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Los desafios deportivos más conocidos contra la consigna de la “Superioridad racial” son las victorias del afroamericano Jesse Owens en los juegos olímpicos de Berlin, en 1936, con Adolfo Hitler presente en el estadio. Aunque no salvaron vidas, quedaron en el recuerdo de la humanidad para siempre. Durante las décadas de los años sesenta, setenta y ochenta el pugilista Cassius Clay (Mohamed Ali) nos dejó estilísticos recuerdos deportivos y jocosos desafíos verbales de sus agiles capacidades mentales en pro de la libertad y la igualdad. Pero el mismo siglo XX terminó sin habernos dado la noticia de las vidas que Gino Bartali salvó con su bicicleta.
Bartali fue un toscano que nació a unos 10 kilómetros de Florencia, Italia. Sus gestas deportivas dividieron a Italia, después de la Segunda Guerra Mundial, por sus rivalidades con el gran Fausto Coppi y la unieron por su solidaridad con él, y por sus glorias en momentos críticos para el país. Bartali toda su vida fue un devoto a la bicicleta, la familia, la cristiandad, la democracia, y también lo fue a la acción humanitaria.
Bartali compitió en 988 oportunidades con 184 victorias en su palmarés. Entre muchos títulos ganó dos Tour de Francia (1938 y 1948) con sus grandes premios de montaña, tres Giro de Italia (1936, 1937 y 1946) con los premios de montaña respectivos, dos Tour de Suiza (1946 y 1947), cuatro Milán- San Remo (1939, 1940, 1947 y 1950), tres Tour de Lombardía (1936, 1939 y 1940), cinco Tour de la Toscana (1939, 1940, 1948, 1950 y 1953) y fue cuatro veces campeón de Italia (1935, 1937, 1940 y 1952).
Se estima que Bartali recorrió poco más de 700.000 kilómetros en bicicleta durante su vida y que en competencia profesional fue uno de los grandes damnificados por el parón del conflicto bélico entre 1939 y 1945, pues estaba en una excelente condición y en la mejor edad de un ciclista. Bartali vivió la guerra de los 25 a los 30 años de edad.
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La bicicleta era para los campeones italianos un símbolo de trabajo, de orgullo y de libertad durante casi todo el siglo XX. El escritor Curzio Malaparte escribió, “la bicicleta en Italia hace parte del patrimonio artístico nacional con el mismo título que la Gioconda de Leonardo, la Cúpula de San Pedro o la Divina Comedia de Dante”. Bartali como otros campeones dormía con su bicicleta en la habitación, la limpiaba, le hablaba y la amaba. Estaba en capacidad de permanecer pedaleando entre seis y ocho horas continuas. El italiano era una máquina de fuerza. No era muy grande, 1.71 metros de altura y pesaba 64 kilos, pero su ritmo cardiaco era muy lento 32/34 pulsaciones por minuto. Ese era su gran secreto. Él solía decir que era meticuloso en todo lo concerniente a su “bicicletta”, que una vez sentado en ella, él y ella eran una sola unidad.
¡La bicicleta era mi compañía, mi vida, mi instrumento de trabajo!
A los 12 años de edad, en 1926, compró su primera bicicleta con el dinero que ganaba como aprendiz en el taller de Oscar Casamonti, un ciclista amateur, que lo llevó a las primeras competencias cuando tenía 16 años y que años después sería un colaborador más de la resistencia durante la Guerra Mundial.
En la noche del 2 de octubre de 1941, Bartali sale en su bicicleta apresurado de Ponte a Ema hasta Florencia para buscar y traer cargada en el marco de la bicicleta a una partera, que le ayudó con éxito a su esposa en el parto de su primer hijo. En 1943 hace el mismo trayecto, esta vez más urgente en busca de un médico, pero no llegó a tiempo. El bebé nace muerto. Bartali quedará marcado de por vida con esa tragedia. Él mismo tuvo que hacer el ataúd y enterrarlo al lado de su hermano menor Giulio, quien había perdido la vida a los 19 años, en competencia ciclística, cuando bajaba una curva y se estrelló contra un vehículo que iba en contravía. Murió una semana después de que Gino ganara su primer Giro de Italia.
El 14 de julio de 1936 ocurrió la cosa más tremenda de mi vida.
Gino Bartali permaneció algunas semanas desconsolado, se sentía culpable, dejó de entrenarse. Fue su futura esposa quien lo animó a volver a correr y nunca volvió a dejar sus bicicletas. De Giulio había recibido todo el apoyo cuando su padre le insistió que debía ganar dinero con el ciclismo. En las competencias como amateur empezó a ganar muchas más liras que las que ganaba en el taller, lo que fue motivante para continuar. Cuatro años después se hizo profesional y ya corría con una cadena de la virgen en el cuerpo y otra en la bicicleta para protegerse de accidentes, decía él.
