El Giro de Contador peligra

El ciclista español decidirá este viernes si toma la salida después de sufrir un fuerte golpe en el hombro y la rodilla izquierdo.
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Alberto Contador sufrió una caída que tiene en duda su continuidad en el Giro. Foto: EFE

Al final de la etapa más intranscendente un espectador de la última recta decidió sacar una fotografía artística con un largo teleobjetivo que apoyó en la valla publicitaria. El aparato sobresalió lo suficiente como para que el ciclista Daniele Colli, que se lanzaba pegado a la valla a más de 60 por hora, se golpeara violentamente contra él, se rompiera el brazo y se cayera al suelo. Los corredores, medio pelotón por lo menos, que tras él marchaban cambiaron bruscamente de dirección para evitarlo, provocando una así llamada y temida ola, que absorbió a los corredores en amplio movimiento hacia su derecha. Alberto Contador por allí marchaba, pegado la derecha y sufrió la violencia de la ola, que como si fuera el mar transformaba a todos en juguetes a su merced. A Contador, hermoso y patrón en su maglia rosa de líder, le envió con fuerza contra la valla. Chocó y acrobáticamente, tras un involuntario salto mortal, cayó al suelo de culo. Le dolía la rodilla, dijo. El brazo izquierdo apenas lo podía mover. Cuando subió al podio a recibir su ración cotidiana de aplausos y una nueva maglia rosa les dijo a las azafatas que no se la pusieran, porque le dolía el brazo. Tampoco agitó y duchó a la gente con la gigantesca botella de Prosecco de todos los días. Ni siquiera quiso un beso.

Algunos lo llamarían efecto mariposa. Otros preferirán hablar de mala suerte y desgracia tremenda. La realidad es que Alberto Contador, caído y herido en el sprint de la sexta etapa, decidirá en la mañana del viernes si sigue disputando una carrera cuyo liderato había alcanzado la víspera. Todo ocurrió pasadas por poco las cinco de la tarde en una villa soleada, junto al Tirreno de Toscana, en Castiglione della Pescaia, donde la gente parece feliz de vacaciones perpetuas. Contador, siempre arropado por su equipo, se había distinguido este Giro por el extremo cuidado con que se había conducido para evitar situaciones de peligro. Siempre en cabeza, siempre atento, siempre protegido y bien situado, incluso en los últimos kilómetros de la sexta etapa, cuando un peligroso viento lateral puso al pelotón de los nervios.

Las primeras exploraciones, según la gente de su equipo, el Tinkoff, dedujeron que Contador, a quien rápidamente pusieron hielo en el brazo para reducir la inflamación, sufría una luxación en el hombro. Aunque no se especificaba el grado de la misma, se trata de una lesión que en teoría no debería impedir su salida en la séptima etapa. Nuevos exámenes radiológicos posteriores efectuados en un estudio móvil junto a su hotel emitieron un diagnóstico más pesimista, refrendada minutos después al verse al máximo favorito para la victoria con el brazo izquierdo en cabestrillo y vendado desde la mano hasta el hombro.

Un comunicado emitido a última hora de esta tarde confirma que Contador sufre una dislocación leve en el hombro izquierdo, con dolor leve. "Se me ha salido el hombro dos veces, antes y después de subir al podio", ha declarado el corredor. El equipo y su líder decidirán este viernes por la mañana si toma la salida en la que será la etapa más larga del Giro, con 260 kilómetros.

El equipo anunció un comunicado para unas horas más tarde (no había sido hecho público al cierre de esta edición) y los aficionados con memoria empezaron a recordar que los grandes campeones, Contador incluido, nunca se caían cuando ganaban. Indurain no sufrió la menor caída, ni siquiera un pinchazo, en las más de 100 etapas de sus cinco Tours consecutivos. El primer Tour que no ganó Contador, el de 2011, el Tour de Cadel Evans, lo comenzó con una caída en la primera etapa leve en apariencia: no le hizo abandonar pero le trastornó toda la carrera. No ganó como tampoco en 2013, cuando se cayó también al comienzo y el Tour no había salido aún de la isla de Bastia. Del de 2014 debió retirarse con un fuerte golpe en la rodilla tras caerse en la etapa de los Vosgos.

Lanzado magníficamente por su gregario Greg Henderson, un neozelandés que se atrevió a tuitear con dudas sobre la diarrea que le tuvo a Fabio Aru varios días en el hospital hace unas semanas, ganó el sprint Andre Greipel, el más votado en todas las quinielas y sordo al estrépito que se desarrolló a sus espaldas.