Nairo Quintana, el ciclista que hizo vibrar a un país

El pedalista del Movistar fue elegido como Deportista del Año de El Espectador tras coronarse campeón del Tour de San Luis, de la Vuelta a Burgos y del Giro de Italia.

Nairo Quintana, campeón del Giro de Italia 2014. Foto: EFE

“¡Que Nairo nos sirva de inspiración para pensar en grande y hacer en grande!”. Así celebró el presidente colombiano Juan Manuel Santos en el Congreso las hazañas de Nairo Quintana en el pasado Tour de Francia. Menos de un año después el boyacense se agrandó en el Giro para lograr el título, el primero en una grande desde la Vuelta de "Lucho" Herrera en 1987. Las cumbres francesas vieron de qué son capaces los colombianos; las del Giro, también, escenarios de una fiesta que ha tenido un anfitrión único, Nairo Quintana, un escalador de acero nacido y criado en Boyacá, un territorio donde se cultiva el talento ciclista.

Hijo de Luis Guillermo y Eloísa. Hermano de Nelly Esperanza, Willington Alfredo, Lady Jazmín y Dáyer Uverney. Yeimi Paola es su novia y Mariana su querida hija. La familia. Su principal soporte y en el que se refugia. Orgulloso de ella y de sus raíces campesinas. El Negro, le llaman. Nairo, un campeón precoz. Segundo en su primer Tour de Francia y ganador en su primer Giro de Italia. De rosa, aunque su vida ha tenido otro color y bien lo sabe su familia. Una precocidad que augura un futuro prometedor, el de un ciclista que nació para ser uno de los más grandes. “Va a ser el ciclista del que más se va a hablar en los próximos años”, aseguró alguna vez su director, Eusebio Unzúe. “Lo que más extraña de él es su madurez”, agregó el director del Movistar, que le considera “un ciclista con el motor de un grande y con la cabeza de un líder”.

Nacido en Combita el 4 de febrero de 1990, Nairo no adoptó la bicicleta por devoción. Era su medio de transporte diario para acudir a la escuela y allí comenzó a destacar, en las pendientes que llevaban desde su domicilio al colegio de la vecina Arcabuco, con el 8% de desnivel medio. Allí, donde otros acudían a entrenar en altitud, el joven estaba en su ambiente natural y pronto llamó la atención de los “ojeadres” profesionales, que no tardaron en abrirle las puertas del ciclismo profesional. “Me crie a 2.800 metros, eso me da ventaja en este deporte, es el mejor lugar del mundo para entrenar”, asegura el pedalista del equipo de Movistar.

“Todo es difícil”, dice a El Espectador al referirse al mundo que le tocó enfrentar para asumir el rol de estrella. Frío, calculador y medido hasta con las palabras, admite que prefiere el silencio y la tranquilidad. Se estresa con el nuevo ritmo de vida que le impone rodearse de gente que le ayude a manejar contratos, patrocinadores, agenda con los medios y otros menesteres para los cuales él no fue hecho. Ahora cambia de ruta para llegar a su casa en Tunja y esquiva admiradores por carreteras menos transitadas. “La gente no entiende que si no entreno, no puedo ganar las competencias y después nadie va a querer tomarse una foto conmigo”. Es un deportista al que le pagan por entrenar y ganar. “Los periodistas no comprenden que no los puedo atender a todos”, dice cansado de tener que dar explicaciones que para él son obvias.

Vicente Belda lo descubrió de juvenil y se quedó asombrado. “Sabíamos que iba a ser muy bueno, porque los datos que daba en la prueba de esfuerzo eran impresionantes. Eran tan buenos que, pensando que se había producido un error, tuvimos que repetírsela”, contó sobre Quintana, y convenció a Unzué para que lo fichara. A partir de ahí, la historia deportiva del colombiano se disparó. Compitió por primera vez en Europa con el Boyacá es para Vivirla y allí dejó su sello. Y al año siguiente comenzó su idilio con Francia al ganar el Tour del Porvenir por delante de Talansky, Pantano, Slagter, Landa y Bardet. Pero nadie imaginaba que iba a alcanzar la cima tan rápidamente, segundo en el Tour y primero en el Giro con solo 24 años.

Su crecimiento se disparó desde que Unzué lo reclutó para el Movistar Team en 2012, sobre todo, con una etapa del Dauphiné que le destapó a nivel internacional al batir al Sky de Wiggins y Froome y a Evans. El año pasado llegó al Tour después de dos meses sin competir, ya había ganado la Vuelta al País Vasco, pero lo que hizo en Francia fue fantástico, segundo, vencedor en Annecy, ganador de la montaña y mejor joven. Sin límite. Colombia vibró y lo elevó al cielo, y en el Giro demostró que se trata del corredor del presente y del futuro en las grandes vueltas.

Timidez, una tez muy oscura, una amplia sonrisa y una diminuta figura encierran una fuerte personalidad, con coraje para alzar la voz no importa delante de quién. Nairo de nuevo hizo vibrar a Colombia con el ciclismo y le dio al país su primer título en una grande después de 27 años y él sólo sabe qué otras grandes hazañas le regalará al país.

 

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