
Nairo Quitana, después de cuatro años, volvió a festejar una victoria de etapa en Europa.
Foto: EFE - Paco Paredes
¡Qué lanzada feroz! El ataque llegó sin aviso, nada raro. Un movimiento seco, brutal en su simplicidad. Nairo Quintana estaba solo, desgarrando la montaña con esa cadencia suya e inconfundible. El pedaleo medido que parece pequeño para el daño que hace. Sus rivales abrieron la boca, buscaron el ritmo y no lo encontraron. Y él, sereno en el zarpazo, solo miró hacia adelante con esos ojos que nunca traicionan el esfuerzo, como si subir montañas a esa velocidad fuera lo más natural del mundo. Como si fuera 2013. Como si fuera 2016. Como si el...
