Los años "más sucios" del ciclismo

El polémico informe de la Usada y las pruebas de que Lance Armstrong se dopaba, se pueden ver en www.usantidoping.org.

Lance Armstrong, en uno de los múltiples controles a que fue sometido.
Lance Armstrong, en uno de los múltiples controles a que fue sometido.

En cualquier momento la Unión Ciclística Internacional (UCI) y la organización del Tour de Francia se pronunciarán sobre el contundente informe de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos (Usada) acerca del expedalista estadounidense Lance Armstrong, quien puso en marcha, con el equipo US Postal, “el programa de dopaje más sofisticado, profesionalizado y exitoso que el deporte haya conocido en su historia”. De eso no queda duda luego de ver el expediente de casi mil páginas que publicó la entidad en su página web (www.usantidoping.org), en el que hay entre las pruebas resultados de análisis de laboratorio, soportes de pagos, correos electrónicos y testimonios de personas involucradas, entre ellas 15 ciclistas, la mayoría excompañeros de Armstrong en el equipo norteamericano, financiado en buena medida con dineros de los contribuyentes.

Ayer, la edición digital del diario francés L’Equipe, abanderado del tema del dopaje desde 1998, aseguró que Christian Prudhomme, director del Tour, contempla la posibilidad de dejar vacantes los títulos conseguidos por el texano, entre 1999 y 2005.

“Lo que deseamos es que no haya vencedor en esas ediciones”, dijo el dirigente, tal vez para evitar nuevas polémicas, porque casi todos los eventuales beneficiados con la decisión, los segundos de cada Tour ganado por Armstrong, también estuvieron involucrados en escándalos similares: Alex Zülle (1999, en el caso Festina), Jan Ullrich (2000, 2001, 2003, en la Operación Puerto), Joseba Beloki (2002, Operación Puerto), Andreas Klöden (2004) e Ivan Basso (2005, Operación Puerto).

“No somos indiferentes a lo que la Usada ha revelado, es un cuadro abrumador el que se ha dibujado”, agregó Prudhomme, quien precisó que el informe cuestiona “un sistema y también una época, nunca tan manchada”.

La UCI también tendrá que pronunciarse, porque en el informe se plantea que “la evidencia demuestra que había un código del silencio sobre el uso de las drogas en el ciclismo. Ojalá esto sirva para que esta tragedia no vuelva a ocurrir”.

Armstrong, quien nunca dio positivo y siempre se vanaglorió de ser el deportista más controlado, no se ha vuelto a pronunciar al respecto, aunque renunció a la presidencia de la fundación Livestrong y aceptó el rompimiento unilateral de los contratos que tenía con algunas multinacionales que lo patrocinaban.

Al parecer tampoco podrá seguir participando en las pruebas de triatlón, de las que se volvió aficionado tras su retiro oficial. Dirigentes y practicantes de esa disciplina temen que por la presencia del exciclista se relacione a esa disciplina con dopaje.

Pero más allá del derrumbamiento de un mito, de la caída de un héroe que superó un cáncer testicular y se convirtió en el mejor ciclista del mundo, el escándalo deja muy golpeado el ciclismo, uno de los deportes que más han luchado contra las sustancias prohibidas, pero no las ha podido controlar.