Es a la edad de 10 años que Bartali es inscrito en la Azzione Cattolica (Acción Católica en español), que es una acción católica italiana creada en 1867 bajo el eslogan de “rezar, acción, sacrificio”. Acción Católica tuvo frecuentes e intensas fricciones con los organismos de juventudes del gobierno de Benito Musolini. Bartali tomó seriamente el eslogan y adquirió una devoción inmensa por la oración. Todas las mañanas rezaba, incluyendo los días de grandes competencias.
El pedalista toscano guardó en sus bolsillos durante toda su vida el carnet de la Acción Católica. En febrero de 1937, cuando ya era un ciclista famoso, ingresó a la tercera orden de las carmelitas, donde permaneció hasta la muerte y fue devoto de Santa Teresa del niño Jesús, a quien llamaría, “mi Santa Teresita”. Incluso le hizo construir una pequeña capilla en su propio apartamento en Florencia. Después de su muerte sus nietos donaron la capilla, en el 2018, para el “Museo de ciclismo Gino Bartali” en su pueblo natal, Ponte a Ema.
En los años veinte, el niño Bartali escuchó hablar de las grandes gestas deportivas de Ottavio Bottecchia, segundo en el Tour de Francia 1923, primero en 1924 y 1925. Durante todas las etapas del Tour 1924 llevó la camiseta de líder, éxito sin precedentes. Era un obrero de extracción muy humilde. Antifascista. Había recibido la medalla de bronce por la primera guerra mundial. Vio en la bicicleta un medio de ascensión social.
Con sus victorias se compró una casa y fundó una fábrica de bicicletas. A los 32 años apareció muy cerca de su hogar atropellado por un vehículo mientras se entrenaba. Fueron doce días de agonía y murió. Siempre se sospechó de la mano oscura del fascismo. El gobierno de Mussolini siempre quiso aprovechar sus victorias para la propaganda de su partido político pero que Bottecchia rechazó, como en los años treinta ocurrió con Bartali.
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Después de dos años de profesionalismo, Bartali ganó su primer Giro de Italia, en 1936. El diario italiano La Gazzetta dello Sport tituló, “Bartali ha triunfado en el XXIV Giro de Italia adjudicándose el 1 Premio del Duce”. Deporte y política parecían uno sólo, la victoria del Giro era el mismísimo premio Mussolini. Bartali ganaría el año siguiente otra vez. En 1938 le informaron que una voz muy en alto prohibía que compitiera otra vez, que dos triunfos de Giro eran suficientes, que tendría que guardar fuerzas para el triunfo de su primer Tour de Francia.
Por aquellos años el Tour se disputaba entre naciones. Ese año la selección italiana de fútbol gana su segunda Copa del Mundo en Paris. El triunfo es del fascismo con la selección vestida de negro y con el saludo romano dirigido a la presidencia en el estadio de la capital francesa. Años después Jules Rimet, presidente de la FIFA, diría que Mussolini fue quien mandó en esas Copas del Mundo. Seis semanas después Bartali gana su primer Tour de Francia. El gobierno fascista le otorga la medalla de plata al valor atlético. Él confesó años después que esa medalla la tiró al río Arno, en Florencia, poco después de conseguirla.
Bartali durante ese Tour se sintió muy contento de estar acompañado por miles de inmigrantes italianos en las carreteras. Eran compatriotas que habían dejado su tierra para buscar trabajo y huir de la dictadura fascista. El mayor número de extranjeros que habitaban en Francia en ese momento eran tanos, unos 880.000. Raphaël Geminiani, gran ciclista francés de la época, diría que la gente veneraba a Gino, lo celebraba, lo veía como un dios al verlo pedalear con tanta fuerza en aquel Tour de 1938.
El 10 de junio de 1940, Italia le declaró la guerra a Francia y Gran Bretaña. La propaganda fascista gritaba por la defensa de la nación en las plazas de las principales ciudades del país. Bartali estuvo a punto de no ser reclutado por deficiencia cardiaca. Pero como un atleta que tiene en su haber dos Giro y un Tour iba a ser excluido. Quedó asignado para la Milicia de control de las rutas, muy cerca de su hogar. Gino se casó pronto con Adriana bajo la bendición de Elia Dalla Costa, arzobispo de Florencia y Cardenal, el mismo que en otoño de 1943, bajo la ocupación alemana, le propone hacer parte de la resistencia trabajando para una red que esconde y protege a los judíos en las iglesias, monasterios, conventos y capillas de Italia. Era una red formada por el cardenal y el rabino Nathan Cassuto, la unión de dos religiones. El trabajo de Bartali consistió en ser “el mensajero de la libertad”, de septiembre de 1943 hasta junio de 1944.
El ciclista transportaba documentos de identidad falsos que pudieran darle la posibilidad de salir a tomar raciones de comida o buscar la libertad a familias de judíos escondidos. La resistencia los protegía en los sótanos de las construcciones religiosas. Al tiempo, Bartali debía transmitir mensajes fundamentales sobre los operativos de la red. Con la operación ya iniciada, un bombardeo en Florencia se llevó la vida de 215 civiles. Los desplazamientos del ciclista eran muy peligrosos.
