15 Aug 2021 - 2:00 a. m.

Nairo Quintana: “Todos mis triunfos son de Colombia”

El campeón de la Vuelta a España en 2016 habla sobre su nueva faceta de empresario, entre otras cosas. También de lo que viene para él y para su equipo, el Arkéa Samsic.
Camilo Amaya

Camilo Amaya

Periodista Deportes

Los detalles de su vestimenta transmiten la sensación de un empresario moderno, alejado de los trajes y los formalismos, que prefiere la ropa casual, el ambiente casual y, por supuesto, las charlas casuales. Poco de protocolo. Camisa blanca, jean oscuro, medias taloneras, imperceptibles, y unos mocasines cafés. Nairo Quintana parte del principio de que una historia bien contada es una buena historia.

Y por eso el valor de los detalles. El ciclista boyacense, que esta vez no está sobre un rodillo o en uniforme, casco y zapatillas, empieza contando que cuando niño, seguramente por la misma época en la que compitió contra el hijo de Juan Pistolas (su primera carrera), su papá quería montar una bicicletería en la esquina del parque de Arcabuco.

De hecho, el sueño era ese: que Nairo mejorara y a la vez dejara de vender frutas y verduras en el punto conocido como Agua Varuna, lugar en el que paran los transportadores que van para Barbosa (Santander), para llenar garrafas con el agua gélida que brota de la tierra.

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Quintana, tan diferente al Quintana de años atrás, mueve las manos al compás de las palabras, como si fuera indispensable para expresarse, y habla de una manera sosegada, pero con firmeza y seguridad.

Y Nairo ya no es el Nairo de antes, el de frases escuetas y cortas, poco sustanciales, el de muchos síes y noes. Quintana se extiende, sonríe y con esos ojos oscuros, que parecen milenarios, engancha. Y con un gesto para cada cosa, cuenta que lo que lleva trabajo -lo que le ha llevado trabajo- al final genera alegría.

Y no usa la primera persona, sino el plural, y dice “nosotros hemos hecho” o “nosotros queremos seguir ganando”. Incluso se refiere a él mismo como si se tratara de alguien más: “Nairo Quintana todavía tiene mucho para dar”.

Quintana, el empresario, es igual de trabajador que el ciclista, y también cuenta con un equipo detrás que lo ayuda a tomar decisiones, a visualizar metas, a concretarlas.

“Si no fuera por Paola, mi esposa, estaría un poco enredado. Cuando éramos novios le dije que estudiara algo relacionado con números, que sentía que quizá me iba a ir bien montando bicicleta y que necesitaba su apoyo. Se resistió, pero lo hizo, y ahora es la que lleva las cuentas, la que revisa, la que está en constante auditoría para que todo salga bien”.

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El boyacense de 31 años ya abrió su primera tienda, y lo hizo en el sur de Bogotá por una simple razón: “Quiero que todo el mundo tenga acceso a prendas y todo lo que necesite con precios asequibles. Me debo a ellos porque no sería quien soy sin el apoyo de los aficionados”, dice antes de ponerse de pie para explicar que las camisetas y los uniformes que vende son hechos con materiales colombianos, diseñados por colombianos y producidos por madres cabeza de familia.

“Usted viene, prueba su bicicleta en la pista alterna y si no le gusta, pues no se la lleva”. El Nairo Quintana emprendedor no puede escapar a las preguntas sobre ciclismo, más ahora que ya está en marcha la Vuelta a España, carrera que ganó en 2016.

Verlo en esta faceta quizás es la premonición del principio del fin...

Tengo un año más de contrato con el equipo y creo que todavía hay Nairo para rato. Hay una cosa que los franceses llaman la pequeña muerte, pero todavía estoy lejos de eso. Me siento con ganas de correr un buen tiempo.

Pero también hay que entender que así la mente quiera, el cuerpo dice no más...

En plena pandemia viví la lesión más dura de mi carrera. Bueno, nunca había tenido una así. Duré un par de meses en los que no podía caminar con facilidad. Y eso no lo sabe la gente, porque hay ocasiones en las que importa es si ganas y nada más. De todas maneras, luego de analizarlo con mi equipo, nos dimos cuenta de que este tipo de molestias físicas causaron más estragos en otros ciclistas. Y por eso hay que ser agradecidos, porque se hizo una recuperación responsable, pero fui respondiendo cada vez mejor.

