Lo bueno, lo malo y lo feo de la Oro y Paz  

Este domingo terminó la primera carrera UCI 2.1 en Colombia, con el triunfo del ciclista zipaquireño Egan Bernal.

Llegada de la quinta etapa en Salento, Quindio. Oro y Paz 2.1

Lo bueno

Muchos aspectos positivos dejó la primera edición de la carrera Oro y Paz 2.1, competencia que contó con la presencia de cuatro de los mejores equipos del mundo (Sky, Movistar, Education First y Quick Step Floors). Los ciclistas colombianos de estas escuadras, llamados a ser figuras, cumplieron con su papel. En las primeras tres jornadas, que tuvieron llegada en plano, fue Fernando Gaviria el protagonista y siempre cruzó primero la meta. Luego, en las jornadas con montaña, aparecieron los escarabajos: Rigoberto Urán, Nairo y Dayer Quintana, Sergio Luis y Sebastián Henao y Egan Bernal.

El que más brilló fue Egan, quien sorprendió a los más experimentados y a pesar de tener tan sólo 21 años, demostró que ya es de los más grandes. En su primer año con el Sky, en dos carreras que ha disputado, ha ganado la camiseta de los jóvenes en el Tour Down Under y ahora se quedó con el título general de la Oro y Paz, de la montaña y de los jóvenes.

Otro punto a destacar es que el público volvió a salir a las calles a ver ciclismo. Especialmente en las últimas tres jornadas, el apoyo de los aficionados fue impresionante. Desde temprano las personas llegaron a los lugares por los que pasaría la caravana y siempre se mostraron respetuosos ante los ciclistas. No hubo nada que lamentar. En los ascensos se pudieron ver personas con banderas, colores y en una actitud similar a la que tiene el público en las tres grandes carreras del ciclismo.

En el aspecto organizativo, este fue un buen inicio. Todos los equipos llegaron invitados, no tuvieron que pagar absolutamente nada y eso es ya un gran paso que le dará un segundo impulso al ciclismo colombiano. Los equipos nacionales que participaron de la competencia vieron de cerca el funcionamiento de los equipos de élite y eso les ayudará. Eso mismo ocurrirá con algunos jóvenes ciclistas, que pudieron luchar a la par de los grandes y seguramente se motivarán para llegar en el futuro a lo más alto.  

Se le mostró al mundo a Colombia, los hermosos paisajes, lugares turísticos y la calidad de la gente, un público que siempre alentó.

Lo malo

Los grandes ciclistas no estuvieron tan cerca de la gente, algo que no es común en el ciclismo, un deporte gratuito y en el que la magia justamente consiste en la cercanía que tienen los corredores con los aficionados. Ni los medios de comunicación pudieron acercarse tanto a ellos, pues en las primeras etapas no dejaban pasar a la zona de los buses.

Otro aspecto a mejorar es el de la calidad de la trasmisión por televisión. Es entendible que por los costos no se puede pretender una trasmisión similar a la de las grandes carreras europeas, sin embargo, hay un punto clave que no se tuvo en cuenta y fue el de los tiempos por gps. La gente no sabía bien las diferencias entre los ciclistas ni el kilómetro exacto por el que transitaban los protagonistas. Son cuestiones que no se deberían negociar, sobre todo porque es la misma señal que ven en el exterior.

Lo feo

La seguridad falló. Un periodista francés fue robado en la sala de prensa de Palmira. En el día de la inauguración también le robaron el computador al director del equipo Quick Step Floors, quien lo había dejado en el bus del equipo. Son detalles que no deben manchar lo bueno. Lo que es cierto es que este fue un buen punto de partida y la 2.1 Colombia será mejorando en las próximas ediciones. En 2019 será en Antioquia, en 2021 en Boyacá y Cundinamarca, y en 2022 en la costa Atlantica.