El ciclismo, su amor eterno

La pasión incontrolable de José Serpa

El pedalista de 38 años, líder del equipo Super Giros del Valle del Cauca, disputa su segunda Vuelta a Colombia consecutiva, luego de 10 años en Europa.

El año pasado Serpa terminó en el puesto 20 de la general de la Vuelta a Colombia.Cortesía equipo Super Giros

El Tour de Francia de 1994 fue inolvidable para José Serpa. Todas las mañanas, después de hacer sus deberes en la finca en la que vivía en Villanueva, Bolívar, se sentaba junto a Antonio, su papá, para escuchar la competencia. Las imágenes iban y venían por su mente. En ocasiones, cuando en la radio mencionaban el nombre de Miguel Induraín, la figura del ciclista español, se salía de su cabeza y se dibujaba en la sala. Pero cuando Nelson Rodríguez ganó la etapa 17, la emoción se apoderó de él. Fue una alegría inmensa. La imagen de Cacaíto quedó impresa en la memoria, en el alma. Ese momento fue especial, tanto que se transportó sin dejar el sillón hasta Val Thorens -el sitio de meta- y celebró la victoria como si fuera propia. (Galería de imágenes: los primeros campeones de la Vuelta a Colombia)

Desde ese momento el ciclismo se convirtió en todo para Serpa. Empezó a practicarlo siempre con Guillermo, su hermano, acompañándolo. Entre los dos decidieron arreglar la bicicleta de hierro que tenía su papá guardada. Se veía desgastada, vieja, empolvada y oxidada como resultado del inclemente paso del tiempo. Sin importar ese estado inservible decidieron darle vida de nuevo, salvarla del olvido. En esa bicicleta empezaron a entrenar, a conocer cada detalle del arte de practicar ese deporte. Don Antonio Serpa se convirtió en el entrenador de los dos. Su experiencia como ciclista aficionado ayudó. Su carácter y disciplina, los forjó. (Vuelta a Colombia: así fue la etapa inaugural de la primera edición)

“Mi papá nos tenía un reloj en la bicicleta y a veces nos ponía a hacer 120 kilómetros”, recuerda Serpa, con una tímida sonrisa. “El sensor le daba los datos. Cuando estaba cansado hacía 80 kilómetros y los otros 40 los hacía debajo de un palo, dándole vueltas a la rueda. Había días que les dábamos dulces a los niños para que ellos se encargaran de darle vueltas a la rueda mientras hablábamos”, agrega. A pesar de esas tretas que se inventaba, José siempre fue disciplinado. Obedeció cada palabra que le lanzó su papá de manera sacrosanta y eso fue el principio de la rigurosidad necesaria en un deporte para pocos.

Lo demostró en la primera carrera en la que compitió: una interbarrios en Cartagena. Era un evento promovido por la Alcaldía para que los jóvenes practicaran deporte, y con el ciclismo se idearon un circuito por los barrios de la ciudad amurallada. José y Guillermo Serpa compitieron. Y ambos dominaron. “Mi hermano nos sacó una vuelta a todos y se quedó con la victoria. Yo terminé segundo”, afirma el pedalista. Por esa presentación tan notable no los iban a dejar participar en ese campeonato. “Nos dijeron que éramos de la Liga, pero cuando nos probaron con los ciclistas que estaban allí, no les aguantamos el ritmo ni por cinco kilómetros”. (Sebastián Molano, un velocista en tierra de escaladores)

Don Antonio continuó con los entrenamientos, pero José sufrió una lesión de rodilla que lo obligó a retirarse por un par de años. Fueron momentos complicados, pero nuevamente de la mano de su papá regresó y lo hizo con una medalla de bronce en la prueba contrarreloj individual en un Campeonato Nacional de Ruta que se realizó en Cartagena en 1998. A pesar de la incredulidad de algunos, el entrenador santandereano Paulino Antolínez fue el que probó a Serpa en una Vuelta al Futuro. “Él habló con mi papá y le dijo que veía mucho talento en mí y mucho futuro. Ahí fue cuando tuve mi primera oportunidad importante”.

Lamentablemente no le fue bien, pero de esa carrera le quedó un aprendizaje importante: “Carrera que comienzo, carrera que termino. Así sea de último”. Han pasado 19 años desde esa experiencia y desde entonces ha corrido bajo ese lema. José Serpa nunca se rinde, esa palabra no es parte de su vocabulario. Serpa cumple todo lo que se propone. Su sueño, desde esos años en los que se sentaba al lado de su papá a escuchar ciclismo por radio, era correr el Tour de Francia y terminarlo. El 21 de julio de 2013 lo logró, llegó a los Campos Elíseos con el pelotón que compitió en la Grande Boucle. Finalizó 21 en una clasificación general en la que Nairo Quintana fue segundo.

“Esa es la graduación para un universitario. Había competido en muchas carreras, pero me hacía falta ese grado. El día que me dijeron que hacía el Tour no dormí. Me preparé muy bien para afrontarlo y tuve un papel destacado como gregario de Damiano Cunego. La emoción que sentí no la he experimentado en ninguna carrera. Y cuando llegué a París y vi la Torre Eiffel todo se detuvo. Sentí que el sueño ya era una realidad. Se me hizo un nudo en la garganta. Fue impresionante”. Ese fue su sentimiento en cada una de las tres ediciones del Tour que corrió. Siempre vio la postal de París y sintió que era la primera vez. ("No corro por dinero sino por pasión": Óscar Sevilla)

Ya son 38 años los que tiene este pedalista nacido en Corozal, Sucre, que vivió en la costa y que se radicó en Santander. Y aún no se quiere bajar de la bicicleta. Las arrugas le marcan la piel. Un bigote espeso le cubre el labio superior y unas patillas de rockero de los años 70 adornan su cara. Aún se siente joven para seguir disfrutando del ciclismo. “Inicialmente eso se lo debo a Víctor Hugo Peña, que no me dejó retirar y me llamó para ser parte del equipo Sonora, y para este año fue el profesor Luis Fernando Otálvaro quien me dio la oportunidad de seguir vigente. Tengo mucho que agradecerles a ellos por hacerme feliz, porque montar en bicicleta es mi pasión”

@J_Delahoz

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