Y eso se vio en el pasado Tour de Francia...

Sí, tuve días muy duros, una guerra fuerte conmigo mismo. Y súmele a eso que los rivales estaban un nivel por encima. Uno trata, pero hay ocasiones en las que no se puede. Por diferentes factores no conté con un equipo que me respaldara. Y la gente se pregunta que por qué Nairo no gana, por qué Nairo se queda en la subida, y es ahí cuando les digo que no es falta de condiciones y ganas, solo que las limitaciones físicas te hacen ir a media máquina. Y así es complicado competir con los demás.

¿Sabía que el aficionado se siente más identificado con usted que con cualquier otro ciclista colombiano?

Creo que ese orgullo es una construcción colectiva por abrir las puertas de nuevo en el plano internacional. La gente volvió a creer y le enseñamos que era posible ganar y festejar. Ahí radica parte de mi éxito, en ellos, en su apoyo, en sus recibimientos, en el calor de cada frase y palabra de aliento. Y aún hoy, que no estoy en mi mejor nivel, esas muestras son más grandes. Por eso es que los triunfos de Nairo Quintana no son míos, sino de Colombia.

Además, usted personificó y personifica el sueño de tantos…

El venir de una familia campesina y humilde crea cercanía con el público, con la mayoría que entiende que si yo pude ellos también. Y eso no es una frase de cajón, es una realidad que aplica a cualquier cosa en la vida. La empatía es enorme y por eso siempre siento que tengo una responsabilidad con mi país y con mi pueblo, de darlo todo por ellos.

Como en los Juegos Olímpicos. ¿Qué me puede decir de su debut en Tokio?

Quiero empezar diciendo que al comienzo de la prueba se me dañó la bicicleta y que después de una caída quedé envuelto y ya fue complicado retomar. Más allá de esa experiencia de haber estado en la Villa Olímpica, conocer a los mejores atletas del mundo y quizá ser parte de ese grupo es algo increíble. Nada más calcule: cuánta gente vive en el planeta y cuántos deportistas están en ese lugar, todos reunidos. El simple hecho de ir a unos Juegos ya es suficiente para estar en la élite de cualquier disciplina. Van los mejores.

¿Le gustó lo poco que conoció de Japón?

En realidad no conocí nada, porque las medidas de salubridad fueron muy estrictas para evitar cualquier contagio de COVID-19. Salimos a rodar un par de veces, de resto en los cuartos de la Villa y en los espacios permitidos. Aun así uno se hace una percepción del orden, de la forma de ser y de trabajar de los japoneses. Con razón son potencia.

Usted siempre ha tenido un rostro de jugador de póker, tan calmado. Pero seguramente se le sale el mal genio, como a todos. ¿Hace cuánto no sucede eso?

No hace mucho. Quiero que todo lo que hago vaya bien y me obsesiono por ser perfeccionista. De hecho, ahora mismo, así me vea sonriente, estoy un poco malgeniado.

¿Por qué?

Me incomoda cierta posición frente al ciclismo de ahora en nuestro país. Más adelante sucederán cosas que dejarán claro el porqué de la inconformidad de Nairo Quintana. Y seguramente eso ayudará de una u otra forma para dar un paso hacia delante en el desarrollo de nuestro deporte.

¿Puede dar un adelanto de qué se trata?

No, mejor no. Después les contaré.

¿Por qué se demoró tanto tiempo en abrir su primera tienda de ciclismo?

Quería hacerlo bien, sin afanes. Sí, pude hacerlo hace cinco años, quizá, pero era mejor analizar las cosas, encontrar todo lo necesario y ahí sí dar el paso. Sigo enfocado en lo mío, porque Nairo tiene que montar bicicleta, pero no dejo de lado el sueño de mi papá, que ahora es el de mi familia. Por fortuna hay gente a mi alrededor que canaliza todo, lo que Nairo quiere, lo que Nairo piensa, lo que Nairo busca. Si todo sigue así pronto abriremos más sucursales.

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