Nairo Quintana, enfermo y al podio

El pedalista colombiano terminó quinto en la decimonovena etapa del Tour y es tercero en la clasificación general.

Nairo Quintana en su llegada a Saint Gervais. Foto: EFE

El contraste era enorme entre lo que decían las cifras y lo que contaba Nairo Quintana. Mientras la clasificación mostraba que tras ser quinto en la antepenúltima etapa del Tour de Francia volvía a subirse al podio provisional, el ciclista del Movistar aseguraba que por su mente había pasado la posibilidad de bajarse de la bici.

Quintana sufre de un mal que no sabe explicar y que nadie cuenta en el equipo español. Una enfermedad que le impide brillar a su nivel habitual, que no le deja ser el ciclista ofensivo que asesta zarpazos a sus rivales. Pero un mal que no le impide estar entre los mejores.

Lejos del británico Chris Froome, lanzado a por su tercer Tour de Francia, el segundo consecutivo, el colombiano sigue en la lucha por uno de los dos escalones que le flanquearán en el podium de París. Es cierto que venía a ganar el Tour y hacer así realidad el "sueño amarillo" pero no lo es menos que ahora el horizonte es más modesto y que tanto él como Movistar han confesado que se conforman con subir al podium.

"Es como si fuera un milagro de Dios poder estar de hecho hoy aquí, estaba muy mal", aseguró el colombiano tras atravesar la meta de Saint-Gervais-les-Bains. El corredor parecía derrotado, hundido, resignado, incluso reconocía que por su mente se le había pasado la posibilidad de bajarse de la bicicleta. "Mis compañeros han hecho un trabajo formidable y ellos me han mantenido sobre la bicicleta", aseguró.

Sus palabras contrastaban con lo que se vio en la etapa, la primera de alta montaña en la que no perdió comba con los mejores y en la que logró sacar diez segundos a Froome, víctima de una caída y que cruzó la meta con la bicicleta de su compañero Geraint Thomas. "El cuerpo no va, las piernas no funcionan", dijo Quintana como para justificar que no atacó al líder herido.

El colombiano no dio pistas sobre el origen de su mal. La víspera había dejado entrever que podía tratarse de algún tipo de alergia, pero la lluvia que cayó hoy en la región de Saboya, donde se disputó la etapa, habría limpiado el ambiente. Y Quintana no notó mejores sensaciones. "No siento ni cansancio. No va el cuerpo, las piernas no funcionan (...) Lo que pasa en mi cuerpo es difícil de explicar. Desde la salida he sufrido muchísimo", indicó el colombiano.

¿Cómo puede un ciclista enfermo acabar quinto una etapa tan dura? "He tirado de clase, la clase no se pierde", respondió el de Boyacá. Quintana vivió una jornada de paradojas que, sin embargo, le deja en buena posición para volver a subirse al cajón de París, en el que nunca ha faltado en ninguna de sus dos anteriores participaciones.

El colombiano fue quinto en la meta a 26 segundos de Bardet y ahora es tercero de la general a 4.27 de Froome. Dieciséis segundos le separan de la segunda posición y 9 de la cuarta, ocupada por el británico Adam Yates, una situación peligrosa a falta de la durísima última etapa alpina de mañana, con dos puertos de primera y el de categoría especial de la Joux Plane, cuya cima está a diez kilómetros para la meta.

En condiciones normales, una etapa perfecta para las características del colombiano, considerado el mejor escalador del pelotón. Pero en este Tour de Francia Quintana es una caja de sorpresas y hay tantas dudas sobre sus opciones de mantenerse en el podium como en las que tiene de perderlo.

Cierto que Yates, su principal amenaza, tampoco dio la impresión de tener fuerzas sobradas en la etapa de hoy y que el británico de 23 años, que corre el Tour por segunda vez en su vida, comienza a notar los rigores de una tercera semana extrema en las carreteras francesas.