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En la Plaza de la Academia de la Ciencia se hace una fila no tan larga, pero bastante abundante a pesar del sol que calcina. Por estas fechas Turín es tan cambiante como el clima mismo, a las mañanas un frío que reconforta, unas horas después un calor que no sofoca, pero sí incomoda.
La razón por la que 12 personas están una detrás de otra, a metro y medio de distancia, no es la que habitualmente convoca a las gentes a un portón enorme en medio de dos columnas. En esta ocasión, no hay intención de ver las adquisiciones que se han ido recolectando en ese lugar desde 1909. Tampoco saber la historia del segundo museo egipcio más famoso del mundo, luego del que está en El Cairo.
En estos días, los 3.330 objetos expuestos no son tan importantes como el que está solitario en una pared, enmarcado y listo para ser fotografiado.
Se trata de la Maglia Rosa, la primera, la de 1931, la prenda que a lo largo de 90 años ha portado el líder del Giro de Italia. En la pequeña sala que ha facilitado el Museo de Antigüedades Egipcias, hay una breve explicación del porqué de este color. Y, por supuesto, va ligada a la La Gazzetta dello Sport, patrocinador de la carrera, en una época en la que los diarios deportivos italianos se imprimían en otras tonalidades para diferenciarlos de los demás.
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Y aunque La Gazzetta comenzó en verde, con el tiempo cambió a rosa como lo anunció en su portada en 1899. Más allá de lo poético (dicen que se hizo para relacionarlo con el amanecer de los campeones), las razones son más sencillas: el papel de ese color era económico, además de que las imperfecciones pasaban desapercibidas.
El jefe de la redacción del diario, Armando Cougnet, creyó que el rosa debía estar presente en el Giro y tan pronto se empezó a imprimir en esa coloración, dio la orden para que el líder de la prueba llevara una camiseta que lo distinguiera de los demás.
El 1 de mayo de 1931, y siguiendo lo que ya se había hecho en el Tour (camiseta amarilla como las páginas de L’Equipe) la noticia le dio la vuelta a la Italia fascista, al país que procuraba mostrar fortaleza en todo lo que lo representara. Y el ciclismo no era ni podía ser la excepción.
De hecho, como se narra en la exposición, los líderes de los partidos fascistas no estuvieron de acuerdo, pues veían que el rosa no iba acorde a la templanza y el carácter de un pueblo que años más adelante sería protagonista de la Segunda Guerra Mundial.
Cougnet mantuvo su decisión, sopesó las críticas y el 10 de mayo de ese año le impuso la Maglia Rosa a Learco Guerra, el mantovano figura de la época, la locomotora humana y quien en esa oportunidad derrotó en el embalaje de la etapa 19 a Alfredo Binda, una jornada que inició en Milán y terminó en Mantua, la ciudad de los lagos artificiales.
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Desde entonces, la leyenda de la Maglia Rosa ha crecido con figuras como Gino Bartali, Fausto Coppi, Fiorenzo Magni, Felice Gimondi, Eddie Merckx y Bernald Hinault.
En esta oportunidad, un verso de la divina comedia irá en el cuello de la camiseta que portará el líder de la edición 104: “Dispuesto a subir a las estrellas”, el último del poema del purgatorio, una frase de Dante Alighieri que resume el valor simbólico de portar la camiseta que todos quieren, y que a lo largo de la historia solo 254 ciclistas han llevado.