La fortaleza del Sky detiene la tormenta pero no la sospecha

La tormenta de agua y de ataques no hicieron vacilar la fortaleza del equipo Sky del británico Chris Froome, que salió indemne de la etapa reina del Tour de Francia, aunque no parece salvarse del manto de sospechas que acechan su poderío.

EFE

El ciclismo moderno, el que resurge como puede de una historia marcada el dopaje que ha desnudado gestas, no perdona las exhibiciones, sobre todo cuando, más allá del líder, son colectivas.

El Sky, una máquina de ganar apoyada en las últimas tecnologías e innovaciones, es la víctima perfecta de esa desconfianza, sobre todo porque sus responsables prefieren guardar con celo los secretos de su éxito aunque eso alimente todavía más el fantasma de la sospecha.

A la demostración de Froome en la subida a la Pierre Saint-Martin del pasado martes, donde aplastó a todos sus rivales, le siguió hoy una exhibición de poderío colectivo, que llevaron al líder del equipo a responder con dos guardaespaldas, el australiano Richie Porte primero y el británico Geraint Thomas más tarde, a cualquier ataque de sus rivales.

Hasta en tres ocasiones lo intentó el colombiano Nairo Quintana, tercero de la general, otra su compañero en el Movistar Alejandro Valverde, cuarto, y dos más el español del Tinkoff Alberto Contador, sexto. El tren del Sky los neutralizó, uno por uno, casi con calma, como si el descarado dominio que muestran en la carretera ralentizara las agresiones de sus rivales.

"No me he sentido bajo presión, no he tenido un día malo, he estado protegido, hemos controlado la carrera, no ha habido problemas", señaló Froome, que multiplica las alabanzas a sus compañeros.

Pero el rendimiento de sus lugartenientes despierta tantas sospechas como el del jefe de filas.

En la caravana no son pocos los que se preguntan por la transformación de Porte, mediocre en el pasado Giro e imperial en la ronda gala.

Thomas, por su parte, un ciclista formado en la pista y reciclado en las clásicas, se ha tornado en la ronda gala en un escalador temible, capaz de desactivar los ataques de todo un especialista como Quintana.

Por mucho que Froome se obstine en presentarse como el apóstol del ciclismo limpio, de los nuevos tiempos que corren, aunque ninguna prueba muestre lo contrario, la fortaleza Sky es tan opaca que de su descaro nace la propia duda.

El Tour sufre todavía del desengaño de los años de Lance Armstrong, que hipnotizó la carrera hasta que los aficionados se despertaron bruscamente en pesadilla.

El texano tampoco dio positivo, pero visto con perspectiva, la superioridad que demostró en sus siete Tours victoriosos, era la prueba de su pecado.

Una regla que ahora el inconsciente colectivo traslada al Sky cada vez que los hombres de negro y azul cielo se exhiben.

A Laurent Jalabert, que comenta el Tour para la tele pública francesa, le pareció "incómodo" ver a Froome rodar con tanta soltura en las pendientes de la Pierre Saint-Martin. A su compañero Cédric Vasseur, otro exciclista recolocado en comentarista, le parecía que la bici del británico rodaba sola.

En el ambiente cargado que vive la carrera, a expensas de que la rivalidad de la carretera lo traslade al terreno puramente deportivo, cualquier alusión se convierte en pólvora.

Froome ya tuerce el gesto cuando le preguntan por la sospecha, por sus datos fisiológicos "inhumanos", según una filtración que circula por las redes sociales o por su ritmo cardiaco inusualmente bajo.

El amable británico nacido en Kenia, que no quiso repetir los errores de su hosco compatriota Bradley Wiggins en el trato con la prensa, comienza a conocer el amargo del desencanto.

El público le abucheó camino de Cauterets. Y su compañero Richie Porte, harto de tanta animadversión, se encaró con un espectador que le trató de dopado. Esos parecen los únicos ataques que hacen vacilar la fortaleza del Sky .