Para lograr un trabajo perfecto, la red contó con dos profesionales de la impresión, Luigi y Trento Brizi, que trabajaban en la ciudad de Asis. Ellos odiaban a los Nazis y los fascistas. Bartali transportaba dentro de los tubos del marco de la bicicleta los documentos falsos entre las ciudades de Florencia y Asis. Era un recorrido de casi 200 kilómetros para la época, que podía aumentar por las desviaciones hacia varios conventos y monasterios.
Nadie podía hacer ese trabajo. Solamente el gran campeón y popular Bartali, que en caso de no ser reconocido llevaba su apellido escrito en la camiseta. Era un ciclista que, “se estaba entrenando entre la región Toscana y la Umbría”. Varias veces los soldados alemanes e italianos lo detuvieron y reconocieron. Él tenía la precaución de evitar que tocaran su bicicleta, un instrumento muy delicado y bien sincronizado para la velocidad de un profesional.
Se estima que gracias a los recorridos del “mensajero de la libertad” se lograron salvar las vidas de unos 800 judíos. Después de terminada la guerra, Bartali nunca habló del tema. Ni su esposa Adriana lo sabía al detalle. Bartali solía repetirle a su hija, “el bien se hace, no se dice”. Después de la guerra, continúo haciendo lo que sabía. En 1946 compitió en el Giro de Italia, en un país que necesitaba entrar en el mensaje de San Francisco de Asis, la vida como un “himno de esperanza y optimismo”. El gobierno demócrata y el Vaticano invitaron a seguir el evento.
Fue el Giro más politizado de la historia, “la carrera del pueblo”. El evento debía pasar por Trieste, que estaba en riesgo de ser invadido por el dictador Tito de Yugoslavia. El Giro contribuyó a hacer presencia: su primera etapa, Milán-Torino, la ganó Giordano Cottur, originario de Trieste, que además ganó la fracción que llegaba a Trieste. Bartali ganó el Giro sobre Fausto Coppi por 47 segundos, se acentúo la rivalidad que tres años después sería una gran amistad. Italia encontró optimismo en el Giro. Es la competencia más importante ese año donde no se corrió el Tour de Francia.
Bartali vuelve a la gran vuelta del ciclismo galo diez años después, en 1948. Una locura: 21 etapas en 25 días con un recorrido de 4922 kilómetros. Sólo terminaron 44 corredores de los 120 participantes. En plena carrera, en el día de descanso en Cannes, Bartali recibe una llamada de De Gasperi, dirigente del partido Demócrata Cristiano. Era urgente. Palmiro Togliatti, secretario general del Partido Comunista Italiano, sufrió un atentado del que sobrevivió por fortuna. Se generó una revuelta con un saldo de 14 muertos y 800 heridos en toda Italia.
De Gasperi le pidió a Bartali un triunfo para calmar a las masas, volver al sueño del porvenir de la democracia. Bartali lo prometió, pero está a 21 minutos y 28 segundos del francés Louison Bobet. El 15 de julio es la etapa de montaña de Cannes a Briançon que Gino ganó en solitario y quedó de segundo en la general a 1 minuto y 6 segundos de Bobet. El día siguiente de Briançon a Aix-les-Bains, Bartali vuelve a ganar y es líder. Dos días después ganó por tercera vez consecutiva la etapa y el Tour está asegurado. Después de ciertos rencores anti italianos, en Francia es muy aplaudido e Italia entera le queda agradecida. El cantante Paolo Conte le dedicó una canción de tinte franco-italiano, que se puede escuchar con facilidad en red.
Bartali se retiró como profesional en 1953 sin dar detalles de sus oficios durante la guerra. Alguna vez le dijo a su hijo mayor que hay medallas que se cuelgan en el alma y son las que deben contar en el reino de los cielos. Que divulgar el bien hecho era como aprovecharse del sufrimiento de los otros. Que se contentaba con haber hecho lo mejor, que era ir en bicicleta. Bartali murió en el año 2000 y desde entonces se empezó a saber todo.
En el año 2005 el presidente italiano, Carlo Azeglio Ciampi le concedió la medalla de oro al mérito cívico de la República Italiana. En el año 2013, el memorial de Yad Vashem de Jerusalem proclamó a Bartali con el título de “Justo entre las naciones”. La versión del Giro de Italia, 2018, se inauguró en Israel en honor a Bartali. Ese mismo año el periodista y escritor italiano Alberto Toscano escribió el libro en francés, “Una bicicleta contra la barbaridad nazi», para hacerle honor desde Francia.
En el 2019 el libro fue publicado en italiano con un gran éxito editorial. Hasta el momento la lengua castellana no conoce esta bella joya que es una investigación periodística llena de detalles sobre Bartali y su historia, la del siglo XX en Italia. De momento son muchos los videos que se pueden ver de Gino, el piadoso; Gino, el viejo; y Gino el hombre de hierro como se le conoció a lo largo de su vida. Y después como: Gino, el Justo.