“Lo mejor de Nairo es su inteligencia”: Lucho Herrera

El “Jardinerito”, pionero del ciclismo colombiano, recuerda su época y analiza la figura y el estilo de su compatriota.

Lucho Herrera, en uno de los hoteles que tiene por Cundinamarca. / Luis Ángel

En La Calera, un empinado y largo cerro junto a la inmensa ciudad de Bogotá, los esforzados ciclistas aprietan los dientes mientras los carros silban a su lado. Unos suben por necesidad, otros por afición. Los más jóvenes imaginan que son Nairo Quintana, el gran ídolo nacional junto a James Rodríguez, acelerando en el Tourmalet. Los veteranos recuerdan a Lucho Herrera ganando la Vuelta de 1987, vistiéndose de rey de la montaña en las tres grandes (Tour 1985 y 87, Vuelta 1987 y 91, y Giro 1989). El niño al que sus padres le compraron una bicicleta para ir a trabajar de jardinero mientras estudiaba, y así ayudar con un jornal en casa, fue un pionero del ciclismo colombiano a base de subir cerros como este.

¿Cómo es su vida ahora?

Después de dejar la bicicleta me he dedicado a seguir trabajando. Monto en bicicleta con frecuencia, pero poca distancia. Tengo un hotel, una finca y otras cositas por ahí. A los niños (dos chicos y una chica, que estudia en Londres) no les gusta ir en bici. No les ha gustado ese ambiente. Uno está en una escuela de tenis.

¿A los jóvenes les cuesta hoy más soportar la dureza del ciclismo?

Sí. El ciclismo es un deporte que requiere demasiado sacrificio. Se necesitan condiciones, ambición y pasión por la bicicleta. Es difícil encontrar eso hoy en los jóvenes. Hoy prefieren dedicarse al fútbol.

¿Qué recuerda de su carrera con más cariño?

Las carreras en España, en Francia, en Italia. Tuve la suerte de vivir una época bonita en el ciclismo y de poder ganar. El ciclismo ha sido para mí todo lo que soy, una oportunidad de salir adelante en todos los aspectos: económico, deportivo y personal.

¿Quiénes eran sus ídolos?

Rafael Niño y Patrocinio Jiménez. Yo escuchaba sus carreras por radio, porque no había televisión entonces. De niño, ante la radio, me imaginaba cómo eran esas montañas. Ya de profesional fue asombroso correr al lado de Bernard Hinault.

¿Y Perico Delgado?

Sí, claro, nos conocimos como juveniles, corriendo en Francia. Éramos dos amateurs con ganas de todo.

¿El colombiano nace escalador?

Sí, somos un país de escaladores. La topografía en Colombia es montañosa. Luego, cuando el colombiano va a Europa, las escaladas son más fáciles. Boyacá, por ejemplo, es un departamento que tiene buenas montañas, una altitud muy alta, que en preparación es excelente. Yo de niño iba siempre de arriba abajo. En Fusa vivía en mitad de la montaña. Si iba hacia abajo, luego debía subir. Si no, era arrancar subiendo. Todos los días en mi vida eran montaña, cuando iba al colegio, cuando iba a trabajar de jardinero.

¿Cómo está el ciclismo colombiano hoy?

Hay afición, pero con dificultades porque el apoyo económico no es mucho. Es más de las empresas privadas que del Gobierno. Salen buenos corredores, jóvenes con aspiraciones, con ambición. Tenemos una gran oportunidad de volver a ganar la Vuelta a España y un Tour. Muchos se han ido jóvenes a Europa, se han adaptado al sistema europeo y eso los ha beneficiado. Para salir de Colombia y llegar a figurar hay que sufrir bastante y tener suerte. En Colombia hay corredores que se pierden por falta de apoyo.

¿Cuál es el potencial de Nairo?

Tiene el potencial para todo. Lo mejor de él es su inteligencia. En los finales de etapa responde bien y la experiencia le ha hecho mejorar. Es menudito. Nos hemos visto, pero no le he dado consejos.

Nairo también tuvo una infancia humilde. ¿La fortaleza del colombiano está en sus inicios?

Sí. El ciclista colombiano siempre se ha caracterizado por venir de familias humildes, del campo. Nuestra fuerza está en nuestras raíces. Pero a la vez eso te da ambición. Son ciclistas que no se han preparado en la escuela. Yo también aprendí a sufrir desde pequeño. Es mucho el sufrimiento de la bicicleta. Es cuestión de saberlo tolerar. Es saber convivir en la bicicleta con el sufrimiento.

¿Cómo veían a los colombianos en Europa?

Fuimos una sorpresa. Habían llegado pocos antes. Para nosotros también era diferente: el sistema de las carreras, el clima, la alimentación. No estábamos acostumbrados. De nosotros se valoraba el sudor.

¿En qué ha cambiado más el ciclismo?

Siempre he sentido como mío un ciclismo de esfuerzo, de arranque. Hoy no existe la figura de un escalador así. Las etapas de montaña se definen en los últimos metros, las diferencias son mínimas. Es otra forma de correr. Antes había ataques largos, hoy van casi todos juntos hasta que faltan pocos kilómetros. Ya no hay corredores que rompan el grupo. Están dirigidos por los equipos.

¿Un escalador puro puede ganar el Tour?

El escalador hoy ha aprendido a ser bueno en otros terrenos. Como Nairo, que representa la evolución del escalador. Y como Rigoberto Urán, que va bien en contrarreloj.

¿Y el dopaje?

Pienso que se han demorado en hacer más controles. Es bueno porque da paso a un ciclismo limpio como el de hoy. En mi época los corredores no sabíamos nada. Íbamos a los controles. A veces uno o dos daban positivo. Yo nunca supe nada. De ni ningún director ni de ningún compañero.

¿Lo siguen llamando el “Jardinerito”?

Sí. Ya pasó la época de las carreras, pero por Colombia sí me lo dicen. Aunque ya no cuido plantas.