13 Sep 2020 - 1:30 a. m.

Los apocalipsis de Egan Bernal

Así son los entrenamientos anormales del campeón más joven de la historia en ganar dos grandes vueltas del ciclismo con sus parceros del alma. Son la esencia de su ciclismo, así como de su vida misma.
Thomas Blanco

Thomas Blanco

Periodista

Los entrenamientos son un viacrucis, un suplicio con varias estaciones. Deben cruzar la barrera de los 200 kilómetros de recorrido. Muchas veces con 3.200 metros de desnivel positivo y una velocidad constante de 32 kilómetros por hora. Otras tantas con un trazado plano, pero a un ritmo demoledor. Y un total de más de siete horas montados en la bicicleta cumpliendo el mandamiento más puro y sagrado del ciclismo: aprender a sufrir.

El parche lo componen los cinco parceros que desde los 10 años montan juntos por las cuestas empinadas de Zipaquirá y que después dieron el salto al ciclomontañismo. Trece años después, todos son ciclistas profesionales de ruta: Egan Bernal (Team Ineos), Brandon Rivera (Team Ineos), Camilo Castiblanco (Soñando Colombia), Diego Vásquez, alias Japo (Soñando Colombia) y Díyer Rincón (Wilier Costa Rica). El grupo de Whatsapp se llama “Los de Fabio”, haciendo alusión a Fabio Rodríguez, el hombre que los entrenó y formó en la escuela de ciclomontañismo de Zipaquirá. “Somos los de ley”, complementan.

Y a ese grupo de amigos se unieron dos personajes más: Óscar Sevilla, uno de los mejores ciclistas que ha corrido en nuestro país, e Iván Casas, quien fue campeón panamericano de ruta en contrarreloj en 2010.

¿Las rutas? “Antes era un entreno nada más: de Zipaquirá hasta Villeta y volver con 250 kilómetros con mucha subida y cambios de clima. En Villeta el calor es muy duro, pero luego en el alto hace mucho frío. Y en esos entrenamientos siempre pasaba algo: alguien se pinchaba, se caía, se iba en bus, en fin. Luego empezamos a hacer otro a Tunja y también siempre pasaba algo. Entonces cada vez que hacemos un entrenamiento de más de siete horas lo llamamos Apocalipsis, porque vamos a un ritmo alto, siempre le pasa algo o le da la pálida a alguien. Salimos pensando ‘okey, hoy desde la salida hasta la llegada vamos a ir con toda, a sufrir, como si fuera una carrera, porque vamos a tirar 280 kilómetros a tope’”, apuntó Egan Bernal.

“A veces hacemos cosas anormales, pero lo disfrutamos un montón. Ese es el plus que tiene Bernal para entrenarse y lo hacemos así para cuando todos vayamos a las carreras sea más breve. Sabemos de dónde arrancamos, pero no a dónde vamos a llegar”, añade Japo, a quien una vez tuvo que ir Xiomy, exnovia de Egan, a recogerlo en el Alto del Vino, porque “quedé hecho nada”.

Y Sevilla los resume mejor que nadie: “Son más duros que cualquier etapa de carrera. La verdad es que hay un dicho que dice que los entrenamientos deben ser más duros que las carreras”.

Los apocalipsis favoritos de Brandon Rivera son los de Villeta, Tunja y La Línea. “Normalmente vamos seis u ocho corredores, pero uno o dos se tienen que devolver en bus porque uno a veces se muere y ya. Por eso se llama así: muchos mueren en el intento. Puede que haya veces que el desnivel no sea tanto, pero la velocidad es durísima. A veces les saco el cuerpo, la idea es llegar vacío a la casa, sin fuerzas, vuelto miércoles (risas)”, confiesa quien además es compañero suyo en el Ineos. Y Egan lo complementa entre bromas: “Brandon es de los que les ha dado la pálida varias veces”.

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Uno de los detonantes para llamar los entrenamientos de esa manera ocurrió en una salida que hicieron a Villeta, en la que en el regreso Félix Barón se quedó cortado en el Alto de Canicas y en el descenso sufrió un accidente grave. Tiempo después, ya entre risas, optaron por bautizarlo como Apocalipsis.

El “líder” del parche es Camilo Castiblanco, que siempre fue el referente y el mayor de todos. “Por lo duro que vamos, solo llegamos dos o tres”.

