tuvo el cuerpo. Solo era esperar para celebrar. “Fue un gran momento. No pude disfrutarlo mucho porque me dio la pálida, porque no había comido. Pero fue una gran alegría”.
Esa fue la primera victoria en una contrarreloj individual en los Nacionales de ruta que logró Botero. En 2009 se adjudicaría su segundo triunfo en esta prueba, pero sin tantas complicaciones previas como las que hubo en 2007.