Nairo Quintana descubre los Pirineos

El escalador colombiano, uno de los favoritos del Tour, recorre las etapas clave de la próxima ‘grande boucle’

Nairo Quintana, el miércoles al mediodía, se acerca a la cima del Plateau de Beille. Foto: Facebook/ Nairo Quintana

El Tour se gana en abril y mayo, y se pierde en julio. Uno de los favoritos, Alberto Contador, aprovecha los primeros días de la primavera para concentrarse en altura para afinar su forma pensando en el Giro, que correrá en mayo como trampolín hacia el Tour; uno de sus rivales, Nairo Quintana, que pasará mayo y medio junio en sus alturas colombianas, aprovecha para conocer lo que le espera. (Lea también: Nairo Quintana correrá la Felca Varona y la Lieja-Bastoña-Lieja)

De los Pirineos, Quintana solo conocía el Tourmalet que ascendió hace tres años, cuando era casi un niño, cuando ganó la Ruta del Sur en 2012, y las subidas de Pailhères y Ax: en la primera atacó en el único Tour que ha corrido, el de 2013; en la segunda fue capturado por las tropas del Sky lideradas por Chris Froome. El resto le era ajeno, por eso, los primeros días de esta semana, después de tomarse unas horas de descanso tras el final de la Vuelta al País Vasco, con su director José Luis Arrieta y su compañero Imanol Erviti, el colombiano cargó con la bicicleta y se fue a descubrir los puertos en los que comenzará a decidirse dentro de tres meses el Tour que quiere ganar. Los ascendió y descendió por buen asfalto y llegando a las cimas un paisaje de nieve, la blancura que ha acompañado a sus mejores días sobre una bicicleta, su victoria en el Giro y en la Tirreno-Adriático.

Un día descendió el Tourmalet por la cara que solo conocía subiendo y conoció el final de la 11ª etapa, en la larga cuesta que termina en el pueblo de Cauterets; otro día, ascendiendo desde Francia llegó hasta Arette-Pierre Saint Martin, y descendió por Belagua hasta Isaba, en Navarra, donde, de paso, ya eligió hotel para el día del Tour. El recorrido más duro de los tres que conoció fue el encadenamiento de Lers y Plateau de Beille, el cogollo de la 12ª etapa. “Son puertos que le gustan, largos y duros”, dice Arrieta. “Lers y Plateau de Beille le recordaron mucho al paisaje de su primer Tour. Se sintió a gusto. Y también le ha gustado terminar con la fase de reconocimientos de marzo y abril, meses en los que apenas ha tenido tiempo para entrenarse. Por eso, quizás, no ha estado en la Vuelta al País Vasco [terminó cuarto detrás de Purito Rodríguez, su compatriota Sergio Henao y su compañero Ion Izagirre] como le habría gustado. Además, le afectaron las alergias”.

Después de la Tirreno-Adriático, Quintana subió al norte de Francia y a un par de carreras en Bélgica para descubrir el pavés, donde se sintió fuerte y valiente. Más tarde tuvo un compromiso publicitario en París y a continuación fue a descubrir las etapas del País Vasco. Un sin parar al que Quintana, de 25 años, no pondrá fin hasta el 4 de mayo. Hasta entonces correrá, el próximo miércoles, el día 22, la Flecha Valona, cuyo final con la cota de Cherave y el muro de Huy es el mismo que el que afrontará en la tercera etapa del Tour; el domingo 26 correrá la Lieja-Bastogne-Lieja, la gran clásica de las Ardenas.

“Pero lo hará”, advierte Arrieta, “porque lo ha pedido él voluntariamente, y no tanto pensando en sus posibilidades sino porque sabe lo que significa este monumento para Alejando Valverde y quiere ayudarle a lograr su tercera victoria”. Esta decisión trae consigo un nuevo apresuramiento. Nada más terminar la Lieja, el mismo domingo, Quintana volará de Bruselas a Ginebra, en cuyas cercanías comenzará el martes el Tour de Romandía (hasta el domingo 3 de mayo), su última competición prevista antes de regresar a Cómbita, en Boyacá (Colombia) para entrenarse fuerte para el Tour. Tiene previsto regresar a Europa con el tiempo justo para correr la Ruta del Sur, en los Pirineos siempre, del 18 al 21 de junio. Dos semanas más tarde, el 4 de julio en Utrecht (Holanda), el Tour comienza.

 

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