La pandemia fue una excusa para revivir viejos tiempos de “Los de Fabio”. Camilo, Brandon y Diego se fueron a vivir varios meses con Egan. “Echábamos FIFA, vinito y a dormir”, destaca Japo. Una vez Zipaquirá, gracias a un decreto de la Alcaldía, se convirtió en el primer municipio del país en permitir los entrenamientos al aire libre de los ciclistas profesionales a finales de abril, el parche salió a hacer de las suyas.

A pesar de las restricciones del inicio, los cinco se las arreglaron para hacer entrenamientos exigentes en el pueblo. Escalaban cinco veces a San Jorge y al alto El Águila en entrenamientos de seis horas.

El plan favorito de todos es cenar, sobre todo si viene precedido de un apocalipsis. Algunas veces Brandon coge la guitarra y Diego se pone a cantar. ¿Qué género? “Parce, le hacemos a todo juemadre. Ahí popcito en español suave”, dice Japo, quien dijo cuál fue su momento más “épico” de la cuarentena. Pasó en un apocalipsis...

Iban a tope por Chía a un ritmo destructor y Diego sintió el aroma, también la tentación de ir al McDonald’s.

-¡Hey parces, hay que parar porque voy jodido!- dijo mientras Egan se volteó y se rió.

-¡Hamburguesa o miedo?- le respondió.

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Porque nada los ha cambiado: ni el tiempo, ni la profesión, ni una camiseta amarilla. “Ninguno ha dejado de ser el que fue desde chiquito: Brandon con sus locuras, Bernal y su temperamento que es como el bravo del grupo, Camilo el chistoso y yo el más calmado, me dicen el consentido. Cada quien tiene su esencia y no ha cambiado, eso lo rescato mucho. Somos un grupo de amigos que nos complementamos”, apunta Diego.

A sus 43 años, Óscar Sevilla se ha convertido en un amigo importante y consejero de Egan Bernal. Un personaje que nunca ha negociado el valor de los entrenamientos. “A Egan lo conozco hace cinco años, lo he visto crecer. Lo he visto desde que era un niño que iba con su bici de montaña a entrenar conmigo y me tocaba regañarlo para que se devolviera. Hasta hoy que ya ni lo puedo seguir, es un ejemplo. Me sigue sorprendiendo su madurez: físicamente es un ‘mostro’, pero me impresiona su mente. Cómo sabe manejar las cosas, va a pasos agigantados”.

Y justamente Egan Bernal, consciente de las cualidades de Brandon Rivera, le tendió una mano cuando más lo necesitaba mientras militaba en el UC Monaco hace poco más de tres años. Brandon había sufrido una lesión de rodilla y una pubalgia. “Estaba jodido”. Ahí Egan llamó a Víctor Hugo Peña, director del equipo GW Shimano, a pedirle una oportunidad para su amigo. Se la dieron y Brandon la aprovechó, tanto que la siguiente recomendación fue para que el Ineos lo fichara. “Ha creído en mí en los momentos más difíciles de mi vida, él es mucho más que los títulos que tiene. Tengo pocos amigos, pero he sabido escoger a los correctos", reconoce.

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Castiblanco, en sintonía con sus amigos, sabe que “Los de Fabio” están cumpliendo el sueño. “Fue una infancia muy bonita, crecimos montando bici en ciclomontañismo. Nunca nos imaginamos esto tan serio, era un hobby y era a salir a disfrutar, a molestar. Íbamos a un bosque dos horas, que el que hiciera la bajada, que el que saltara, el que pasara más rápido. Era jugar. Luego íbamos a un río. A lo que voy es que salir a entrenar era un juego. Eso sigue siendo así, ahora salimos a entrenar, obvio, como todos unos profesionales, pero siempre divirtiéndonos, siendo los mismos niños de toda la vida. Nos divertimos en esos apocalipsis, que porque uno se quedó, porque a otro le dio la pálida, al que le tocó meterse detrás de la moto, el que cogió flota... nos sentimos todavía en el río a los 12 años”.

Sufriendo, a la vez disfrutando. Paradojas de un entrenamiento anormal que tiene a Egan Bernal como el ciclista más joven de la historia en ganar dos grandes vuelta de ciclismo. Con camiseta amarilla rosa, amarilla, o sin ellas, con una de otro color, nada va a cambiar. Porque ahí estarán sus parceros de Zipaquirá: los gregarios de su vida.

Thomas Blanco- @thomblalin

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