1 May 2021 - 2:16 a. m.

Entrevista con Egan Bernal: “Es agradable levantarse y no tener cronograma”

En entrevista con El Espectador, un día después de ganar el Giro de Italia, el ciclista colombiano confesó que “desde muy temprano puse a mis compañeros a trabajar a fondo, a desgastarse. Y hacer eso durante 11 días no es fácil. Tuve el mejor equipo de todos”. Mano a mano.
“Ahora soy más consciente de lo que conlleva ser el ganador de una gran vuelta”, admitió Egan Bernal en Milán, donde le concedió una entrevista al enviado especial de El Espectador. / AP
“Ahora soy más consciente de lo que conlleva ser el ganador de una gran vuelta”, admitió Egan Bernal en Milán, donde le concedió una entrevista al enviado especial de El Espectador. / AP
Foto: Gian Mattia D'Alberto

Egan Bernal camina pausado. Ya no es tiempo para ir de prisa. Y regala saludos, sonrisas, puño cerrado porque no se puede un apretón de manos. Pero que la cordialidad no engañe. El ganador del Giro de Italia 2021 está cansado, pero es consciente de que ser campeón tiene varias etapas: la de pedalear, sufrir y trabajar para poder serlo –puede que la más sencilla– y la que viene después de los festejos y las celebraciones, la de la atención exclusiva a unos cuantos medios.

El colombiano lo hace, entiende la obligación, no refuta, y no le importa que le repitan una y otra vez las mismas preguntas en diferentes idiomas.

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Y con calma responde. Firma camisetas, unas cuantas, también botellas de champán similares a las que abrió desde la etapa nueve hasta la veintiuna.

Aceptar tantos elogios puede ser saturante, y cualquiera estallaría con cámaras detrás, personas moviéndose al compás, con los ojos clavados en uno, pendientes de un gesto, de un suspiro, de cualquier cosa. Hasta para ser el vencedor de una grande se necesita paciencia, y no hablamos de situaciones de carrera, sino de las que vienen después, tan desgastantes, y sofocantes.

En un hotel ubicado en un punto estratégico de Milán (de un lado la ciudad antigua; del otro, la parte más moderna), la organización de la Corsa Rosa cita a unos cuantos periodistas, entre ellos El Espectador, para tener un mano a mano con Bernal y para dialogar en un espacio más cómodo y sin el trajín de las salas de prensa o las zonas mixtas, un salón pequeño para que surja la naturalidad.

Siendo sincero, ¿cuántas horas durmió el domingo?

La verdad es que no sé. Estuvimos con el equipo como hasta las dos o tres de la mañana, tomándonos unas cervezas, molestando, hablando de todo lo que no se puede hablar durante la carrera por falta de tiempo. Pero no creo que hayan sido las suficientes.

Por lo menos no hubo la presión de madrugar y de seguir con la rutina de la carrera…

Uy, sí. Es extraño, pero agradable, levantarse y no tener que estar pendiente del cronograma, de que tienes que desayunar a tal hora, alistarte y salir a tal otra. Es un calendario muy apretado que no te da respiro, porque hay que mirar dónde está el casco, las zapatillas, que esto y aquello. Te puedo decir que si en estos momentos vas a mi habitación acá en Milán, la encuentras hecha un desastre. Ni siquiera sé dónde están las zapatillas, nada. Pero de cierta forma eso me alegra, me relaja.

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Pero esto no ha acabado, al menos por ahora, porque habrá más compromisos…

Ha sido un mes largo y desgastante, en lo físico y lo mental. Mira: si el Giro siguiera, seguramente estaría concentrado, enfocado y dándole a tope, pero apenas crucé la meta en la crono, me desconecté. Es como si sintieras un alivio y dijeras, uf, ya está, hasta acá llego, hasta acá estaba planeado que llegara. Creo que en el Tour no fue igual.

¿Por qué?

Porque acá cogimos la camiseta de líder desde la etapa nueve. Y los pensamientos cambian, y ya te vas preparando, sin ser triunfalista, para lo que podría venir. En Francia duré unos días después del título para entender lo que había pasado. Ahora soy más consciente de lo que conlleva ser el ganador de una gran vuelta.

Usted ha dicho que el planteamiento del Ineos para el Giro era diferente al que se dio. ¿Por qué?

Porque se quería ir de menos a más, de pasar tranquilos las dos primeras semanas y tener un remate fuerte. Pero fíjate cómo sucedió todo. No estábamos buscando la camiseta rosa desde tan temprano y en Campo Felice ya la teníamos. No puedo negar que fue una emoción enorme, pero también puse al equipo a trabajar a fondo, a desgastarse. Y hacer eso durante 11 días no es fácil. Todos los demás en contra tuya, atacándote, queriendo ir adelante, y tú y los tuyos procurando ordenar y mandar. Tengo que repetirlo las veces que sean necesarias: tuve al mejor equipo de todos. Son datos y hay que darlos.

Estas experiencias, de todo tipo, son las que diferencian a un gran líder de un corredor cualquiera.

Y quiero destacar que las vivencias van más del lado personal, de buenos y malos momentos. Ya en cuanto a la carrera, tuve experiencias muy bacanas como líder del Ineos. No es sencillo gestionar lo que pasa en una escuadra, pero por fortuna tuve grandes personas a mi lado, cada uno experto en su campo, inteligentes y que me fueron llevando.

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¿Cree que ahora es un ciclista más completo?

No sé si más completo, pero con más confianza. Y también más seguro con el trabajo que estoy haciendo. De una u otra forma los cambios son para bien, todo cambio te ayuda a crecer, y creo que he crecido en este Giro. Las vivencias del último año no fueron fáciles, pero acá estamos, mirando para adelante.

¿Qué tan importante ha sido Xabier Artetxe en este proceso?

Me transmite una serenidad que no te imaginas. En estos meses me animó siempre, me entendió, me apretó cuando debía hacerlo, me entendió cuando lo ameritaba. Fue un papá deportivo, lo ha sido desde que trabajamos juntos. Le tengo un respeto gigante y procuro hacer lo que me dice. Y fíjate los resultados.

¿Cuándo vuelve a Colombia?

En realidad no lo sé, espero que pronto. Quiero estar en mi casa, abrazar a mi familia, a mi perro, sentarme a ver el programa La finca de hoy, tomar un buen café, por la tarde una cerveza en la terraza y ya está. No necesito nada más.

Por: Camilo Amaya

En twitter: @CamiloGAmaya

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