Los italianos muestran las garras en el Giro

Fabio Aru sorprendió este martes en la etapa 4 al atacar en los últimos kilómetros y dejar descolgado a Rigoberto Urán.

Fabio Aru, líder del Astana en el Giro de Italia. Foto: AFP

El Giro de Italia es impredecible. Todo hacía pensar que la jornada de este martes sería tranquila porque nadie contaba con un ataque de los cuatro favoritos, que normalmente esperarían la primera jornada con final en alto del miércoles para librar un episodio que apenas sería de tanteo y estudio.

Pero el italiano Fabio Aru resolvió no esperar y en una etapa rompepiernas, un verdadero serrucho con decenas de ascensos y descensos y sin un metro llano, causó los primeros estragos y un revolcón en las clasificaciones. Desde el primer premio de montaña puso a su equipo a trabajar para forzar la marcha al extremo y para disminuir la amplia ventaja que habían tomado numerosos corredores, entre los que se encontraban los colombianos Esteban Chavez y Darwin Atapuma y en el último logró descolgar a Rigoberto Urán.

Para los italiano fue un día redondo por el triunfo de Davide Formolo, un muchacho de 22 años que ya ha tenido la osadía de luchar con los mejores, considerado por los emotivos aficionados de su país como el hombre del futuro, como el sucesor de los ídolos del ayer y porque el equipo Astana sacó las garras para mostrar que Aru no va a ser un invitado de piedra.

Fue un día agridulce para los colombianos. Esteban Chaves, que ha mostrado que está en óptimas condiciones y que ha brillado en las dos últimas etapas al meterse en las fugas, ascendió a la segunda casilla de la clasificación. Casi que desde ahora se puede decir que peleará a muerte la camiseta blanca del mejor joven pero nadie lo cuenta en la lucha por el título. Pero fue un día durísimo para Urán, que no aguantó el paso en el último ascenso y perdió segundos preciosos con sus rivales. Cada vez el antioqueño se parece más a Fabio Parra, no solamente porque -como el boyacense- se ha especializado en ser segundo sino porque como él sufre demasiado en los primeros kilómetros de los ascensos. En esa etapa que se corrió a un ritmo endiablado no tuvo tiempo para recuperarse y aunque nadie puede decir que está derrotado, la búsqueda de la camiseta rosada le va a quedar más difícil.

Y si el Astana movió la etapa seguramente va a hacer lo mismo en la escalada final de este miércoles, que asciende desde los 109 metros hasta los 1.386, en 42 kilómetros. A primera vista no parece complicada ya que apenas está catalogada como de segunda categoría pero allí se han escrito páginas inolvidables. Fue en Abetone donde otro muchacho italiano de 22 años, llamado Fausto Coppi, destrozó a su propio jefe de escuadra, Gino Bartali en 1.940.