A la conquista de un sueño

Nunca un colombiano ha estado tan cerca de ganar un Tour de Francia.

Nairo Quintana junto a los ciclistas del Movistar. EFE

¿Por qué el sueño de quien ha competido alguna vez sobre una bicicleta es ganar el Tour de Francia? ¿Cuál es la dimensión de esta carrera para que sea tan diferente de cualquier otra hasta el punto de que sus grandes gestas entran sin más ni más en la leyenda? ¿Qué hace que esa camiseta amarilla en el podio de los Campos Elíseos sirva para meter en la gran historia del ciclismo a quien la conquiste? ¿Puede un colombiano hacer realidad el anhelo de todo un país, que se enamoró perdidamente de esta prueba desde 1.983?

Lo primero que hay que decir es que el Tour no se puede comparar con ninguna otra competencia, por su dureza, por la batalla sin tregua alguna que se libra en él cada año, por su descomunal historial en el que no falta ninguno de los grandes nombres, por el valor sentimental que tiene para un país que lo vive intensamente, por el monumental montaje que lo acompaña en el que se mete de lleno el gobierno francés, por las multitudes que llegadas de todos los rincones de Francia y de los demás países de Europa lo viven con pasión en todo su recorrido, por las hazañas que se han escrito con sangre, sudor y lágrimas en sus legendarias cumbres, por la historia que han pintado con letras indelebles sus mejores escritores, por las batallas que han ganado y que han perdido héroes de todos los lares que se siguen con devoción y respeto. Todo ello enmarcado en un paisaje cambiante colmado de castillos y de pueblitos colmados de historias que parecen calcados de los cuadros de los pintores impresionistas, con campos cultivados hasta el último centímetro con mieses o girasoles que se mecen bajo un sol calcinante, con bosques refrescantes y ríos cristalinos, con toda la hermosura de sus montañas y de sus valles que se venden hoy más que nunca en la televisión para tratar de pasar la página triste de los demenciales ataques terroristas.

Para los europeos y en especial para los franceses, que viven la época de vacaciones, el Tour es “la gran fiesta del verano” que atrae a una multitud que mal contada supera los 12 millones de espectadores que se apiñan durante interminables horas en todo su recorrido, que se van hasta con días de anticipación a apoderarse del mejor lugar de los ascensos, que en miles de caravanas (coches cama) lo siguen día a día con un fanatismo que envidiaría cualquier político. Aunque los más dos centenares de corredores visten camisetas de firmas comerciales a la vera del camino no se ven sus símbolos o colores sino banderas de Francia, de Colombia, de España, de Suiza, de Inglaterra, de Australia y de todos los confines del planeta y más de dos mil periodistas, locutores y comentaristas se encargan de mostrarle al mundo lo grande y lo pequeño que ocurre cada día.

Esta carrera, la que en  ganó en 1.903 un deshollinador llamado Maurice Garín, que tuvo entre sus héroes victoriosos en tiempos más cercanos a figuras de la talla de Gino Bartali, Fausto Coppi, Jacques Anquetil, Charly Gaul, Federico Martín Bahamontes, Felice Gimondi, Eddy Merckx, Luis Ocaña, Bernard Hinault, Greg Lemond, Miguel Indurain y Marco Pantani, para nombrar únicamente a los más recordados, es la que anhela ganar Nairo Quintana, el líder de equipo español Movistar quien llega con la firme intención de doblegar al triple campeón, Chris Froome.

¿Puede conseguirlo? Hay razones para poder decir que sí. Vamos a enumerarlas

La primera es la voluntad de nuestro gran protagonista que en sus últimas declaraciones ha dicho sin temor alguno que “mi objetivo sigue siendo el mismo, ganar el Tour y por ello sólo espero que las fuerzas y la suerte me acompañen”.

La segunda es la seguridad de victoria con la que el Movistar enfrenta la carrera. Su director deportivo, Eusebio Unzúe, afirma que “cada vez estamos más cerca. Tenemos la suerte de que tanto Nairo como Alejandro, nuestros dos hombres de referencia, se encuentran perfectamente. Esperamos que sea más Nairo, un Nairo más con sus características, sobre todo en montaña. Ese hombre que llegados ciertos días y momentos es capaz de hacer la diferencia”. Además hay que decir que el mejor corredor de la actual temporada, Alejandro Valverde, ha reiterado que va al Tour sólo a ayudar al único líder del equipo.

Un tercer motivo para albergar una gran confianza es analizar lo ocurrido el año pasado cuando Nairo rindió mucho más en su segunda gran Vuelta, la de España, a pesar del enorme desgaste que tuvo en el Tour ya que en inferioridad de condiciones físicas tuvo que luchar a muerte para conseguir meterse al podio final en París. Allí, en la Península Ibérica, por primera vez pudo doblegar con total suficiencia al británico Chris Froome.

El recorrido, que alterna etapas llanas o de media montaña con jornadas de cortos pero duros ascensos, favorece así mismo a Quintana puesto que en los años pasados la carrera se iniciaba con ocho o nueve días de llano que resentían a los corredores pequeños, como él, porque debían usar relaciones muy pesadas. En esta ocasión están intercaladas jornadas de ascenso en las que los escaladores pueden desquitarse, causándole daño a los rodadores, que se quedan sin piernas cuando la carretera va hacia arriba. Eso ocurrió en la Vuelta a España del 87 que ganó Luis Herrera.

Los estrictos controles de las sustancias prohibidas han demostrado que en juego limpio los corredores de nuestro país pueden competir de igual a igual con cualquiera. Ello es evidente con el reconocido dominio que hoy tienen los “Escarabajos” en pruebas de todos los calibres y condiciones. Así mismo las medidas tomadas por el Tour para impedir la utilización de motores o de otros artilugios tecnológicos dan tranquilidad a los nuestros.

Y hay una razón más que nos hace pensar que el que llega en mejores condiciones es el gran líder colombiano: el último test de sus principales rivales fue en el Dauphiné y en la etapa final de montaña estuvieron por delante de Porte, de Froome y de Contador el danés Fuglsang, el irlandés Martin, el surafricano Meinties, el alemán Buchmann, el italiano Aru y el francés Bardet, corredores de segunda línea que difícilmente pueden aguantarle el paso en los premios de montaña al escalador boyacense.

Que se dé la victoria depende de muchas circunstancias porque en un Tour, la carrera más grande y más dura del mundo, puede pasar cualquier cosa. Los rivales, especialmente el tricampeón Chris Froome y el australiano Richie Porte son poderosos y cuentan con equipos formidables. Necesitamos que Nairo tenga salud y suerte por cargas, que su concentración en los 3.540 kilómetros del recorrido sea absoluta porque un solo segundo de distracción puede echar por tierra su sueño, que su equipo responda como un reloj suizo para controlar una carrera nerviosa y con múltiples ocasiones de emboscadas por su extraño recorrido… En cualquier caso nunca hemos estado tan cerca de conseguirla… Hoy, más que nunca, esperamos ver a Nairo Quintana de amarillo en París, alzando los brazos en la avenida más famosa del mundo, frente al Arco del Triunfo y a la sombra de la espectacular Torre Eiffel.